Cómo comprar sin dinero
¿No sería maravilloso poder vivir por encima de la locura del sistema económico del mundo? ¿No sería estupendo que, independientemente de sus altibajos, de la cantidad de dólares que tengas o no en tu cuenta bancaria, pudieras comprar lo que necesites o desees?
Por increíble que parezca, ¡puedes hacerlo! Por supuesto, no puedes hacerlo sin Dios, pero con Él es absolutamente posible.
¡Dios nos ha dado una manera de comprar sin dinero! Ken y yo podemos dar testimonio de ello, tanto de la Biblia como por experiencia personal. Comenzamos a aprender cómo comprar sin dinero de la Palabra hace más de 55 años, y lo disfrutamos. Es una manera maravillosa de vivir.
Con fe en Dios en tu corazón y en tu boca, puedes vivir una vida próspera en cualquier lugar y en cualquier momento, porque Dios no depende de las condiciones globales. Él no está limitado por los sistemas económicos mundiales, la política, las recesiones, las depresiones, la escasez en la cadena de abastecimiento o cualquier otra cosa que puedas ver con tus ojos naturales.
Dios es todopoderoso. Se mueve en lo sobrenatural. Él es el Ser Supremo, y nada es imposible para Él. Todo lo que dice, lo puede hacer… y lo hará.
Por ejemplo, piensa en lo que dijo que haría por los israelitas del Antiguo Testamento. Cuando los libró de la esclavitud en Egipto, les prometió que los llevaría a una tierra que podrían llamar como propia, una tierra rica que manaba leche y miel. No tenían que conseguir dinero para comprarla; si la deseaban, podían creer en la promesa de Dios y actuar en consecuencia, porque Dios ya había dicho que la tierra les pertenecía.
Dios nos ha dicho lo mismo como creyentes del Nuevo Testamento. Él dijo que por Su poder divino nos ha dado «todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad» a través del conocimiento de Él y de Sus promesas (2 Pedro 1:3). La diferencia entre nuestra tierra prometida y la de los israelitas es que la nuestra no se limita a un lugar geográfico específico. Dios puede hacer una tierra de abundancia para nosotros en cualquier lugar.
No importa dónde vivamos, «porque todo es de ustedes» en Cristo Jesús (1 Corintios 3:21). Somos Sus templos vivientes, y nuestro pacto con Él es un «pacto de paz» (Isaías 54:10). La palabra paz en hebreo significa “integridad, plenitud, sin faltantes ni roturas.” La misma incluye la sanidad de nuestro cuerpo, la rectitud de nuestro espíritu, la plenitud mental y prosperidad material. Tenemos acceso a esas bendiciones y más las 24 horas del día, los 7 días de la semana, dondequiera que vayamos. Dios nos dio Su Palabra para respaldarlo. Nuestra parte es simplemente creerle y recibir.
En Juan 15:7, Jesús lo expresó de esta manera: «Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan todo lo que quieran, y se les concederá». En otras palabras, si estás viviendo en unión con Jesús y Su Palabra vive en ti, Dios puede hacer de tus sueños una realidad.
“Pero Gloria, ¿por qué Dios Todopoderoso se preocuparía por mis sueños? No son nada grandioso.”
Porque para Él, si eres un creyente nacido de nuevo, no eres un ser humano común y corriente que vaga por la tierra. Eres Su hijo o hija, y eres especial para Él. Así como un buen padre terrenal ama y cuida a sus hijos, tu Padre celestial te ama y te cuida. Él quiere protegerte, aumentarte y hacer realidad los deseos de tu corazón.
Dios quiere hacerlo por todos Sus hijos.
Es más, Él es tan amoroso y Su corazón es tan grande, que ha invitado a las personas de todo el mundo a ser parte de Su familia, sin excepciones. Él dijo:
Todos ustedes, los que tienen sed: Vengan a las aguas; y ustedes, los que no tienen dinero, vengan y compren, y coman. Vengan y compren vino y leche, sin que tengan que pagar con dinero. ¿Por qué gastan su dinero en lo que no alimenta, y su sueldo en lo que no les sacia? Escúchenme bien, y coman lo que es bueno; deléitense con la mejor comida. Inclinen su oído, y vengan a mí; escuchen y vivirán. Yo haré con ustedes un pacto eterno, que es el de mi invariable misericordia por David. (Isaías 55:1-3).
¿Por qué estar sedientos?
Observa la frase: «vengan a las aguas». Eso es lo primero que Dios nos dice que hagamos porque las aguas, en la Biblia, representan la vida de Dios. Debemos acudir a Él primero y recibir Su vida, para que el resto de esos versículos se activen en nosotros. Sin Él, no podremos comprar sin dinero.
