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El milagro fue solo obra de Dios

En abril del 2005, Jenny Richard, pincel en mano, se disponía a pintar los bordes de la ventana del cuarto de su bebé. El cielo nocturno brillaba a través del cristal. Cerró sus ojos e imaginó a la bebé que pronto acunaría en sus brazos. Era otra niña y, con su marido, Eddie, ya se habían decidido por un nombre: Avery.
En su última consulta, el médico les había dicho: “Quedan tres semanas para el parto. Sin embargo, estás lista para tener este bebé cualquier día.”
Por ende, el afán por terminar el cuarto de la bebé.
Eddie trabajaba en el turno nocturno de 3 a 11 en el departamento de oración de los Ministerios Kenneth Copeland. Su otra hija de 22 meses, Mackenzie, estaba dormida. Al otro lado de la habitación, la madre de Jenny –siempre presente cuando fuera necesario— pintaba la pared.
La familia de Jenny siempre había sido cristiana devota. Ella tenía 10 años cuando se mudaron a Tyler, Texas, en julio de 1991. Fue allí donde alguien les habló de KCM.
El primer mensaje que escucharon en casa se titulaba “El Pacto de Sangre”, por Kenneth Copeland. Sus vidas fueron revolucionadas. Pronto hicieron el viaje de dos horas y media hasta Newark, al norte de Fort Worth, para asistir a la Iglesia Internacional Eagle Mountain, en el predio de KCM. En 1992, asistieron a su primera Convención de Creyentes del Suroeste.
Durante la convención, La Comandante Kellie y los Superkids, el ministerio de niños de KCM, había anunciado que filmarían una película y estaban llevando a cabo un casting abierto para audiciones. Jenny, la menor de cuatro hermanos, se volvió hacia sus padres.
“Quiero hacer eso”, les dijo.
La película contaría con cinco Superkids. Jenny se presentó al casting para el papel de Valerie y escribió su propio monólogo.
Muchos de los chicos que se presentaron tenían experiencia como actores, e incluso agentes, recuerda Jenny. Confiada en que había escuchado a Dios, Jenny se presentó y recitó su monólogo.
Consiguió el papel.
Durante los 11 años siguientes, actuaría como Valerie en cinco películas de Superkids: “El intruso” (1992), “Armadura de luz” (1995), “La espada” (1997), “Sentencia: El Juicio de la Comandante Kellie” (1999) y “La Misión” (2013).
El padre de Jenny, que era piloto y había trasladado a la familia a Fort Worth, también apareció como extra en dos de esas películas.
Ser una Superkid le había enseñado a Jenny la importancia de ayudar a llevar la Palabra de Dios a los corazones de otros niños. Sus padres le habían enseñado que la integridad significaba hacer lo correcto incluso cuando nadie estuviera prestando atención.
Durante el bachillerato, pudo trasladar mucho de lo que había aprendido a los niños pequeños a través de una columna a la cual tituló: “Querida Valerie”, la cual era publicada mensualmente en la edición de ¡Grita! La Voz de Victoria para niños, una versión infantil de la revista La Voz de Victoria del Creyente. La columna de preguntas y respuestas contenía cartas de jóvenes Superkids que Valerie (Jenny) leía y contestaba. Jenny oraba diligentemente por cada una antes de responderlas.
Todos esos años, mientras sembraba la Palabra en los corazones de otros niños, ella también la había estado sembrando en el suyo propio.

Cuando la muerte acecha
Mientras pintaba, Jenny había sentido las primeras punzadas de las contracciones. A medida que pasaban las horas, aumentaban en frecuencia e intensidad. Finalmente decidió que era hora de ir al hospital; llamó a Eddie y le pidió que viniera a casa.
Mientras Eddie llevaba a Jenny al hospital, oyó que Dios le decía tres palabras:
Yo me encargo.
Mientras las enfermeras conectaban a Jenny a los monitores, Eddie se fue a firmar unos papeles. El ambiente se transformó cuando las enfermeras comenzaron a hacerle preguntas:
“¿Has tenido algún problema durante el embarazo?”
“¿Ha habido alguna complicación?”
“¿Le ha pasado algo al bebé?”
“No”, respondía Jenny a cada una, insistiendo en que todo había sido normal.
“La frecuencia cardíaca del bebé sigue bajando”, le informaron. “Esto no es bueno… y sigue empeorando.”
Finalmente, una de las enfermeras le dijo: “Tenemos que hacer una cesárea de urgencia porque su bebé está en riesgo de muerte.”
Eddie entró en la habitación de su mujer y vio que todo estaba en alerta máxima.
“¿Qué está pasando?”
Antes de que nadie pudiera responderle, Dios le habló.
Yo me encargo.
“Eran alrededor de las 12:40 de la mañana”, recuerda Eddie. “Llevaron a Jenny de urgencia al quirófano y yo me quedé solo en el pasillo. Podía ver un poco a través de una ventana en las puertas dobles. Me quedé allí, orando en el espíritu. No tenía ni idea de lo que estaba pasando, salvo que decían que nuestra bebé se estaba muriendo.”
“A través de la ventanilla, vi a una enfermera que tomaba a Avery. Estaba fláccida, gris y sin vida. Parecía inanimada. También lo vi reflejado en el rostro de la enfermera. Grité: ‘¡Respira, en el nombre de Jesús!’”
“Seguí orando y declarándole que respirara. No sé cuánto tiempo duró, pero me pareció una eternidad. De repente, la enfermera se volvió hacia mí y me hizo un gesto positivo con el pulgar. Luego continuó atendiendo a Avery.”
Pasaron unos 20 minutos hasta que por fin salió un médico y le dijo que seguían ocupados con Avery, recuerda Eddie. Luego volvió a ingresar.
“La familia de Jenny llegó poco tiempo después”, nos relata Eddie. “La madre de Jenny es una guerrera de la oración que tenía orando a todo el mundo.”
Más tarde, un médico se acercó para hablar con Eddie.
“Necesito que sepas que esta es una situación muy, muy seria”, le dijo. “Ella podría morir.”
“Yo no…”
El médico lo interrumpió.
“No, yo sé lo que ustedes creen. Yo creo. Lo comprendo. Pero, como médico, tengo que advertirles que el cuadro luce bastante mal.”
“¿Qué le pasa?”, preguntó Eddie.
“Ella tiene un pulmón colapsado. Tiene neumonía. Su sangre está infectada con E. coli, y ella no está respirando por su cuenta. No puedo mantenerla en este hospital. Tengo que trasladarla a All Saints (Todos los Santos) para que la admitan en cuidados intensivos neonatales.”
“De acuerdo, hagámoslo.”

