Skip to content

Dios siempre tiene un plan

¿Alguna vez te sentiste tentado a renunciar a los sueños y deseos que Dios puso en tu corazón? ¿A pensar que no cuentas con lo necesario, o que han pasado demasiados años de tu vida para ahora comenzar a hacer todo lo que Él te ha llamado a hacer?
Si es así, aquí tienes una palabra de ánimo: Estás rodeado de muy buena compañía. Abraham, uno de los más grandes héroes bíblicos de la fe (el mismo hombre que el Nuevo Testamento llama el padre de todos los que creen), una vez enfrentó la misma tentación. A los 99 años, llegó a un punto en el que parecía poco probable que se cumpliera el plan de Dios para su vida.
Después de esperar durante décadas al hijo que Dios le había prometido, Sara, la esposa de Abraham, seguía siendo estéril y, a los 90 años, su edad fértil había quedado atrás. Adicionalmente, se habían complicado al sustituir el plan de Dios por el suyo. Y ahora, Abraham tenía que enfrentarse a la realidad natural: el tiempo se había agotado. Era demasiado tarde para que él y Sara tuvieran un hijo.
¡Esas eran excelentes razones para justificar una renuncia a los sueños dados por Dios! Abraham tenía muchas. El diablo le susurraba al oído y todas sus circunstancias le gritaban: “No hay manera de que la promesa de Dios se cumpla ahora. La has echado a perder. Es demasiado tarde.”
Sin embargo, Dios se presentó en ese momento y le dijo a Abraham, de 99 años, todo lo contrario. Tal cual lo describe Génesis 17, se le apareció y le dijo:

Yo soy el Dios Todopoderoso; camina y vive habitualmente delante de Mí… Y haré mi pacto (promesa solemne) entre Mí y tú y te multiplicaré en gran manera… Tú serás el padre de muchísima gente. Tu nombre ya no será Abram, sino que ahora te llamarás Abraham, porque te he puesto como padre de muchísima gente. Yo haré que te multipliques en gran manera. De ti saldrán naciones y reyes. Estableceré mi pacto contigo y con tus descendientes. Será un pacto perpetuo, y yo seré tu Dios y el de tu descendencia. (Génesis 17:1-2, Biblia Amplificada, Edición Clásica; 4-7, Reina Valera Contemporánea).

Observa lo primero que hizo Dios: le recordó a Abraham que estaba en pacto con el Dios Todopoderoso, Aquel para quien nada es imposible. Luego le repitió la promesa que le había dado años atrás y le aseguró: Mi promesa sigue vigente. Mi plan para ti no ha cambiado. Sólo sigue andando conmigo en fe y lo haré una realidad.
Si has estado enfrentando una situación como la de Abraham, Dios te está diciendo lo mismo. No importa cuán desesperantes luzcan las circunstancias que te rodean, o cuánto tiempo has esperado para que cambien, Él quiere que lo sepas: Sus planes para ti y Sus promesas para ti todavía pueden hacerse realidad.
Hay un camino.
No lo has echado a perder.
No es demasiado tarde.
Sólo tienes que seguir el ejemplo de Abraham. A los 99 años, creyó en la Palabra de Dios y actuó en consecuencia. La puso en su boca, fijó su atención en el hecho de que tenía un pacto de sangre con el Todopoderoso, y comenzó a llamarse a sí mismo el Padre de Muchas Naciones.

No flaqueó en la fe cuando consideró la impotencia [total] de su propio cuerpo, que era como si estuviera muerto porque tenía unos cien años, o [cuando consideró] la esterilidad del vientre [muerto] de Sara. Ninguna incredulidad o desconfianza lo hizo vacilar (dudar) en cuanto a la promesa de Dios, sino que se fortaleció y fue fortalecido por la fe al dar alabanza y gloria a Dios, plenamente satisfecho y seguro de que Dios era capaz y poderoso para cumplir Su palabra y hacer lo que había prometido (Romanos 4:19-21, AMPC).

Entonces, ¿qué sucedió?
¡Lo imposible!
Sara, de 90 años, quedó embarazada. Isaac, el hijo de la promesa, nació en la familia de ella y Abraham, y a los 90 y 100 años respectivamente se hallaron en medio del cumplimiento de los sueños que Dios les había dado.

