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El sonido de los milagros

A los 14 años, RayGene Wilson ya llevaba la música en la sangre. Su familia tenía sus raíces en la rica y oscura tierra de los Montes Apalaches, al este de Tennessee. Sureños y con alma de clan, siempre habían tocado música, muchas veces con instrumentos caseros.
El asentamiento de la familia Hensley en Cumberland Gap, Tennessee, ahora lucía como un parque estatal. Todas las cabañas y colegios seguían en pie entre hayas americanas, abedules amarillos y arces. Aunque no era una zona pública, los guardias del parque le permitieron a la familia que lo visitaran.
La familia de RayGene se había mudado de Cumberland Gap a Delphi, Indiana. Su padre era periodista. Su madre trabajaba como costurera. Él y sus cuatro hermanas se criaron en la iglesia bautista.
A la tierna edad de 13 años, RayGene empezó a cantar música country. Aún en el colegio, viajaba cantando en actos públicos. A los 14, le entregó su vida a Jesús. Fue entonces cuando su música se transformó. La mayor parte de su repertorio seguía siendo country, pero ahora había añadido el estilo gospel.
Lonzo y Oscar eran un dúo de música country y miembros del Grand Ole Opry. RayGene los había oído en vivo cuando tenía 7 años. Ahora organizaban un concurso de talentos, en el que RayGene se presentó. El ganador conseguiría un contrato de grabación con House of Cash, un estudio musical propiedad del legendario cantante de música country Johnny Cash. RayGene albergaba la esperanza de que un niño de 14 años tuviera la oportunidad de ganarlo.
El día que se anunció el ganador, RayGene casi se desmaya. Había ganado y su carrera como cantante estaba lanzada.
RayGene caminaba de una lado a otro mientras sus padres estudiaban el contrato. La sangre le palpitaba en los tímpanos. Tenía las palmas de las manos húmedas y sudorosas. Pensó que podría relajarse y celebrarlo en cuanto firmaran el contrato.
Sus padres se dirigieron hacia él con caras serias.
“¿Lo firmaron?”, les preguntó RayGene, casi sin aliento de la emoción.
“No, hijo”, le respondió su padre mientras su madre lo rodeaba con el brazo. “No es un buen contrato. No lo firmaremos.”
En un instante, el mundo de RayGene se había derrumbado. Sabía que no debía discutir. Pero, ¿en serio?
¿No grabaría con House of Cash?
La vida tal cual la conocía se había acabado.

Una nueva dirección
“Recordándolo ahora, sé que mis padres hicieron lo correcto”, explica RayGene. “Desde luego, no lo interpreté de esa manera en aquel entonces. Sin embargo, siendo un niño, no tenía más opciones que seguir haciendo lo que había estado haciendo.”
Poco después, RayGene empezó a cantar con la Bobby Helms Band. Helms se había hecho famoso tras grabar su éxito navideño de 1975, “Jingle Bell Rock”.
“Cantar con él me puso en el buen camino”, recuerda RayGene.
Para RayGene, el “buen camino” significó una conversión del country a la música gospel.
“Cuando tenía 18 años, cambió el rumbo de mi vida”, explica. “Fui lleno del Espíritu Santo y me llamó al ministerio. Empecé a viajar con The Spurrlows. Thurlow Spurr era el director musical del Club PTL. Estuvimos bastante tiempo en ese programa. Además, actuábamos en 350 conciertos al año. Nos daban una semana libre para Navidad. Canté con ellos durante varios años. Después, viajé con Karen Wheaton, que tenía un programa en TBN, durante un año”.
En 1984, invitaron a RayGene a unirse a los cantantes Rhema y la Banda, el ministerio de alabanza de los Ministerios Kenneth Hagin en Tulsa, Oklahoma.
El grupo estaba formado por graduados del Instituto Bíblico Rhema, pero, aunque RayGene no era graduado de la escuela, el grupo necesitaba un tenor y le pidieron que se uniera.
“Empecé a viajar con el hermano Kenneth E. Hagin ese año”, dice RayGene. “Tuve la suerte de pasar mucho tiempo con él en la carretera y en casa. Mientras viajábamos, el resto de los cantantes y la banda iban en un autobús. Tuve el privilegio de viajar con el Hermano Hagin. Yo estaba saliendo con Beth, quien más tarde se convirtió en mi esposa. Ella era una estudiante de Rhema en ese tiempo. Cuando no estábamos de viaje, el hermano Hagin a menudo nos invitaba a jugar y a pasar un buen rato juntos. Nunca lo di por sentado.