La fuerza oculta del interior
Jenny seguía atontada, luchando por mantenerse despierta a causa de la anestesia.
Alguien le hablaba.
Levantó la vista y vio a dos médicos.
“Su bebé se está muriendo y la estamos trasladando a otro hospital.”
A los pies de la cama, Jenny vio a Avery en una incubadora. Luego se fueron.
“Una amiga se quedó conmigo mientras salía de la anestesia”, recuerda Jenny, “y lo que presenció fue intenso. Me dijo que me despertaba y declaraba la Palabra de Dios sobre Avery y luego me daba la vuelta y me quedaba dormida. No tengo recuerdos de esos instantes. Es cierto que, cuando la vida te presiona, lo que has depositado en tu interior sale a la luz. Me habían enseñado a poner la Palabra de Dios en mí durante toda mi infancia y mi vida adulta. Así que, cuando llegó el momento, declaré la Palabra de Dios sobre mi bebé cuando ni siquiera era consciente de ello.”
“Mi madre vino al hospital y no se separó de mí. Pensé que me darían el alta al segundo día, pero el médico dijo que estaba demasiado anémica. Por fin pude irme a casa al tercer día y no hice más que dormir. Además de la anemia, la incisión se había infectado.”
“No pude ver a Avery hasta el cuarto día. Seguía conectada a un respirador y no podíamos alzarla en brazos. El médico nos dijo que las probabilidades de que viviera eran muy bajas. Todo lucía muy mal. Decidieron probar con transfusiones de sangre.”
“Aunque éramos jóvenes y teníamos 20 años, conocíamos el poder de la Palabra de Dios y sentíamos que había una burbuja de gracia a nuestro alrededor. Nunca dudé de que fuera a sobrevivir. Nos habíamos puesto de acuerdo y habíamos orado. Debido a lo que habíamos aprendido a través de las enseñanzas del hermano Copeland sobre el pacto de sangre, no intentábamos que Dios sanara a Avery. La sanidad ya nos pertenecía. Eso estaba sólido en mi corazón.”

Declarando la Palabra
Mientras Jenny se recuperaba, Eddie volvió a la zona de cuidados intensivos neonatales y se quedó con Avery todas las noches. Llevó su Biblia y un pequeño libro con 75 escrituras de sanidad. Sentado a su lado, declaraba continuamente las escrituras sobre ella.
Durante esas noches, Eddie recordó cómo Dios lo había preparado para tales circunstancias. Se había criado en California, y su familia había estado conectada con KCM. Habían asistido a su primera Convención de Creyentes de la Costa Oeste en 1987. Pero Eddie no sabía nada acerca de La Comandante Kellie o los Superkids, porque nunca había asistido al ministerio de niños. Tenía tanta hambre de la carne de la Palabra que siempre se sentaba con sus padres en las reuniones de adultos.
Por la noche, cuando su hermano se iba a dormir, Eddie se quedaba despierto durante horas leyendo la Biblia y escuchando las enseñanzas de Kenneth Copeland, Jerry Savelle y Kenneth Hagin.
Eddie había planeado convertirse en ingeniero. Sin embargo, cuando Jerry Savelle anunció la apertura de su escuela bíblica, Dios le dijo que se inscribiera. Con el tiempo, salió de California y se mudó a Fort Worth para asistir a la misma. También se unió a la Iglesia Internacional EMIC, donde se hizo amigo de Jeremy Pearsons, hijo de los pastores de la iglesia, George y Terri Copeland Pearsons. Allí conocería a Jenny Van Wagner, que también asistía a la Escuela Bíblica de Jerry Savelle y cantaba con el equipo de alabanza de la Iglesia Internacional EMIC.
Eddie tenía que creer que todos esos años de plantar la Palabra de Dios en su corazón lo habían preparado para esta situación con su hija. Además, independientemente de lo que dijeran los médicos, Dios les había dicho las mismas tres palabras tanto a Jenny como a él:
Yo me encargo.

