Descanso en tiempo difíciles
DaVon Alexander se paró en el púlpito de la iglesia en Charlotte, Carolina del Norte, y predicó aquel domingo por la mañana. Predicó sobre la fe. Cómo vivir por la fe. Cómo permanecer en la fe. Cómo madurar la fe.
Nada de eso era sorprendente. Al fin y al cabo, DaVon cursaba la secundaria cuando su mamá descubrió a Kenneth Copeland en la televisión en 1993. Dos años más tarde, cuando DaVon se graduó, la familia empacó sus pertenencias y dejó California para mudarse a Fort Worth, Texas.
DaVon entró a trabajar en KCM como ayudante de electricista. Entre 1998 y 2000, asistió a los Ministerios Internacionales Jerry Savelle en la cercana Crowley, Texas, y de allí pasó a trabajar en el Centro de Servicio al Colaborador de KCM. También fue pastor de estudiantes de secundaria en la Iglesia Internacional Eagle Mountain.
Después de que su puesto fuera eliminado en KCM, DaVon se mudó a Charlotte para ayudar a un amigo con su iglesia.
Así que no era de extrañar que predicara sobre la fe. Se había curtido en la fe. Era su ADN espiritual.
Aun así, nadie sabía en aquella mañana dominical del 2007 que el país se deslizaba por una pendiente resbaladiza, en dirección hacia la que se convertiría en la Gran Recesión del 2008. El Espíritu Santo había inspirado a DaVon a predicar sobre la fe. Todos la necesitarían en la crisis económica que se avecinaba.
Tras el servicio, Stacy, una joven de la congregación, se acercó a DaVon y le regaló una tarta de batata casera. Más tarde, ese mismo día, DaVon se sentó a disfrutarla.
Qué maravilla. ¿Qué tenía esta tarta?
DaVon no era un glotón. Tampoco le gustaba mucho la batata. Sin embargo, una vez que la probó, no pudo parar de comer.
Se comió la tarta completa en una sentada.
Lo que DaVon no sabía era que Stacy había adoptado una postura de fe, incluso antes de escuchar su mensaje aquel domingo por la mañana: creer por un buen marido. Mientras preparaba la tarta el día anterior al servicio, había susurrado una oración: “Padre, si se trata de mi esposo, haz que le guste tanto esta tarta que se la coma de una sentada.”
Tarta de Batata
“Pasaron semanas hasta que volví a encontrarme con Stacy”, recuerda DaVon. “Cuando la vi, le di las gracias por la tarta. En el último instante le confesé que me la había comido toda de una sentada. Stacy supo entonces que nos casaríamos. Fue lo bastante sensata como para guardarse esa información. Poco después, comenzamos a salir. Después de unos dos años, nos casamos en el 2009.”
DaVon se había mudado a Charlotte en el 2004, años antes de conocer a Stacy.
“Trabajaba como cajero en una panadería, y ganaba 8 dólares la hora”, recuerda. “Vivía en un pequeño apartamento sin cable ni Wi-Fi”.
Cuando su jefe, un adolescente de 18 años, le gritó y lo regañó un día, DaVon supo que había llegado el momento de buscar trabajo en otra parte.
“Creo que fue el favor de Dios en mi vida lo que hizo que consiguiera un puesto de principiante en Wachovia, un banco que forma parte del listado Fortune 500”, dice. “Ese puesto pagaba $28.500 dólares al año. Trabajaba en el centro de llamadas de un campus con 10.000 empleados.”
“Un día estaba fuera en mi descanso cuando encontré una cartera llena de dinero. La llevé adentro y la entregué al personal de seguridad. Un rato más tarde, dos de mis jefes vinieron a mi escritorio y me agradecieron por haber entregado la cartera. Al parecer, uno de los jefes me había visto entregarla. Me dijeron que fue a ver a mis otros jefes y les dijo: ‘Ese es el tipo de carácter e integridad que buscamos en esta empresa.’”
“Al tiempo se abrió un nuevo puesto en uno de los departamentos. Me nominé, pero no me dieron el puesto. Me dijeron que no tenía experiencia. Dos días después, revocaron la decisión y me dieron el cargo. El hombre que me vio entregar la cartera dijo: ‘Dale el puesto. Prefiero el carácter y la integridad a las aptitudes. Puedo formarlo.’”
