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¡La manera en la que Dios ama!

por Mark Hankins

            Jackie Robinson, el primer jugador afroamericano en la liga de béisbol profesional, se unió a los Dodgers en 1947. Viajó con ellos durante su primer recorrido por tierra y fue abucheado por los aficionados en Cincinnati, Ohio. Durante el entrenamiento previo al partido, “Pee Wee” Reese, capitán del equipo, se acercó a Robinson y habló con él. A continuación, lo abrazó en señal de apoyo, callando a la multitud. Aquel acontecimiento fue el punto de inflexión de la célebre carrera de Robinson.

            Del mismo modo, el apóstol Pablo experimentó el ridículo y el rechazo público cuando todos lo abandonaron. Fue entonces cuando dijo en 2 Timoteo 4:17: «Pero el Señor sí estuvo a mi lado, y me dio fuerzas» (Nueva Versión Reina Valera). Así es como Dios ama.

            El máximo milagro y testimonio para el mundo en los últimos días será que los cristianos se tengan este tipo de amor mutuo. Jesús dijo en Juan 13:34-35: «Un mandamiento nuevo les doy: Que se amen unos a otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes unos a otros. En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros». El amor de Dios te da el poder y la autoridad para demostrar Su misericordia a los demás, tal como lo hizo Jesús en la cruz cuando oró a Su Padre para que perdonara. Es el amor de Dios en acción.

Ama como Él ama

            En Santiago 2:8, leemos: «Bien harán ustedes en cumplir la ley suprema de la Escritura: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El versículo 13 dice: «pues a los que no tienen compasión de otros, tampoco se les tendrá compasión cuando sean juzgados, porque la compasión prevalece sobre el juicio».

            El amor viene de Dios, y todos en Su familia podemos amar como Él ama porque compartimos Su naturaleza (1 Juan 4:7-8). Nunca subestimes el alcance de la misericordia de Dios, como se demostró cuando Jesús perdonó al ladrón en la cruz. El amor restauró a la mujer sorprendida en el acto de adulterio. La religión la habría matado, pero en lugar de tirar piedras, Jesús se agachó, escribió en la arena, y sus acusadores tuvieron que marcharse. La misericordia triunfó sobre el juicio y es la norma que debemos seguir.

            Cuando era adolescente, tuve un encuentro con el amor de Dios que cambió el rumbo de mi vida. Estaba sentado en la iglesia un domingo por la mañana, después de haber salido con mis amigos el sábado por la noche. Yo no vivía exactamente una vida cristiana; de hecho, estaba alejado.

            En medio del servicio, un hombre conocido como el Hermano F.E. Ward subió a la tarima y dijo que tenía una palabra de Dios para alguien presente. Pues bien, ¡ese alguien era yo! Mi amigo que estaba a mi lado me susurró: “Ahora eres un pollo frito.”

            Mientras caminaba hacia el frente comencé a arrepentirme de mis pecados. Le recordé a Dios que, de revelarlos, mi padre me mataría y, entonces, ya no le serviría de nada. En lugar de un matamoscas gigante buscando aplastarme desde el cielo, el Hermano Ward empezó a decirme cuánto me amaba Dios y que tenía un plan para mi vida. Toda la rebelión se derritió y ese día recibí dirección para mi vida. Si Él nos ama de ese modo, podemos también amar a los demás de la misma manera.

La definición divina del amor

Mira lo que la Biblia dice en 1 Corintios 13:4-8 acerca del amor:

El amor soporta por mucho tiempo y es paciente y bondadoso; el amor nunca es envidioso ni hierve de celos; no es jactancioso ni vanidoso, no se muestra altanero. No es engreído (arrogante e inflado de orgullo); no es grosero (sin modales) y no actúa de manera impropia. El amor (el amor de Dios en nosotros) no insiste en sus propios derechos ni en su propio camino, porque no es egoísta; no es susceptible ni se inquieta ni se resiente; no tiene en cuenta el mal que se le hace [no presta atención a un mal sufrido]. o se alegra de la injusticia ni de la iniquidad, sino que se alegra cuando prevalecen el derecho y la verdad. El amor soporta todo lo que viene, está siempre dispuesto a creer lo mejor de cada persona, sus esperanzas son inamovibles bajo cualquier circunstancia, y lo soporta todo [sin debilitarse]. El amor nunca falla [nunca se desvanece o se vuelve obsoleto o se acaba]. (Biblia Amplificada, Edición Clásica).

Hay nueve componentes del amor de Dios que pueden describirse como la luz que brilla a través de un prisma y se divide en muchos colores.