Otro cambio de planes
Los médicos de Avery le administraron tres transfusiones de sangre. Incluso, después de la última, su recuento de glóbulos blancos era demasiado bajo. Su cuerpecito necesitaba que fuera más alto para combatir la infección, porque los glóbulos blancos aumentaban su inmunidad.
Cuando Eddie se sentó junto a su cama, recordó lo que dice la Palabra de Dios en Romanos 8:11: el mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en Avery. Así, le ordenó a sus glóbulos blancos que se normalizaran en el nombre de Jesús.
Después de una semana, los glóbulos blancos alcanzaron un nivel saludable. Por primera vez, Eddie y Jenny pudieron sostener a su hija por 10 minutos. Ella todavía no respiraba por sí misma. Le quitaron el respirador artificial a los 13 días. Por primera vez, ¡respiraba sin ayuda!
Eddie y Jenny estaban esperando con un asiento de bebé para el auto y todo lo necesario para llevarse por fin a su niña a casa cuando, de repente, hubo un cambio de planes.
“Tenemos que trasladarla al Hospital Infantil Cook”, explicó el médico. “Hay una válvula en su pulmón que todavía está cerrada. Ellos son especialistas en esa área.”
Todos oraron para que la válvula del pulmón de Avery se abriera. En el hospital infantil le practicaron una intervención y le dieron de alta a los dos días.
“La enviaron a casa sin ninguna advertencia”, explica Jenny. “Tenía el certificado de buena salud. Fue como traer a Mackenzie (su hija mayor) a casa. La única diferencia era que Avery tenía que volver al hospital dentro de tres meses para que le revisaran el pulmón. La examinaron y dijeron que estaba perfectamente sana.”
“Lo que ocurrió fue una auténtica obra de Dios. Pasó de estar 15 días en el hospital con muy pocas posibilidades de vida a recibir el alta médica. La atención médica fue increíble. Pero el milagro fue todo de Dios.”

Resurrección para otro sueño
La vida de la familia Richard pronto volvió a su ritmo normal. Su hogar se llenó del amor, la risa y la alegría de dos niñas sanas y en crecimiento. Jenny se quedó en casa con Mackenzie y Avery mientras Eddie seguía trabajando.
Eddie nunca había pensado dos veces en dejar la ingeniería por el evangelio. Sin embargo, había un sueño profundamente oculto en su corazón. Siempre le había gustado el cine. A los 10 años, después de ver “Regreso al futuro III”, Eddie había decidido escribir el guion de la cuarta entrega. Sentado con un bloc amarillo y un bolígrafo, escribió su versión de la historia. Era una tontería, pero le divertía tanto que apenas podía soportarlo.
Un domingo en la iglesia, escuchó al pastor George Pearsons explicar cómo el diezmo abría las ventanas del cielo. Dijo que, cuando las ventanas del cielo se abren, Dios permite que ideas y conceptos fluyan hacia ti.
Sosteniendo su cheque del diezmo, Eddie oyó al Señor que le susurraba: “Quiero que escribas un guion.”
“Fui a la tienda Barnes & Noble y compré un libro sobre cómo escribir guiones”, recuerda Eddie. “Estudié el proceso porque no era fácil. Más tarde, volví a conectarme con mi amigo Jason Smith. A los dos nos gusta el cine y empezamos a escribir guiones juntos.”
“Unos años más tarde, también me hice amigo de Rick Reyna, un productor de cine de California. Rick tenía una gran historia que quería utilizar para una película. Juntos escribimos el guion de la película The Rally”.
Irónicamente, la película de temática cristiana sobre cuatro familias y los retos a los que se enfrentaban en una pequeña ciudad asolada por la delincuencia contaba con un jefe del crimen que era interpretado por Kenneth Copeland. La película se estrenó en el 2010.
“Trabajar con Rick fue como ir a la universidad cinematográfica”, dice Eddie.
Hoy, Eddie trabaja en el departamento televisivo de KCM como productor. Jenny regresó recientemente a KCM, no como Valerie, sino como encargada de compras en el departamento de comunicaciones del ministerio.
“Amo nuestra colaboración con KCM, no sólo por la bendición que nos llega a mí y a mi familia, sino porque podemos ser parte de hacer llegar esa misma bendición a otros. Hace años trabajé en el área de distribución. He visto la cantidad de pallets de libros y suministros que KCM envía a otros ministerios. También he visto pilas de cheques que KCM entrega a ministerios alrededor del mundo. ¿Quién hace lo mismo?”
Hoy, Mackenzie tiene 20 años y Avery 18. Ellas serán las primeras en estar de acuerdo con sus padres en que la fe no es sólo una teoría. La Palabra de Dios sigue viva, creando milagros y cambiando generaciones. V

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