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Conscientes de que Dios vive en nuestro interior

Si ya eres creyente, tienes el deseo interno de vivir como lo hizo Jesús cuando estuvo en la tierra. Anhelas bendecir a la gente como Él lo hizo. Deseas imponer las manos sobre los enfermos y verlos recuperarse. Quieres impartirles el Amor y la vida de Dios.
¿Por qué?
En primer lugar, porque has nacido de nuevo a Su imagen. En segundo lugar, porque Jesús Mismo dijo que esa es la forma en que estás llamado a vivir. «De cierto, de cierto les digo», dijo en Juan 14:12, «el que cree en mí, él también hará las obras que yo hago. Y mayores que estas hará, porque yo voy al Padre.».
Nota que Jesús no dijo, “Los que son llamados al ministerio quíntuple harán mis obras y aun mayores”. Él no dijo que sólo los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores o maestros harían Sus obras. Él dijo: «El que cree en mí» las hará.
“Sí, ya sé que eso fue lo que dijo Jesús, hermano Copeland, pero la mayoría de los creyentes no parecen demostrarlo. Así que debemos haberle malentendido.”
No, no le malentendimos. Él quiso decir exactamente eso: como creyentes, debemos operar en el poder de Dios de la misma manera que Él lo hizo cuando estuvo en la tierra. Quiso decir, como leemos en 1 Juan 4:17: «como él es, así somos nosotros en este mundo.»
Entonces, ¿cuál es el problema?
No hemos desarrollado plenamente la consciencia que tenía Jesús cuando estaba en la tierra. Él estaba muy consciente de que no podía «hacer nada por sí mismo» (Juan 5:19), de que por sí mismo era absolutamente impotente. También era muy consciente de que Su Padre celestial habitaba en Él a través del poder del Espíritu Santo.
Estar consciente de esta verdad era tan clave para la forma en que vivía Su vida que habló de ella en Juan 14:10, justo antes de decir que nosotros, como creyentes, haríamos Sus obras. «Yo estoy en el Padre, y… el Padre está en mí», dijo. «Las palabras que yo les hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que vive en mí, es quien hace las obras.»
En los siguientes versículos, nos explicó la correlación de esas palabras con nosotros. Él dijo que después de que terminara Su misión en la tierra y regresara al cielo: “Pediré al Padre, y Él les dará otro Consolador (Consejero, Ayudante, Intercesor, Abogado, Fortalecedor y Protector), para que permanezca con ustedes para siempre… Él vive con ustedes [constantemente] y estará en ustedes… El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre… Él les enseñará todas las cosas.” (versículos 14:16-17, 26, Biblia Amplificada, Edición Clásica).
Si alguna vez te has preguntado cómo es posible vivir como lo hizo Jesús, cómo podrías operar con esa clase de sabiduría, allí mismo tienes la respuesta. Dios ha enviado el mismo Espíritu Santo que estaba en Jesús a morar en ti. Él está dentro de ti las 24 horas del día y está allí para enseñarte todas las cosas.
Puedes aprender algo nuevo del Espíritu Santo cada día, desde ahora hasta la eternidad, si eres consciente de Su presencia y le prestas atención. Puedes buscar Su sabiduría por medio de la fe y encontrar todo lo que Dios tiene y todo lo que Dios sabe.
Sé que suena como una afirmación descabellada, pero puedo hacerla con confianza porque Jesús esencialmente la hizo Él mismo en Juan 16. Allí, al exponernos más sobre cómo el Espíritu Santo nos ayudaría después de regresar al cielo, dijo:

Les conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, yo se lo enviaré. Y cuando él venga… él los guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les mostrará el futuro. Él me glorificará, porque tomará de lo mío y se los mostrará. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y se lo dará a conocer a ustedes. (versículos 7-8, 13-15).