La música genera una atmósfera
“Aprendí muy temprano que Dios sabía mucho antes de que Hollywood hiciera películas que la música genera una atmósfera. En una película, la música ambientará lo que está a punto de suceder.”
“En el Antiguo Testamento, los profetas llamaban a un salmista para que los inspirara. La música creaba una atmósfera para que el profeta escuchara a Dios. Los que viajábamos con el Hermano Hagin éramos muy conscientes de esto y tocábamos música que lo inspirara a él, más que a la audiencia.”
En cada reunión, el Hermano Hagin sabía dónde reposaba la unción. La mayoría de las veces, reposaba sobre él. Al ser el profeta de la casa, él era la figura principal para operar en milagros, sanidades y liberaciones.
Muchas veces, sin embargo, se dirigía hacia los músicos.
“La unción está sobre ustedes esta noche”, les decía. “Sigan fluyendo en el Espíritu.”
En noches como estas, los músicos continuaban adorando durante todo el servicio. El Hermano Hagin no predicaba porque la unción no estaba sobre él. No había línea de oración ni imposición de manos.
RayGene recuerda una ocasión en particular cuando los cantantes y la Banda de Rhema viajaron a Birmingham, Alabama, para una reunión en el centro de convenciones de la ciudad. Los paramédicos trajeron a alguien a la reunión en una camilla. Cuatro personas fueron llevadas a la sección de sillas de ruedas. Un hombre había recibido un disparo y estaba paralizado.
Después de más de una hora, el hombre que estaba paralizado se levantó para caminar… y se cayó. Intentó ponerse de pie de nuevo… y se cayó. Aunque estaba muy débil e inestable, cada vez que se caía, se levantaba y volvía a intentarlo.
Al final del servicio, el hombre corría de un lado a otro del escenario con gran fuerza.
Durante la reunión se produjeron otros innumerables milagros.
Tres de las cuatro personas en silla de ruedas caminaron y luego corrieron. Incluso los paramédicos entregaron sus vidas a Jesús.

Canciones nuevas
Durante servicios como esos, los músicos recibieron canciones nuevas del cielo. Cantaban y tocaban bajo la inspiración del Espíritu Santo. A menudo, Keith Moore se sentaba al piano y cantaba canciones nuevas.
“No escribíamos música”, recuerda RayGene. “Recibíamos música. La oíamos en el espíritu y la cantábamos. Añadíamos esas canciones nuevas a nuestro repertorio.”
“Una de mis mayores contribuciones, sin embargo, fue un poco diferente. Al principio de mi carrera, empecé a desenterrar las viejas canciones de las reuniones campestres pentecostales de las reuniones de A.A. Allen cuando sus cantantes eran R.W. Shambach y Nancy Harmon. Fui la punta de lanza para recuperar esa música. Por eso me hice famoso.”
“Además de cantar con A.A. Allen, Nancy Harmon escribió ‘La iglesia redimida por la sangre (The Blood Bought Church)’. Una vez me dijo: ‘RayGene, creo que escribí esa canción para ti’. Yo la había cantado con The Spurrlows, y la presenté en la reunión de carpa del Hermano Hagin en 1985. Fue entonces cuando la música cambió, y esa vieja música pentecostal se puso en marcha.”
“Cuando la cantamos, el lugar se desató. La gente no paraba de saltar, gritar y alabar a Dios. El hermano Hagin repetía: ‘Cántala otra vez.’ La cantamos por 45 minutos esa primera noche.”
“Se convirtió en la canción favorita del Hermano Hagin. Años después, estábamos preparando un Campamento cuando nos dijeron: ‘No canten La iglesia redimida por la sangre’”. Todos están cansados de ella. Canten canciones nuevas y modernas.”
“Hicimos lo que nos dijeron, pero el Hermano Hagin nos detuvo.”
“Todo eso está muy bien”, nos dijo, “pero prefiero oír ‘La iglesia redimida por la sangre.’”
La gente gritó de alegría, recuerda RayGene.
“Le gustaba tanto esa canción que, muchos años después, la cantamos en su funeral.”
“La persona que nos dijo que dejáramos de cantarla no entendía el poder espiritual que tenía para el hermano Hagin. No hay duda de que, en diferentes culturas, diferentes tipos de música inspiran a un profeta. Dios no se encasilla, pero a veces nosotros sí.”