Sin Dios, sólo podremos depender de nosotros mismos. Tendremos que esforzarnos y luchar para conseguir lo que queremos; incluso, si lo consiguiéramos, seguiremos insatisfechos. Desperdiciaremos nuestra vida persiguiendo cosas que, una vez conseguidas, no nos traen paz alguna.
No quiero vivir de esa manera y estoy segura que tú tampoco. No tiene sentido. Jesús dijo que si buscamos primero el reino de Dios –Su manera de hacer las cosas y Su justicia— todo lo que hay en el reino natural también nos será añadido (Mateo 6:33). Así que, ¿por qué seguir buscando primero las cosas materiales y permanecer sediento espiritualmente cuando puedes tenerlo todo acudiendo a Dios y bebiendo Sus aguas de vida?
“Pero no sé cómo llegar a las aguas vivientes de Dios”, podrías decir.
Es muy sencillo. Recibes a Jesús como tu Señor y Salvador. Él es el único camino hacia Dios. Jesús lo dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí… El que tiene al Hijo, tiene la vida, el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.» (Juan 14:6; 1 Juan 5:12).
Esta es una verdad vital que incluso algunas personas que se llaman a sí mismas “cristianas” no han entendido: no obtenemos la vida eterna de Dios sólo por unirnos a una iglesia. No se obtiene sólo por ser religioso y tratar de comportarse. Recibes la vida eterna cuando crees en Jesús y lo haces tu Señor. Así que, si nunca lo has hecho, te animo a que lo hagas ahora mismo.
Sólo necesitas tomar una decisión. Simplemente di: “Jesús, te elijo para que seas el Señor de mi vida. Creo que Tú viniste a la tierra y pagaste el precio de mis pecados y resucitaste de entre los muertos para que yo pudiera ser sanado(a). Por fe te recibo como mi Salvador y te entrego mi vida.”
Es así de fácil. Cuando oras esas palabras con tu corazón, todos tus pecados son lavados y al instante naces de nuevo en tu interior. El Espíritu de Dios viene a vivir en ti y se convierte en «una fuente de agua que fluye para vida eterna.» (Juan 4:14) para que puedas empezar a vivir el tipo de vida de Dios.
¿Cómo se aprende a vivir de esa manera?
Una vez salvos, debemos hacer la segunda cosa que Dios nos dice que hagamos en Isaías 55:2-3: «Escúchenme bien, y coman lo que es bueno; deléitense con la mejor comida. Inclinen su oído, y vengan a mí; escuchen y vivirán».
En 6.000 años de historia bíblica, eso es todo lo que Dios le ha pedido a Su pueblo. Sólo nos ha pedido que escuchemos y hagamos lo que Él dice. Cada mandato o instrucción que nos ha dado es para nuestro bien. Así que, cuando tomamos Su Palabra en nuestros corazones y vivimos de acuerdo con ella, experimentamos la buena vida que Él ya ha planeado para nosotros. Cuando vivimos como dijo Jesús: «No sólo de pan… sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» (Mateo 4:4), no importa lo que suceda en el mundo, podemos seguir disfrutando de una vida rica, abundante y satisfactoria.
En Proverbios 4 Dios lo dice de esta manera: «Hijo mío, presta atención a mis palabras; Inclina tu oído para escuchar mis razones. No las pierdas de vista; guárdalas en lo más profundo de tu corazón. Ellas son vida para quienes las hallan; son la medicina para todo su cuerpo. Cuida tu corazón más que otra cosa, porque él es la fuente de la vida.» (versículos 20-23).
Prestarle atención a la Palabra de Dios significa “darle tu atención”. Ponla en primer lugar en tu vida y en tu agenda para que la recibas en tu corazón en abundancia. Cuando la Palabra te penetra con abundancia, cambiará tu manera de pensar. Te pone de acuerdo con Dios para que trabajes con Él en lugar de llevarle la contra. Hace que la fe se levante en ti para que puedas recibir lo que Él ya ha prometido.
Una manera de prestarle atención a la Palabra es yendo a una buena iglesia que la predique. La revelación viene con mayor facilidad cuando escuchas a un hombre o mujer de Dios que conoce la Palabra y la ministra con unción. Con su ayuda, podrás aprender cosas más rápido que intentar extraerlas por ti mismo de la Biblia.
Por supuesto, además de escuchar la Palabra en la iglesia, también necesitas leer y estudiar tu Biblia en casa. De la misma manera que ingieres comida natural para tu cuerpo físico todos los días, necesitas “ingerir” la Palabra de Dios diariamente. No es suficiente con escuchar un sermón una o dos veces por semana. Para crecer espiritualmente como Dios quiere, necesitas alimentarte continuamente de Su Palabra al prestarle atención.
