Dios puede hacerlo
Las señales de los tiempos están a nuestro alrededor: ¡Jesús vuelve pronto!
No sabemos el día y la hora exactas, pero podemos sentirlo en nuestro espíritu. Las cosas se están acelerando. Las profecías del fin de los tiempos se están cumpliendo ante nuestros ojos. Estamos en el verdadero final de los últimos días y el Rapto de la Iglesia se acerca.
Dentro de poco, el Señor Mismo descenderá del cielo con un grito, con la voz del arcángel y con la trompeta de Dios. Los que hemos recibido a Jesús como nuestro Señor seremos arrebatados para encontrarnos con Él en el aire (1 Tesalonicenses 4:16-17), ¡y vamos a salir de esta tierra como vencedores!
No vamos a salir de aquí arruinados, asqueados y tristes. Por el contrario, cuando Jesús regrese por nosotros, la Iglesia va a ser gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada parecido… santa y sin mancha (Efesios 5:27). Vamos a ser un testimonio vivo para el mundo de la bondad y el poder de Dios. Vamos a salir de aquí habiendo sido bendecidos sin medida en todos los sentidos, incluyendo el financiero.
¿Por qué financieramente?
Porque nuestra prosperidad financiera es importante para Dios. Él nos hizo muchas promesas al respecto en Su Palabra. Y porque en Cristo todas esas promesas son un sí y un amén, antes de que Jesús regrese Dios tiene la intención de que caminemos en su cumplimiento. Él pretende que la gente pueda leer nuestras vidas como leen la Biblia y ver que Dios realmente hablaba en serio cuando dijo:
• «La bendición del SEÑOR es la que enriquece y no añade tristeza con ella.» (Proverbios 10:22, RVA-2015).
• «…Nuestro Señor Jesucristo que, por amor a ustedes, siendo rico se hizo pobre, para que con su pobreza ustedes fueran enriquecidos.» (2 Corintios 8:9).
• «Las riquezas del pecador las hereda el hombre justo.» (Proverbios 13:22).
“Pero Gloria”, podrías decir, “¿no se refiere Dios en esos versículos a las riquezas que disfrutaremos cuando lleguemos al cielo?”
No. Mira de nuevo ese último versículo. La riqueza del pecador no está en el cielo; está en la tierra. Así que, para que Dios la ponga en nuestras manos, tiene que hacerlo mientras todavía estemos aquí, y eso es exactamente lo que ha planeado.
El hermano Charles Capps, uno de los ministros más destacados que Ken y yo hemos tenido el privilegio de conocer, profetizó sobre esto hace años. En una palabra que pronunció en 1978 dijo que una transferencia de riqueza sobrenatural tendrá lugar en los últimos días:
Porque verás, es Mi deseo moverme en el ámbito de tu prosperidad financiera, dijo el Señor. Porque sí, sí, habrá en esta hora angustia financiera aquí y allá. La economía subirá y bajará; pero aquellos que aprendan a andar en la Palabra, verán la prosperidad de la Palabra manifestarse en esta hora de una manera que no ha sido vista por los hombres en el pasado.
Sí, viene una INVERSIÓN FINANCIERA en el sistema del mundo. Se ha mantenido en los depósitos de los hombres malvados durante días y días. Pero el fin está cerca. Esos embalses serán aprovechados y serán drenados en el evangelio de Jesucristo. Se hará, dice el Señor. Será hecho en el tiempo asignado y así será que la palabra del Señor se cumplirá cuando dice que la riqueza del pecador es acumulada para el justo.
Dios tiene todo el derecho de dar las riquezas del mundo a Su pueblo. Él creó esta tierra con todos sus recursos para que Su familia los disfrutara. No la creó para dársela al diablo y a sus seguidores. Adán y Eva la pusieron en manos del diablo cuando doblaron su rodilla ante él en el Jardín del Edén.
A través de su acto de alta traición, básicamente dejaron a Dios fuera de su propia creación. Por supuesto, le sigue perteneciendo. (Como dice el Salmo 24:1: «¡Del Señor son la tierra y su plenitud!»), pero debido a que le dio autoridad sobre ella a la humanidad, hasta que el contrato de arrendamiento del hombre se agote, Dios sólo tiene la porción de ella que es poseída por Su pueblo.
Lo que Su pueblo no tiene, Él tampoco. Y debido a que Su pueblo se ha retrasado en tomar posesión de todo lo que Él les ha prometido a lo largo de la historia humana, Dios no ha tenido posesión de gran parte de la riqueza de este mundo.
Ven a la mesa
Recuerdo una vez que Ken tuvo una poderosa revelación al respecto. Fue a finales de la década de 1990, justo después de que acabáramos de comprar un flamante avión para el ministerio. No habíamos tenido uno nuevo desde los primeros días de nuestro ministerio, cuando compramos un pequeño avión bimotor. Pero después de más de 20 años de comprar aviones viejos y usados, el Señor le dijo a Ken que quería que rompiera el síndrome de la “Rosa de segunda mano” en la Iglesia. Así que, Ken había comprado uno nuevo.