La Motivación detrás del Ministerio
En 1979, RayGene había visto una placa en la oficina de un pastor que había marcado su vida, en la que se leía: ¿Apacientas las ovejas porque las amas? ¿O simplemente te gusta apacentar las ovejas?
“En otras palabras, ¿qué amas más: a la gente o al ministerio?” explicaba RayGene. “¿Te enamoraste de tu don, de tu unción o de tu ministerio? ¿O te enamoraste de la gente?”
RayGene ya había decidido desde el principio que su motivación siempre sería el amor por las ovejas. Para llevarlo a cabo, sería un buen tipo. Una persona amable y cariñosa. No haría nada para herir a nadie.
Sin embargo, cuando él y Beth comenzaron su propio ministerio, de la nada, personas vengativas se propusieron destruirlos. Fue a hablar con el Hermano Hagin al respecto.
“El diablo realmente no se preocupa por ti,” le dijo el Hermano Hagin. “Él está tras la unción. El hará cualquier cosa que pueda para detenerlos porque la unción es lo que rompe el yugo.”
“Al diablo no le importa tu trabajo. No le importa tu fe. Él quiere tomar esa habilidad sobrenatural para romper el yugo y detenerlo. Tu batalla no es contra carne y hueso. Ni siquiera trates de pelearla. No trates de defenderte. Solo sigue haciendo lo que Dios te ha llamado a hacer. Deja que el Señor pelee la batalla. Mantente viviendo en amor a toda costa.”
Eso es exactamente lo que RayGene y Beth hicieron: custodiar su vida de amor con toda diligencia.

Juzgar: la definición de Dios
“El Hermano Hagin había aprendido esto temprano en su ministerio,” explica RayGene. “Una vez estaba con otros ministros, cuando uno de ellos mencionó a un hombre que había sufrido un fracaso moral.”
“Sí, eso es malo”, dijo el Hermano Hagin.
Más tarde, el Señor lo corrigió por juzgar al hombre.
“Yo no lo juzgué,” dijo el Hermano Hagin. “Sentí lástima por él. Sólo estuve de acuerdo en que lo que hizo estuvo mal.”
¿Es él tu siervo?
“No, Señor, ciertamente no es mi siervo.”
¿Por qué lo estás juzgando?
“No le estaba juzgando. Lo que hizo Tú Mismo lo llamas pecado en la Biblia. Sólo estaba de acuerdo en que estuvo mal.”
¿Es él tu siervo?
Una y otra vez, el Señor repitió la misma pregunta hasta que el Hermano Hagin entendió el mensaje: Solo reconocer el pecado era pasar juicio.
“Oh, ya entiendo”, dijo el Hermano Hagin.
Desde ese día en adelante, el Hermano Hagin nunca reconoció el pecado de nadie, dice RayGene. Se rehusó a decir algo negativo acerca de alguien. También se negó a tratar de defenderse.
“Si me acusaran de matar a mi propia abuela, nunca me defendería”, dijo una vez. “¿Por qué discutir? Puedes ganar una discusión y perder a la persona. Tener razón no es lo más importante.”
En cada cruzada que predicó, el Hermano Hagin siempre pasó el último día enseñando sobre el amor. ¿De qué serviría tener fe si no se vive en amor? La fe obra por el amor, sostenía.