Prestarle atención (o estar de acuerdo de corazón con ella para actuar en consecuencia) es tan importante como escucharla. No quieres pasar tiempo en la Palabra tan solo obteniendo conocimiento intelectual. El conocimiento intelectual no te ayudará en un tiempo de necesidad. La Palabra en tu corazón es la que satisfará tu necesidad en tiempos de prueba. No sólo te ayudará, sino que te llevará a la victoria.
Un esfuerzo constante, sincero y enérgico
Los cristianos que son demasiado perezosos para pasar tiempo en la Palabra no viven en victoria. Los cristianos perezosos viven como lo hace el mundo. Cuando la economía del mundo se derrumba, la suya sigue el mismo rumbo, porque no han hecho el esfuerzo requerido para obtener la respuesta que está dentro de ellos.
Por eso, en Isaías 55 (RVA-2015), Dios dijo: «Óiganme atentamente». Según el diccionario, atentamente se caracteriza por un esfuerzo constante, serio y enérgico. Así que, obviamente, Dios espera que nos apliquemos realmente a este asunto de atender o prestar atención a Su Palabra.
“Pero, ¿por qué tiene que ser tan difícil?”, podrías preguntarte.
No lo es. Especialmente en estos días, es más fácil que nunca. Casi todos los que están leyendo este artículo pueden sintonizar el Canal Victory Channel™ y escuchar la Palabra en cualquier momento del día o de la noche (NDT: disponible en idioma inglés). No sólo tenemos Biblias para leer; también podemos instalar aplicativos con la Biblia en nuestros teléfonos y llevar la Palabra con nosotros a todas partes.
Tenemos más formas de mantener la Palabra de Dios ante nuestros ojos, en nuestros oídos y en nuestros corazones que cualquier otra generación. Y Dios quiere que lo hagamos. Porque nos ama, quiere que aprendamos Su manera de pensar y actuar.
Porque Mis pensamientos no son sus pensamientos, ni sus caminos son Mis caminos, dice el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así Mis caminos son más altos que sus caminos y Mis pensamientos más que sus pensamientos. Porque como la lluvia y la nieve descienden de los cielos, y no vuelven allí, sino que riegan la tierra y la hacen brotar y crecer… así será Mi palabra que sale de mi boca: no volverá a Mí vacía [sin producir ningún efecto, inútil], sino que hará lo que Yo quiero y me propongo, y prosperará en aquello para lo cual la envié (Isaías 55:8-11, Biblia Amplificada, Edición Clásica).
Estoy muy agradecida de que Dios nos haya dado Su Palabra escrita. Con Su Palabra en nuestro corazón y en nuestra boca, podemos vivir como Él, incluso mientras vivimos en este mundo. Podemos caminar en Sus caminos y operar en Su reino aquí mismo en la tierra. Su Palabra nunca regresa a Él sin producir lo que dijo. Cuando la declaramos por fe, se manifiesta por nosotros. Nos conecta con el poder de Dios y nos hace prosperar para que podamos vivir en abundancia sobrenatural en cualquier momento y lugar.
Dios no tiene problema alguno en prosperar a Su pueblo. Él prometió hacerlo, Él lo disfruta y no importa en qué estado se encuentre la economía mundial: Él puede hacerlo. Primera de Samuel 2:7 dice: «El SEÑOR hace empobrecer y hace enriquecer» (RVA-2015). (Eso no significa que hace a algunos de Sus hijos pobres y a otros ricos. Es a los malvados a quienes hace pobres. Él hace a toda Su familia rica, si cooperan con Él). «Él humilla y enaltece. Él levanta del polvo al pobre, y al necesitado enaltece desde la basura, para hacerlo sentar con los nobles y hacerlo poseer un trono glorioso. Porque del SEÑOR son las columnas de la tierra, y sobre ellas asentó el mundo.» (versículos 7-8, RVA-2015).
Nunca he vivido en la basura, pero sé lo que es la pobreza. Ken y yo fuimos pobres los primeros años después de casarnos. No teníamos nuestras necesidades básicas suplidas. No teníamos dinero para pagar una casa o unos muebles decentes. No podíamos disfrutar un auto decente ni de ropa bonita. Sólo dependíamos de nosotros mismos, y nosotros no éramos suficientes.
Pero entonces, gracias a Dios, descubrimos las aguas vivas de Dios. Acudimos a Él, empezamos a escucharlo con diligencia y a vivir por fe, y las cosas empezaron a cambiar. Dios nos sacó de la pobreza a la abundancia. Ahora, todas nuestras necesidades son satisfechas de acuerdo a Sus riquezas en gloria por Cristo Jesús.
Tenemos dinero, pero no estamos limitados a él. No estamos sujetos a la economía mundial ni a su desquiciado sistema financiero. Pase lo que pase, sabemos cómo seguir aumentando. ¡Podemos comprar sin dinero, porque vivimos en el reino de Dios! V