Cómo recibir la recompensa del profeta
Si estás necesitando que tu fe crezca, una mayor unción o incremento en algún área de tu vida, quiero que estudies con lujo de detalle lo que estoy a punto de compartirte. No quiero que tan solo lo leas a la ligera y tomes mi palabra como si fuera la verdad absoluta. Saca tu Biblia y deja que el Espíritu Santo te lo revele a título personal.
Te diré el por qué: si decides creer y actuar en los principios que estudiaremos, habrás descubierto una mina de oro espiritual; es una mina tan grande y valiosa, que nunca podrás sondear sus profundidades mientras vivas. Obviamente, sólo excavaremos a nivel superficial.
Pero si decides invertir parte de tu tiempo excavando más profundo, descubrirás tal como yo lo hice, que el poder de la colaboración es mayor que cualquier cosa que alguna vez hayas imaginado.
Quizás te preguntes: “¿La colaboración?”.
Sí, ¡la colaboración!
Al contrario de lo que muchas personas han imaginado, la colaboración no se trata de una nueva idea ni de un método moderno para recaudar fondos. Se trata de una ordenanza establecida por Dios que se originó en el Antiguo Testamento y que continuó en el Nuevo. Es un sistema diseñado por Dios para incrementar exponencialmente las habilidades, los recursos y las recompensas de cada creyente. Este sistema fue oficialmente establecido y reconocido como una ordenanza de parte de Dios en 1 de Samuel 30.
Allí, encontramos a David y sus tropas en una batalla feroz contra los Amalecitas, los cuales habían saqueado sus casas y tomado a sus familias como rehenes. Para derrotar al enemigo, los hombres de David tuvieron que embarcarse en una táctica militar agotadora conocida como la “marcha forzada”. Este tipo de maniobra es una marcha desgastante que requiere movilizar la mayoría de las tropas y los suministros tan lejos y tan rápido como sea posible, mientras te mantienes listo para la batalla en todo momento. Es una tarea agotadora, y cuando los hombres de David alcanzaron el torrente de Besor, 200 de ellos estaban demasiado débiles para continuar marchando.
Así fue como David ordenó a los que estaban cansados que se quedaran y vigilaran los suministros. Luego, él y el resto de las tropas cruzaron el torrente, encontraron a los Amalecitas, ¡y por el poder de Dios los atacaron! No sólo derrotaron al ejército enemigo y recobraron todas sus posesiones, sino que también saquearon las pertenencias de los Amalecitas. Por lo tanto, ¡regresaron al otro lado del torrente de Besor con un gran botín!
Cuando los soldados que pelearon la batalla se reunieron nuevamente con los 200 relegados, algunos de ellos no querían compartir la recompensa con los que se habían quedado. Dijeron: «Puesto que no fueron con nosotros, no les daremos del botín que hemos salvado…» (1 Samuel 30:22, RVA-2015). Fue en ese momento en que David, a quien Dios llamó un: «hombre conforme a mi corazón» (Hechos 13:22, RVA-2015), respondió:
«No hagan eso, hermanos míos, con lo que nos ha dado el SEÑOR, quien nos ha protegido y ha entregado en nuestra mano la banda que vino contra nosotros. ¿Quién los escuchará en este asunto? Igual parte han de tener los que descienden a la batalla y los que se quedan con el equipaje. ¡Que se lo repartan por igual! Y sucedió que desde aquel día en adelante él hizo que esto fuera ley y decreto en Israel, hasta el día de hoy.» (versículos 23-25, RVA-2015).
Colaborador: ¿Qué puedo hacer por ti?
Pueda que pienses que esa norma no tiene mayor significancia para ti, pero estarías equivocado. Al fin y al cabo, eres un soldado tal como lo eran los hombres de David. Eres parte del ejército de Jesús, el Ungido. Tienes la misión de ocupar esta Tierra e imponer la derrota del diablo hasta que Jesús regrese.
Pueda que no formes parte en las filas de combate de los cinco ministerios, es decir, que no seas un apóstol, un profeta, un evangelista, un pastor o un maestro. Pero si eres colaborador con un ministro que está haciendo el trabajo de Dios, peleando a su lado a través de la oración y tus ofrendas, recibirás una recompensa eterna por cada persona que nazca de nuevo, por cada creyente fortalecido, sanado o liberado como resultado del trabajo de ese ministro.