“En ese momento mi salario se duplicó, de modo que ganaba unos $56.000 dólares al año. Entonces se abrió otra vacante, a la cual también me nominé. Durante la entrevista no sabía qué tipo de preguntas me harían. No entendía algunos de los términos ni la jerga, pero por la gracia de Dios superé la entrevista y me contrataron. Con este puesto, mi salario se duplicó y alcanzó los $120.000 dólares. En tres años, pasé de trabajar de panadero y ganar el salario mínimo a convertirme en asesor de relaciones financieras corporativas y ganar $120.000 dólares. Para el 2008, era el representante de ventas número 1 en todas las sucursales de la Costa Este.”
Fe por finanzas
Stacy tenía sólo 5 años cuando su madre se hizo Colaboradora de KCM. Veían la emisión de La Voz de Victoria del Creyente en su TV todos los días. Devoraban la revista todos los meses. Mucho antes de convertirse en trabajadora social, Stacy sabía cómo vivir por fe.
Por eso, cuando DaVon le dijo que creía que Dios lo estaba llamando a dejar su trabajo con buena remuneración y fundar una iglesia, ella no vaciló.
“Hagámoslo”, le dijo. “Siempre hemos sabido que ese llamado estaba en nuestras vidas. Sólo tengo una pregunta: ¿Puedo seguir yendo a la peluquería?”
DaVon la abrazó.
“Nos aseguraremos de que te arreglen el pelo.”
Estaban preparados para cambiar su estilo de vida. La única deuda que tenían era la hipoteca.
Dejando su carrera financiera, DaVon y Stacy comenzaron la iglesia True Life Fellowship, la cual se congregaba en la sala de banda de un colegio secundario. A medida que la iglesia crecía, se trasladaron a un colegio más grande. Mientras se expandían, necesitaban espacio para los niños. Junto con los dolores físicos del crecimiento, cada uno en la congregación tenía su propia interpretación de lo que un pastor debía hacer.
“Deberías dirigir un grupo de costura”, recuerda Stacy que le habían dicho.
“Tienes que predicar”, le dijo otra persona. “La iglesia no crecerá a menos que tú también prediques.”
Después de predicar un sermón exponiendo el espíritu del miedo, alguien le había dicho a DaVon que estaba equivocado: el miedo era algo bueno.
“Todo el mundo parecía tener su propia idea sobre lo que los pastores debían hacer o predicar”, recuerda Stacy. “DaVon y yo oramos al respecto. El Señor nos indicó que fuéramos fieles a lo que Él nos había llamado. ¿Habría dirigido un grupo de costura o tomado el micrófono antes de convertirme en pastora? A menos que el Señor me dijera lo contrario, no necesitaba hacerlo ahora.”
“Lo mismo ocurría con DaVon. El llamado pastoral no significaba que tuviera que cambiarse a sí mismo. Dios lo había creado para pastorear. Nadie nos quitaría nuestra individualidad o nuestra identidad. Nunca esperamos esos desafíos, pero nos hicieron madurar como pastores.”
Fe por una casa
Además de una iglesia en crecimiento, su familia también crecía. Stacy seguía trabajando como asistente social. La casa en la que vivían habría sido estupenda para una persona sola. Se adaptaba para DaVon y Stacy. Pero no había espacio suficiente para una familia en crecimiento. DaVon les habría comprado una casa nueva, pero el país acababa de salir de la recesión y el mercado inmobiliario estaba patas arriba. No estaba dispuesto a vender su casa a pérdida.
“¿Puedo ir a ver casas?”, preguntó Stacy un día.
“Puedes mirar, pero para mí no tiene sentido”, respondió DaVon. “No vamos a comprar nada porque no voy a vender nuestra casa con déficit.”
Stacy encontró una casa que le gustó y le pidió a DaVon que la mirara.
“No hay razón para que la mire porque no vamos a comprar”, le dijo él.
“Vamos”, le suplicó Stacy. “¿Puedes verla?”
Aceptó visitarla.