Tú cuentas con algo que Abraham no tenía
“Pero Gloria”, podrías decir, “simplemente no logro entender cómo lo imposible podría suceder en mi caso. A diferencia de Abraham, Dios no se me ha aparecido ni me ha dado una palabra.”
¡Él no necesita aparecerse y darte una palabra! Ya tienes Su Palabra en una forma que Abraham no la tenía; la tienes a tu alcance, escrita en tu Biblia. Y en cuanto a no lograr entender cómo Su Palabra puede manifestarse en tu vida, ¿qué importancia tiene eso?
Dios es DIOS. Él puede hacer cualquier cosa. Él es todopoderoso. Él es fiel a Sus promesas. Él siempre tiene un plan, y siempre tiene un camino.
Sólo necesitas mantener tus ojos en Él. Necesitas dejar de contemplar las circunstancias naturales –tu cuenta bancaria, la economía, la condición natural de tu cuerpo, tu edad, o cualquier otra cosa en este mundo que te haya desanimado— y recordar que tienes un pacto con el Todopoderoso; Aquel que conoce el fin desde el principio. Aquel para quien todo es posible.
Él no necesita que le digas cómo llevar a cabo la visión que ha depositado en tu interior. Él no depende de ti para descifrar la manera en que las promesas que ves en Su Palabra se harán realidad en tu vida. Él ya sabe cómo es que sucederá.
Él sabe lo que te ha prometido y lo que te ha llamado a hacer. Él sabe lo que necesitarás, de dónde saldrá, y cómo te lo entregará. Todo lo que Él necesita es que sigas enfocado en Él con fe; que sigas creyendo, hablando y actuando en Su Palabra, y Él puede hacer cosas grandes y poderosas por ti.
Ken y yo hemos visto a Dios hacer lo aparentemente imposible, una y otra vez a lo largo de los años, no sólo en nuestras vidas sino también en la de otros. Por ejemplo, pienso en lo que hizo por el hermano Kenneth E. Hagin. Él ya tenía unos 50 años cuando Ken y yo empezamos a asistir a sus reuniones en Tulsa. Él había estado en el ministerio casi 30 años y, sin embargo, el grupo que se presentaba a esos primeros seminarios de fe a los que asistíamos era todavía relativamente pequeño.
La sala donde nos reuníamos tenía una capacidad aproximada de 150 personas, y no recuerdo que estuviera nunca llena. Es más, el grupo que acudía no era necesariamente muy prometedor. Ken y yo, por ejemplo, íbamos a esas reuniones en un coche viejo y desvencijado que parecía estar sostenido con alambre y cinta adhesiva. Estábamos económicamente arruinados, gravemente endeudados y acabábamos de empezar en el ministerio.
Mi amiga Billye Brim cuenta a menudo que en una de esas primeras reuniones surgió una profecía acerca de que los presentes serían los futuros jefes del movimiento de fe. Billye dice que, al mirar a ese grupo, uno casi sentía pena por Dios de que esto fuera todo lo que tenía para elegir.
Sin embargo, Dios hizo por nosotros lo que en lo natural parecía que no se podía hacer. Él tomó ese pequeño grupo y lo usó para alcanzar al mundo. En pocos años, el hermano Hagin había fundado el Centro de Entrenamiento Bíblico Rhema y estaba enviando a cientos de ministros a predicar la Palabra de Fe. Además, algunos de nosotros que estábamos en esas primeras reuniones habíamos lanzado ministerios también, y las conferencias de fe y las iglesias habían comenzado a surgir por todas partes.
Lo que sucedió es realmente sorprendente. Satanás combatió el mensaje de la fe con todo su arsenal, pero no le fue suficiente. Dios estaba con nosotros y, al igual que Abraham y los israelitas, seguimos multiplicándonos y siendo bendecidos. Cuando el hermano Hagin terminó su carrera y se fue a casa para estar con el Señor en el 2003, el mensaje de fe estaba siendo escuchado por millones de personas en todo el mundo, y todavía se está multiplicando.
“Pero no tengo tiempo para esperar que Dios se mueva así en mi vida”, podrías decir. “No tengo un llamado especial como el del hermano Hagin. Ni siquiera soy un predicador. Sólo soy un creyente ordinario.”
¡No existe tal cosa como un “creyente ordinario”, o un cristiano sin un llamado! Según Romanos 8:28, todos los que aman a Dios «son llamados según [Su] diseño y propósito» (AMPC). Todos somos «obra de Dios (Su hechura), recreados en Cristo Jesús… para que hagamos las buenas obras que Dios predestinó (planeó de antemano) para nosotros [tomando caminos que Él preparó de antemano], para que andemos en ellas [viviendo la buena vida que Él preestableció y preparó para que viviéramos» (Efesios 2:10, AMPC).
No importa si estás llamado a predicar el evangelio desde un púlpito, a trabajar en una oficina, a quedarte en casa y criar a tus hijos, o a cualquier otra cosa: Dios tiene un plan sobrenatural para tu vida. Te ha llamado a iluminar el mundo que te rodea con Su amor y Su poder:
Para vivir los sueños que Él te ha dado.
Para experimentar el cumplimiento de Sus promesas.
A ser una verdadera valla publicitaria de Su bondad, para que la gente en tu esfera de influencia vea el maravilloso Padre que es, y comience a desear saber más sobre tu pacto con Dios y este Jesús del que sigues hablando.