El Diseñador Maestro del Universo
¿Quieres experimentar un destello del conocimiento del Espíritu de Dios? ¿Quieres ver la clase de sabiduría que Él posee? Lee en la Biblia para descubrir cómo planificó y creó el universo. Según Isaías 40, Él calculó el polvo de la tierra en una medida y pesó las montañas en una balanza. Midió las aguas en el hueco de su mano y delimitó los cielos con la palma de su mano. (lee los versículos 12-13, en la versión AMPC).
Cuando descubrí que el Espíritu de Dios midió los cielos con la palma de su mano, saqué mi regla. Sabía que la distancia de la palma de la mano se mide desde la punta del pulgar a la punta del dedo meñique, y que son aproximadamente 23 cm, y quería ver si mi palma era del mismo tamaño que la del Señor. Resulta que la medida en mi mano es un poco más pequeña. Mide 22,5 cm. (Mis dedos son gorditos).
Mira tu mano ahora mismo y considera la clase de intelecto que se necesitaría para medir los cielos usando ese estándar. ¡Esa es la clase de Genio que vive en tu interior! Tienes dentro de ti a alguien que puede determinar el peso de todos los océanos del mundo al pesar una sola gota de agua. Puede que hoy haya un supercomputador en algún lugar que pueda hacer ese cálculo, pero ¿podría un supercomputador calcular el peso de un poco de polvo que aún no ha sido creado y utilizarlo para determinar el peso de las montañas?
Ni siquiera el mejor computador podría hacerlo. Pero el Espíritu de Dios lo hizo.
El Espíritu planificó y creó este planeta con tal precisión que se mantiene perfectamente estable, incluso cuando navega por el universo a 16.000 kilómetros por hora en una dirección mientras gira a 1.600 kilómetros por hora en otra. El equilibrio de la tierra es tan perfecto que los seres humanos pueden arrasar una montaña en un lugar y rellenar un valle en otro, provocar explosiones atómicas y hacer todo tipo de cosas, sin que la Tierra altere su curso, de manera estable.
Es más, recientemente los científicos han descubierto, basándose en la información proporcionada por los telescopios con los que contamos, de que todo el universo fue creado para que la Tierra pudiera existir y albergar vida. ¿Qué valor nos da a ti y a mí, el hecho que Dios hiciera todo esto por nosotros para que tuviéramos un lugar donde vivir? ¿Qué valor tiene para nosotros el hecho de que, cuando nos equivocamos, Dios haya enviado a Jesús a este planeta para redimirnos y luego enviarnos a Su Espíritu Santo, el Diseñador Maestro de todo el universo, para que viviera en nosotros?
Medítalo. El Espíritu de Dios, el planificador del universo, está dentro de ti. Él es Quien planea tu vida. ¿Crees que Él puede encargarse de la cuota de tu auto? ¿Crees que Él puede averiguar cómo ayudarnos a hacer las obras que Jesús dijo que haríamos?
Ciertamente puede hacerlo. Sólo que no nos hemos enfocado en Dios lo suficiente como para darle una verdadera oportunidad. Nos hemos enfocado demasiado en lo natural. Hemos estado más ocupados en observar lo que sucede a nuestro alrededor –en el exterior—, que en aquellas cosas en nuestro interior.
¡Lo que reside en nuestro interior marca toda la diferencia! «Porque el reino de Dios está en medio de ustedes.», dijo Jesús (Lucas 17:21, RVA-2015). El Espíritu Santo está dentro de ti. No está en algún lugar del cielo. Él está ¡EN TI!
Nuestra falta de consciencia al respecto es lo que nos hace decir tonterías como: “Bueno, he orado. Pero sentí que mis oraciones no llegaron más alto que el techo.” ¡No es necesario que lleguen más alto que la cima de nuestra cabeza! El Dios al que oramos está dentro de nosotros.
Por favor, no me malinterpretes. No me estoy burlando de nadie. Yo tampoco estaba muy metido en las cosas de Dios cuando nací de nuevo y fui lleno del Espíritu Santo. Era un analfabeto bíblico, y oraba justo antes de despegar en mi avión (era un piloto de tiempo completo en ese entonces), “¡Oh, Jesús, acompáñame en este vuelo hoy! Acompáñame.”
Un día, mientras lo hacía, escuché la voz del Señor en mi interior. Kenneth, te dije que nunca te dejaría ni te abandonaría. En ese entonces, fue una gran revelación para mí, y desde ese momento me he dedicado a propósito a desarrollar una consciencia de Su presencia en mí.
Hoy todavía sigo perfeccionándome al respecto. Al entrenarme a lo largo de los años, he progresado, pero aún estoy lejos de estar satisfecho. Cuando miro en las Escrituras lo consciente que era Jesús de que estaba en el Padre y de que el Padre estaba en Él durante Su tiempo en la tierra, puedo ver que todavía tengo un camino que recorrer.