Acababa de terminar su segundo viaje en este avión y estaba caminando por la pista hacia el aeropuerto cuando el gozo del Señor se derramó en su interior. Se emocionó tanto con la bondad de Dios que empezó a reírse. Más tarde, se lo estaba contando a otros ministros cuando Jesús le habló a su espíritu: Este es el único avión nuevo que tengo, le dijo.
En ese momento, Ken comenzó a llorar. Se dio cuenta de que la renuencia del pueblo de Dios a creerle para obtener bendiciones financieras no sólo nos había costado a nosotros, como creyentes, sino que le había costado a Dios. Había tenido que prescindir de valiosos recursos que podría haber utilizado para hacer avanzar Su reino en la tierra.
¡Dios lo creó todo! pensó Ken. Nos dio lo mejor de Sí mismo. Nos dio a Su Hijo para redimirnos y preparó una mesa ante nosotros en presencia de nuestros enemigos. Sin embargo, la mayoría de las veces no ha conseguido que Sus hijos acudan a la mesa.
Ya me he decidido: ¡Iré a la mesa! Voy a creerle a Dios de una manera que le plazca y lo que le place es la prosperidad de Sus siervos (Salmo 35:27).
“¿Pero no nos advierte también Dios de los peligros de la prosperidad?”, te preguntarás. “¿No dice la Biblia que destruye a las personas y que es la raíz de todo mal?”
No. Por el contrario, dice que: «la prosperidad de los necios los echará a perder» (Proverbios 1:32, RVR1960), y que «la raíz de todos los males es el amor al dinero» (1 Timoteo 6:10). No es la prosperidad, sino comportarse como un necio y enamorarse del dinero lo que te causará problemas. Así que no lo hagas.
En cambio, anda en la sabiduría de Dios y ámalo. Entonces, Él podrá bendecirte materialmente sin que eso te arruine. Él puede proveerte de abundancia para dar a toda buena obra y, ya que tu deseo por las cosas está sujeto a Él, Él puede darte con seguridad todas las cosas buenas.
Esta es la diferencia entre prosperar a la manera de Dios y prosperar a la manera del mundo: En el reino de Dios, no se consiguen las cosas dejándose llevar por ellas. Obtienes las cosas dejándote llevar por Dios. Poniéndolo a Él en primer lugar, amándolo y sirviéndolo. Buscas primero Su reino y Su justicia, como dijo Jesús en Mateo 6:33, y entonces «todas estas cosas les serán añadidas».
Cuando Ken y yo nos comprometimos por primera vez a poner a Dios y a Su Palabra en primer lugar, en lo natural no podíamos visualizar ninguna forma en que Dios pudiera añadirnos “todas estas cosas”. Teníamos muy pocos ingresos y muchas deudas. Habíamos estado viviendo con dinero prestado durante años. Así que, cuando vimos en la Palabra que Dios decía que nos mantuviéramos sin deudas y que «No tengan deudas con nadie, aparte de la deuda de amarse unos a otros» (Romanos 13:8), me pareció que estábamos condenados.
¿Cómo podríamos comprar una casa?, me preguntaba. ¿Cómo podemos tener un ministerio mundial sin endeudarnos? No lo sabíamos. Pero nos habíamos comprometido a obedecer a Dios y a vivir de acuerdo con Su Palabra, así que, aunque no podíamos imaginar este mandato cómo una ventaja financiera, tomamos la decisión de calidad de no volver a pedir dinero prestado.
Poco después, Ken descubrió que en Cristo habíamos heredado LA BENDICIÓN de Abraham. Él vio en las Escrituras las promesas financieras que la BENDICIÓN lleva consigo y se entusiasmó. Compartió conmigo los versículos que había encontrado y dijo: “¡Amor, somos ricos!” Así que, de inmediato, fuimos a ver una nueva casa.
Cuando le dijimos a la agente inmobiliaria que estábamos interesados en comprarla, nos preguntó cómo pensábamos financiarla. “Mi padre se encargará de ello”, respondió Ken. Suponiendo que su padre debía ser un rico hombre de negocios, ella le preguntó a qué se dedicaba. “Tiene mucho ganado y propiedades”, respondió Ken.
Decía la verdad. Nuestro Padre celestial es dueño de los miles de animales que hay en las colinas (Salmo 50:10). Pero en ese momento de nuestro camino de fe todavía no teníamos suficiente Palabra en nuestros corazones para poder creerle a Dios que pagaría en efectivo por una casa. Sin embargo, a medida que seguíamos andando los caminos de Dios y desarrollando nuestra fe, con el tiempo Él nos fue aumentando. Él nos permitió comprar una casa, y luego otra mejor. Finalmente pude construir la casa de mis sueños y pagarla en efectivo.