Por ejemplo: este año, millones de personas hicieron a Jesús el Señor de sus vidas a través de los programas de alcance evangelístico de los Ministerios Kenneth Copeland, y como colaborador, Dios está dándote crédito por cada uno de ellos. ¿Por qué? Porque tal como los soldados en la época de David, tu tiempo invertido en cuidar las provisiones, aportó su parte. Oraste y ofrendaste. Nos ayudaste al unir tu fe con la nuestra. Así que, en lo que a Dios respecta, eres merecedor de la recompensa tanto como Gloria y yo. ¡Tu rol es tan importante como el nuestro!
“Bueno, me gustaría creer eso hermano Copeland, pero esa es una ordenanza del Antiguo Testamento. ¿Está seguro de que aplica en la actualidad?”
¡Absolutamente! Jesús les enseñó a los primeros 12 discípulos acerca de la misma, reafirmando el principio de la colaboración, cuando dijo:
«El que recibe a un profeta porque es profeta, recibirá igual recompensa que el profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, recibirá igual recompensa que el justo. De cierto les digo que cualquiera que dé a uno de estos pequeñitos, aunque sea un vaso de agua fría, por tratarse de un discípulo, no perderá su recompensa» (Mateo 10:41-42).
Ya sería emocionante en sí mismo si la recompensa que recibiéramos por nuestra colaboración en la obra de Dios fuera estrictamente una recompensa celestial. Pero, gloria a Dios, ¡no se limita a eso! Existe también un aspecto terrenal en el sistema de recompensa. La colaboración es una de las maneras en las que Dios nos provee de bendiciones, aquí y ahora, a un nivel tan grande que jamás podríamos reunir la fe necesaria para recibirlas por nosotros mismos.
Podrás entender a lo que me refiero si lees 2 de Reyes 4. Allí encontrarás la historia de una mujer sunamita que decidió apoyar el ministerio del profeta Eliseo. Ella estaba tan determinada a colaborar con su obra, que un día cuando el profeta pasaba por su casa, ella «le insistía que se quedara a comer» (versículo 8). Es evidente que no recibiría una negativa como respuesta. Tampoco se conformó con eso. Ella y su esposo construyeron una habitación especial en su casa para que Eliseo tuviera un lugar donde quedarse cada vez que visitara la ciudad.
¿Sabes lo que hizo Eliseo en retribución? El profeta llamó a su siervo Guejazí y le dijo: “Ve y averigua qué puedo hacer por esta mujer. Averigua qué quiere.”
Así que Guejazí fue y vio cual era la situación de la mujer, y cuando regresó informó a Eliseo: «Su marido ya es anciano, y ella no tiene hijos todavía.»
Eliseo le ordenó entonces a su criado que la llamara. Guejazí la llamó y, cuando ella se detuvo en la puerta, Eliseo le dijo: «Dentro de un año, por estos días, tendrás un hijo en tus brazos.» Pero ella protestó: «¡No, mi señor, varón de Dios! ¡No te burles de esta sierva tuya!» (versículos 14-16).
Obviamente, esta mujer no tenía la fe suficiente para creerle a Dios por un hijo. Cuando Eliseo le dijo que lo tendría, ella respondió: “¡No es posible! ¡Podrás ser un profeta, pero me estás mintiendo!” Este deseo iba mucho más allá de lo que ella pudiera pedir o pensar. Sin embargo, Eliseo no tenía ningún problema en creerlo; y como a ella se le debía una recompensa a causa de la colaboración, él tan solo liberó su fe a favor de ella.
Por supuesto, al año siguiente, la mujer sunamita tenía un bebé en sus brazos.
Aprovecha los beneficios
Ese mismo principio funcionará hoy para ti, tal como lo hizo para la mujer sunamita. Si eres un colaborador con Gloria y conmigo, te has unido con nuestra fe. Cuando comenzamos, solo teníamos la fe suficiente para mantener nuestro automóvil con gasolina y trasladarnos de reunión en reunión. Pero con el correr de los años, a medida que este ministerio ha crecido, hemos aprendido a creer por los millones de dólares necesarios para pagar las transmisiones de televisión, las cuentas, los salarios, la compra de equipos, etc.
Si llevas menos tiempo en esta vida de fe que nosotros, o si no has tenido las oportunidades de desarrollarla como nosotros lo hemos hecho, pueda que tengas algunas necesidades fuera del alcance de la fe que tienes ahora mismo.
Por ejemplo: puedes tener una deuda de $50.000 dólares que quieres pagar, sabes que Dios puede hacerlo, pero en este momento particular de tu vida te es difícil creer que Él lo hará por ti. Si es así, saca ventaja de los privilegios de la colaboración.