“Era un barrio nuevo y, cuando entramos en la casa modelo, supe que había algo especial en el lugar”, recuerda DaVon. “Ni siquiera era la casa que Stacy quería que viera. Era perfecta para una familia en crecimiento. La distribución era ideal. Tenía una oficina en la parte delantera de la casa para que, si tenía una reunión, los niños pudieran seguir jugando en la parte trasera.”
“El Señor me dijo que comprara la casa. No tenía sentido alguno en lo natural. Nuestra casa estaba valuada $10.000 dólares por debajo. No estaba dispuesto a venderla con semejante pérdida cuando sabía que, con el tiempo, los precios volverían a normalizarse.
“Un par de días después, finalmente obedecí y contraté la construcción de una casa igual a la modelo. Por supuesto, conseguimos un precio maravilloso. En cuanto lo hice, llamaron mis padres. Papá me explicó que se estaban mudando a Charlotte y que necesitaban un lugar donde quedarse. Les dije que no buscaran más. Podrían vivir en nuestra casa y no tendríamos que venderla.”
Fe por una iglesia
Mientras la construcción de su casa proseguía, DaVon y Stacy tuvieron la oportunidad de comprar un edificio para la iglesia. Tenían la opción de comprar la mitad del edificio o la totalidad. En ese momento, sólo podían permitirse la mitad, e incluso eso costaría más de lo que estaban pagando de alquiler.
“He estado orando”, dijo Stacy. “Dios quiere que compremos todo el edificio. Si sólo conseguimos la mitad no tendremos espacio para crecer.”
El Señor se lo confirmó a DaVon.
Eso significaba que su pago mensual se cuadruplicaría. Sin embargo, habiendo escuchado a Dios, firmaron los documentos. De repente, estaban construyendo su vivienda y renovando el edificio de la iglesia: todo en medio de una economía deprimida. A través de la gracia y la provisión de Dios, todo el proyecto de renovación, además de la compra de equipos para la iglesia, fue pagado en efectivo.
Hoy, los pastores DaVon y Stacy Alexander dirigen una próspera iglesia True Life Fellowship. También tienen una familia próspera que incluye cuatro hijos: Ziyanah-Grace, de 19 años; Zayvin, de 11; Zarek Jai, de 8; y Zage, de 4 años. Son una familia ruidosa, bulliciosa y feliz.
“Nadie sabía cuándo se recuperaría la economía”, explica DaVon. “Mi carrera en finanzas me había enseñado que el mejor momento para comprar era cuando el coste era bajo. El mejor momento para vender era cuando los precios eran altos. Eso es exactamente lo que hicimos. Compramos nuestra casa y el edificio de la iglesia cuando la economía estaba muy deprimida.”
“Mis padres vivieron en nuestra otra casa durante varios años. Cuando encontraron una casa que querían comprar, la economía se había recuperado y vendimos esa casa a un precio alto.”
“Después del ataque terrorista en la nación y la caída de las Torres Gemelas, el hermano Copeland declaró la guerra contra el miedo. Esa serie de enseñanzas siempre ha sido una de mis favoritas. Fue entonces cuando realmente comprendí que no hay temor en el amor. Primera de Juan 4:18 dice: «Sino que el amor perfecto echa fuera el temor. El que teme espera el castigo, así que no ha sido perfeccionado en el amor» (Nueva Versión Internacional).”
Fe para el futuro
“El hermano Copeland enseñó sobre ese tema durante años. Fue justo después de esa enseñanza que me mudé a Charlotte. Me casé con Stacy. Dejé mi trabajo y un salario de seis cifras. Fundamos una iglesia. Construimos una casa. Compramos y renovamos un edificio. Hicimos todo aquello mientras salíamos de una grave recesión. Gracias al hermano Copeland, nunca estuvimos paralizados por el miedo.”
“La colaboración con KCM me permite participar en todos los dones y llamamientos de la vida y el ministerio del hermano Copeland. Participo de su unción, y eso no tiene precio. Estoy muy agradecido por su fidelidad para enseñar sobre la fe. No creo que se pueda vivir en paz en este clima sin la fe. Lo contrario de la fe es el miedo. Sin fe, la gente vive con miedo.”
“Creo que el Señor Jesús le está haciendo a la Iglesia la misma pregunta que les hizo a los discípulos cuando lo despertaron durante una tormenta. Les dijo: ‘¿Por qué no tienen fe?’” V