No me importa decir que la casa en la que vivimos ahora es un testimonio de la bondad de Dios. Pero nunca podríamos haberla construido con dinero prestado. Habríamos tenido que recortar los gastos. Hacerla más pequeña. Reducir algunas cosas. Pero como a lo largo de los años hemos aprendido a creer en Dios y a seguir Su plan, pude construir exactamente la casa que deseaba y poner en ella todo lo que quería.
El plan de prosperidad de Dios funciona
Los recursos de Dios son ilimitados, y Él tiene un plan para hacer rico a cada uno de Sus hijos. Él tiene un plan para nosotros que nos pondrá en la cima financieramente y no en el fondo. Dios puede conseguir cualquier cosa para nosotros si reclamamos por fe las promesas en Su Palabra y hacemos lo que Él dice.
¿Recuerdas lo que Él hizo por los israelitas cuando los sacó de Egipto? Los hizo ricos. Aunque habían sido esclavos durante años, antes de su éxodo puso en sus manos gran parte de la riqueza de Egipto y «Su pueblo salió cargado de oro y plata» (Salmo 105:37).
Tampoco decidió hacerlo de improviso. Se lo dijo a Abraham siglos antes de que ocurriera: «Debes saber que tu descendencia habitará en una tierra extraña, y que allí será esclava y la oprimirán durante cuatrocientos años… y después de eso ellos saldrán de allí con grandes riquezas.» (Génesis 15:13-14).
Piénsalo: Antes de que los israelitas se convirtieran en esclavos, Dios ya tenía un plan que los llevaría de la pobreza a la riqueza. Ya tenía un plan para sacarlos de la esclavitud financiera y hacerlos ricos.
Él tiene un plan para hacer lo mismo contigo.
“Pero Gloria, ¿cómo podría Dios hacerme rico?”
No lo sé. Sólo sé que por Su poder y Su Unción Él puede hacerlo.
Lee sobre la viuda en 2 Reyes 4 y verás a lo que me refiero. Ella estaba tan arruinada y endeudada que sus hijos estaban a punto de ser vendidos como esclavos. Lo único que le quedaba en su casa era una jarra de aceite. Así que Dios la puso en el negocio del aceite. Le dijo que recogiera todos los recipientes vacíos que pudiera, y luego multiplicó sobrenaturalmente el aceite hasta llenarlos a todos. Ella vendió el aceite, pagó todas sus deudas y termin?? con mucho dinero para vivir.
Dios sigue haciendo este tipo de cosas hoy en día. Un ministro que conocemos lo vio hacerlo por una viuda que asistía a su iglesia. En ese momento, él pastoreaba en Riga, Letonia, y las condiciones económicas allí eran terribles. Los bienes eran tan escasos que, si se apagaba una bombilla, se tardaba meses en encontrar una para sustituirla. Sin embargo, Dios le había ordenado que construyera un edificio para la iglesia sin deudas.
La viuda quería ayudar, así que le había dado un cheque de 150.000 dólares. “Este cheque no sirve en este momento”, le dijo, “pero te llamaré cuando tenga el dinero. Entonces podrás cobrarlo.”
El ministro sabía que, en lo natural, no había forma de que esa mujer consiguiera tanto dinero. Pero percibió su sinceridad y guardó el cheque en un cajón. Tiempo después, en el momento en que lo necesitaba para su proyecto de construcción, ella le llamó. “Ya puedes cobrar ese cheque”, le dijo.
¿Cómo había conseguido el dinero?
Un día, un desconocido llamó a su puerta y le dijo que era abogado de una gran empresa petrolera. Dijo que un hombre que poseía muchas acciones de la empresa había muerto y que ella era su pariente más cercano. Ella ni siquiera conocía al hombre. Nunca había oído hablar de esa compañía petrolera. Sin embargo, de repente era dueña de una parte de ella. Había recibido una herencia que la hacía rica.
¿Puede Dios hacer ese tipo de cosas por ti?
Claro que sí. Puede hacerlo por cualquiera de Sus hijos… y así lo desea. ¿No lo harías tú, si fueras Dios? Si hubieras hecho esta maravillosa tierra y todos sus recursos para tus hijos, ¿no querrías dárselos? ¿No querrías transferirla de las manos de aquellos que están haciendo el mal con ella y ponerla en manos de tu amada familia para que puedan usarla para hacer el bien?
Ciertamente lo harías. Así que dale a tu Padre celestial la oportunidad de hacerlo por ti.
Sigue poniéndolo a Él en primer lugar. Sigue obedeciendo Su Palabra y atrévete a creer que Él hablaba en serio cuando dijo que «al pecador le da el trabajo de recoger y amontonar, para dárselo a quien es del agrado de Dios» (Eclesiastés 2:26). Atrévete a creer que Él es realmente, como dijo en Deuteronomio 8:18, el «SEÑOR tu Dios… quien te da el poder de ganar esas riquezas». V