El Amor: La Fuerza más poderosa de la Tierra
“Una de las cosas más poderosas que le escuché decir al Hermano Hagin fue acerca del amor,” recuerda RayGene. “Él dijo: ‘Debo mi salud durante todos estos años más a vivir en amor que a mi caminar en la fe.’”
“Eso es de un hombre que vivió en salud divina la mayor parte de su vida. También es la razón por la que siempre traté de asegurarme de que vivir en amor estuviera más intacto que cualquier otra cosa en mi vida.”
“Cuando el hermano Copeland se enteró de que había comenzado mi ministerio, me invitó a empezar a cantar en sus Convenciones de Creyentes. He tenido el honor de viajar con él durante 27 años. Es uno de los mejores ejemplos de vivir en amor que he visto.”
“Pongo a ambos hombres en la misma categoría. El hermano Hagin no tenía una gran personalidad en el mundo. El hermano Copeland está en la televisión mundial. Disfruta de notoriedad en todas partes. Nunca he experimentado el tipo de adversidad que él recibe. Pero él la maneja igual que el hermano Hagin. Vive en amor pase lo que pase.”
“Se niega a decir algo negativo sobre otra persona, y se niega a defenderse. No deja que gane la contienda.”
Durante los últimos 20 años, RayGene y Beth han pastoreado iglesias en California. En el 2005, también iniciaron un estudio bíblico los domingos por la noche en Los Ángeles. Quién mejor para asistir que Gavin McLeod, el capitán del barco de la comedia de televisión de los años setenta, El barco del amor.
Gavin y su esposa, Patty, eran cristianos y formaron parte de la iglesia de RayGene. Aún actuando en Hollywood, Gavin recibía invitaciones a muchos eventos. Desarrolló la costumbre de llevar a RayGene con él y presentarlo como su pastor. El primero al que asistió fue a una fiesta de cumpleaños que Julie Andrews dio para su marido Blake Edwards. La gente de Hollywood empezó a pedirle consejo. Durante un momento crucial en la vida de un ateo declarado, el hombre le llamó para pedirle oración.
Hace dos años, cuando Gavin McLeod se fue a casa para estar con el Señor, RayGene predicó en su funeral. Asistieron algunos de los hombres y mujeres más famosos del cine. El evangelio fue predicado de múltiples maneras. Hoy en día, muchas de esas personas siguen llamando a RayGene en busca de oración y consejo.
“El hermano Hagin solía decirme que yo no tenía forma de saber cómo se había criado una persona, por lo que había pasado o qué batallas había librado. Me decía que ninguno de nosotros podría hacerlo tan bien en su lugar. Eso es lo que me preparó para trabajar en Hollywood. El amor incondicional. Como todo el mundo, lo aprecian.”
Hoy, RayGene y Beth pastorean la iglesia West Coast Life en Murrieta, California. Su hija de 18 años, Sophia, toca el piano, canta y dirige el servicio en la iglesia. También participa en Hillsong, un colectivo de alabanza y adoración en Orange County, y en Sydney, Australia.
“La colaboración con KCM ha sido un salvavidas para Beth y para mí”, explica RayGene. “Esa colaboración nos da acceso a su mismo incremento, bendición, unción, salud y prosperidad. El hermano Copeland ha sido un maravilloso ejemplo de gran fe y de vivir en amor, el motor de la fe.”
“Estoy muy agradecido de haber tenido mentores como el hermano Hagin y el hermano Copeland. Ellos han marcado mi vida y mi ministerio. Doy gracias a Dios por el don de la música y las puertas que me abrió. Sin embargo, por la gracia de Dios, oro para que se me recuerde, no por mi voz, sino por mi amor.” V

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