Recibirán poder
“Pero hermano Copeland”, podrías decir, “Jesús no tuvo que trabajar para desarrollar una consciencia de Dios como nosotros tenemos que hacerlo. Él es el Hijo de Dios.”
Sí, lo es. Pero dejó de lado Su divinidad cuando «se hizo semejante a los hombres y nació como ser humano» (Filipenses 2:7, AMPC). No nació en la tierra sabiendo todo lo que tenía que saber, igual que tú y yo. Tuvo que crecer en sabiduría (Lucas 2:52). Tuvo que estudiar y aprender la PALABRA.
Es cierto que cuando tenía 12 años sabía más sobre la PALABRA que la mayoría de los eruditos bíblicos de su época, pero eso no ocurrió porque fuera el Hijo de Dios. El fue diligente en su búsqueda de la PALABRA. Se sumergió totalmente en ella. La vivió 24/7 al punto de responder a la tentación del diablo, antes de comenzar Su ministerio, diciendo: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» (Mateo 4:4).
Además de dejar de lado Su sabiduría divina, Jesús también dejó de lado todo Su poder sobrenatural cuando vino a la tierra. Él no tenía más capacidad para hacer milagros que nosotros. Por eso, aunque era el Hijo de Dios desde el momento de Su nacimiento, no hizo ni un solo milagro hasta los 30 años.
¿Qué sucedió a esa edad? Fue bautizado y ungido con el poder del Espíritu Santo para hacer las obras poderosas de Dios.
Si has sido bautizado en el Espíritu Santo, has sido dotado del mismo poder. No recibiste un Espíritu Santo diferente al de Jesús. Tienes el Mismo Espíritu y con el mismo propósito: para que puedas hacer las obras poderosas de Dios (lee Lucas 4:18-19).
“Hermano Copeland, ¿está seguro?”
Totalmente. Pero no lo creas porque yo te lo digo; créelo de Jesús. Él dijo en Hechos 1:8: «Pero cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.». La palabra griega traducida como poder en ese versículo es dunamis. Se usa en todo el Nuevo Testamento para referirse a la fuerza y habilidad sobrenatural de Dios, y es la palabra usada en Marcos 5 para describir el poder que sanó a la mujer con el flujo de sangre.
Cuando ella extendió la mano con fe y tocó las vestiduras de Jesús, el versículo 30 dice que “el poder” (dunamis) salió de Él, y que «su hemorragia se detuvo, por lo que sintió en su cuerpo que había quedado sana de esa enfermedad.» (versículo 29, RVA).
La palabra dunamis también puede traducirse como potencia. En Efesios 3, por ejemplo, en una de sus oraciones apostólicas divinamente inspiradas, el apóstol Pablo oró para que Dios «os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu. Que habite el Cristo por la fe en vuestros corazones.» (versículos 16-17, JBS).
¿Qué pasará cuando seas potenciado con el poder milagroso de Dios en tu interior? El Mismo se mostrará en el exterior. ¿Qué sucederá cuando Cristo more, o haga su «casa», como lo dice la Biblia Amplificada, Edición Clásica, en tu corazón por la fe? El Cristo interior se va a manifestar en el exterior.
Cuando se traduce al español, la palabra griega Cristo habla del Ungido y Su Unción. El Ungido, por supuesto, es Jesús. La Unción en Él es el poder del Espíritu Santo. Cuanto más desarrollemos nuestra fe y nuestra consciencia del Ungido y Su Unción dentro de nosotros, más en casa puede sentirse Él.
Cuando alguien se siente en casa en algún lugar, puede expresarse libremente. Eso es lo que queremos que el Espíritu Santo pueda hacer en nosotros. Queremos que Él esté en casa, que sea libre para expresarse en y a través de nosotros en toda Su sabiduría y poder.
En los siguientes versículos de Efesios 3, Pablo continúa orando:

Para que, arraigados y cimentados en el amor, y sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento, para que sean llenos de toda la plenitud de Dios. Y a aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o pensamos, según el poder que obra en nosotros, a él sea la gloria en la iglesia por Cristo Jesús, por todas siglos y los siglos. Amén (versículos 17-21).

¡Esa es una vida emocionante y abundante! Imagínate vivir cada día lleno de toda la plenitud de Dios. Imagina tener Su poder dunamis dentro de ti siempre listo, siempre disponible para manifestarse a través de ti cuando sea necesario. Ese es el tipo de vida que Jesús dijo que viviríamos. Una vida en la que hacemos las obras que Él hizo… ¡y más!
Persigue esa vida por la fe. Trabaja a propósito para desarrollar una consciencia interior de Dios, al practicar la consciencia de Su presencia dentro de ti, alimentándote de La Palabra, y andando en amor. Cuando ores en el Espíritu Santo, pon tu mano en tu vientre y recuerda que Él está ahí. Cuando impongas las manos a los enfermos, recuerda que Sus manos están en las tuyas.
Atrévete a creer: «como él es, así soy yo en este mundo.» V

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