Creer por una cancelación de una deuda de $50.000 dólares no es algo difícil para Gloria y para mí. Como ya lo mencioné, hemos tenido que creer por millones todos los meses. Así que, escribe esa oración de petición para la cancelación de la deuda en la hoja que envío todos los meses junto a mi carta, y reenvíala. Úsala como un punto de contacto para liberar tu fe en el poder de la ordenanza de la colaboración. ¡Esa es la razón por la que incluyo esa hoja con mi carta en primer lugar! No lo hago solamente por tradición. ¡Estoy energizándote para que formes parte de la recompensa del profeta! Tenemos un equipo completo de empleados que ora por esas peticiones. Además, Gloria y yo oramos por nuestros colaboradores todos los días, de la misma manera que oramos por nuestra familia. Estamos ejerciendo nuestra fe a tu favor, así que extiéndete y ¡recibe las bendiciones que vienen en camino!
Aumenta tu unción
Quiero que notes que esas bendiciones no están limitadas a este ámbito natural y material. A través de la colaboración, las unciones que Dios nos ha dado a Gloria y a mí para ministrar también están disponibles para ti. El Apóstol Pablo entendió este principio. Por esa razón, en la carta a sus colaboradores de Filipo tuvo la audacia de decir:
«Doy gracias a mi Dios en toda memoria de vosotros, siempre en todas mis oraciones haciendo oración por todos vosotros con gozo, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora: estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, sois todos vosotros compañeros de mi gracia» (Filipenses 1:3-7, RVA).
Observa que, en la última frase, él dice: «sois todos vosotros compañeros de mi gracia». ¡Él no se estaba refiriendo a la gracia de Dios en general, sino a su gracia individual! Dicho de otro modo, Pablo estaba diciendo: “En su condición de colaboradores, ustedes comparten la gracia que Dios me ha dado para llevar a cabo este ministerio”. Si quieres entender la significancia de tal oración, sólo lee algunas de las cartas de Pablo y observa las declaraciones que él hace acerca de la gracia. Él dice:
«Pero por la gracia de Dios soy lo que soy… pues he trabajado más que todos ellos, aunque no lo he hecho yo, sino la gracia de Dios que está conmigo» (1 Corintios 15:10).
Pablo le estaba diciendo a los filipenses que, como sus colaboradores, ¡la misma unción que reposaba en él cómo apóstol estaba a disposición de ellos!
No sé si tú lo desees, pero yo quiero para mi vida toda la unción que esté disponible. Por ese motivo es que soy colaborador con ministerios como Oral Roberts, Kenneth Hagin, Jerry Savelle, Jesse Duplantis, y muchos otros.
¡Quiero ser partícipe de sus gracias!
Podrías decir: “No necesito esa clase de unciones, no soy un predicador; tan solo soy un mecánico, o una ama de casa… o un vendedor”.
Pueda que esa sea tu profesión, pero ¿no estás llamado también a testificarle a la gente y a orar por ellos, a medida que te ocupas de tus asuntos cotidianos? ¡Por supuesto que sí! Mientras más unción de Dios tengas a tu disposición, mejor podrás hacerlo.
Aún más, al colaborar con cualquier misterio, la unción del mecánico, la unción del vendedor de inmuebles, o la que aplique a tu profesión ahora también estará disponible para ese ministerio. Cuando entiendas esa verdad, reconocerás que cuando seguimos el liderazgo del Espíritu Santo y nos unimos en colaboración como Él nos lo indique, estaremos completamente provistos. Ninguno de nosotros carecerá en ningún área. Espiritualmente, tendremos al alcance la plenitud de la Unción de Dios. Y materialmente, disfrutaremos de la recompensa del profeta, ¡uniéndonos en fe para recibir más abundantemente de lo que podríamos pedir o pensar!
Estoy convencido que ésta era la recompensa que Pablo tenía en su mente cuando terminaba de escribir su carta a los filipenses, al decirles: «Así que, mi Dios suplirá todo lo que les falte, conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús» (Filipenses 4:19).
El trato es demasiado bueno para ignorarlo, así que ¡no lo hagas! Decídete ahora mismo a buscar a Dios para averiguar con quién quiere que colabores. Luego, sigue el ejemplo de la mujer sunamita, que empezó a buscar formas de bendecir a su socio colaborador. Te divertirás tanto que estarás tentado a olvidarte de la recompensa; sin embargo, Dios no lo hará. Y si mantienes tu fe conectada, Él lo reconocerá y serás bendecido con más de lo que alguna vez podrías haber soñado. Él se hará cargo de que recibas la recompensa del profeta. V