  • Paciente: El amor es gracia para las personas imperfectas. El amor no tiene prisa, sino que es persistente y está preparado para el momento en que lleguen las oportunidades.
  • Amable: Lo mejor que puedes hacer por Dios es ser amable con Sus hijos. No puedes amar al Padre y no amar a Sus hijos. Los actos de bondad y amor comunican felicidad a los que nos rodean.
  • No es envidioso: El amor prefiere a los demás, no es competitivo sino generoso. En cualquier área laboral habrá otros que son mejores y será una tentación empujarlos hacia abajo con el fin de sobresalir. Pero el amor ayudará a los demás a ser mejores, prefiriéndolos a ellos primero.
  • Humilde: Jesús no buscó Su propia honra, sino que permitió que Dios lo honrara. Cuando haces una obra de caridad, la humildad es silenciosa, y no llama la atención.
  • Cortés: El amor hace aquello que es educado. Cualquier persona, sin importar su nivel de educación o cultura, será cortés cuando ande en amor. El amor dice la verdad con suavidad.
  • Desinteresado: No es avaro, sino generoso, sabiendo que hay más bendición en dar que en recibir. No es tacaño, sino dispuesto a compartir y dado a la hospitalidad.
  • No se deja provocar con facilidad: El amor no tiene mal genio. Grandes talentos e influencias pueden ser completamente destruidos en un ataque de ira. Hay pecados del cuerpo y pecados de la disposición. Por ejemplo: el pecado del hermano mayor del hijo pródigo fue mayor porque fue desagradecido de la constante provisión de su padre y se sintió celoso de la honra investida sobre su hermano.
  • Indulgente y sincero: El amor no encuentra satisfacción en los defectos de los demás y no difunde informes negativos. Anuncia agresivamente lo bueno de las personas; defiende y sostiene a los demás, les atribuye buenas intenciones y no desconfía. Nunca se da por vencido con las personas, sino que las afirma y las anima.

Cómo andar en el amor de Dios

            Cuando ves la magnitud del amor de Dios por ti, puedes perdonarte a ti mismo y también a los demás. Al hacerlo, te libras a ti mismo y a los demás de las heridas, pecados y decepciones del pasado. La falta de perdón le puede abrir la puerta a la enfermedad y al ladrón, que viene a robar, matar y destruir. Sé rápido para arrepentirte, para perdonar y para creer.

            Después deberás continuar mirando la perfecta ley de la libertad. Santiago 1:25 (Nueva Traducción Viviente) dice: «Pero si miras atentamente en la ley perfecta que te hace libre y la pones en práctica y no olvidas lo que escuchaste, entonces Dios te bendecirá por tu obediencia». Renueva tu mente y alimenta tu fe meditando en este tema. Esto implicará afirmarlo en voz alta y también usar tu imaginación para visualizarte a ti mismo, a los demás y las situaciones que enfrentas a la luz del amor de Dios.

            El tercer ejercicio para fortalecer tu andar en amor es orar en el espíritu: «Pero ustedes, amados hermanos, sigan edificándose sobre la base de su santísima fe, oren en el Espíritu Santo, manténganse en el amor de Dios, mientras esperan la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna» (Judas 20-21). Este ejercicio espiritual implica entregar el miembro más rebelde de nuestro cuerpo al Espíritu Santo, que nos hace santos. Romanos 5:5 dice: «… Dios ha derramado su amor en nuestro corazón por el Espíritu Santo que nos ha dado». Él es el Gran Yo soy que te ayudará a domar tu lengua, ¡que es como un animal salvaje que no se puede domesticar! La lengua debe ser continuamente rendida al poder del Espíritu Santo, quien nos da poder para vencer.

            La Biblia dice en 1 Corintios 14:1, El Mensaje: «Persigue una vida de amor como si tu vida dependiera de ello – porque así es». En la versión AMPC se lee: «Persigue con afán y trata de adquirir [este] amor [haz que sea tu objetivo, tu gran búsqueda]».

            En otras palabras, se nos dice que hagamos del amor de Dios nuestra búsqueda. Una búsqueda es un sueño para toda la vida, o cualquier cosa que domine tu vida y mantenga tu atención durante mínimo 20 años. Debemos decidirnos a vivir en amor, sin importar si los demás lo hagan o no. No es una pérdida de tiempo y es una necesidad inspeccionar nuestro andar en amor continuamente, ¡para que el poder que levantó a Jesús de entre los muertos pueda fluir sin obstáculos!

            La fe obra por el amor y, cuando lo hacemos nuestra búsqueda, veremos a las peores personas y situaciones transformarse, el favor, la promoción… ¡y el cielo en la tierra!

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