Un pacto de paz
La Biblia llama al nuevo pacto que tenemos todos los creyentes con Dios un «pacto de paz» (Isaías 54:10). La palabra paz en hebreo es shalom. Significa “estar completo, sin faltante ni roturas; tener no sólo paz mental, sino integridad o solidez en todos los ámbitos de la vida: espiritual, relacional, física y financieramente.” Incluye la sanidad y la salud, la prosperidad, la fecundidad y el éxito en todas las actividades.
Todas esas cosas están incluidas en el plan de Dios para tu vida. Aunque los detalles de lo que Él te ha llamado a hacer son únicos, Su plan es que seas bendecido para ser de bendición, en todo lo que hagas y dondequiera que vayas.
¿Cómo puedes estar seguro de que eso es cierto?
Lee de nuevo lo que Dios le dijo a Abraham: «Yo… te bendeciré [con abundante aumento de favores] y haré que tu nombre sea famoso y distinguido, y serás una bendición [dispensando el bien a otros]… Estableceré mi pacto contigo y con tus descendientes» (Génesis 12:1-2, AMPC; 17:7, RVC).
“Pero Gloria, Dios se refería en ese pasaje a los israelitas. Los judíos son la simiente de Abraham.”
Correcto, y como creyente también lo eres.
Gálatas 3:29 lo dice muy claramente: «Y si ustedes son de Cristo, ciertamente son linaje de Abraham y, según la promesa, herederos». En otras palabras, a través de Jesús, has heredado LA BENDICIÓN de Abraham. Por lo tanto, las promesas del pacto que Dios le hizo a él y a su simiente ahora te pertenecen a ti.
Toma por ejemplo lo que Dios les dijo a los israelitas en Deuteronomio 28. Él les dijo que, si escuchaban Su Palabra, TODAS Sus bendiciones los superarían y los alcanzarían. Él dijo: “Serás bendecido en la ciudad y en el campo. Serán bendecidos entrando y saliendo. Tus hijos serán bendecidos. Tus almacenes serán bendecidos, y serás abundante en bienes. Serás la cabeza y no la cola, estarás arriba y no debajo. Las obras de tus manos serán tan ricamente bendecidas que todos los pueblos de la tierra verán que eres llamado por el nombre del Señor.” (Lee los versículos 1-14.)
Observa que Dios no dijo que sólo haría esas cosas para los sacerdotes y profetas (o como diríamos hoy, para los predicadores). Por el contrario, esas bendiciones eran para todo el pueblo de Dios en aquel entonces, y son para todo Su pueblo hoy, incluyéndote. Así que tómalas. Aplícalas al sueño que Dios ha puesto en tu corazón y a las cosas que Él te ha llamado a hacer.
No intentes averiguar cómo se manifestarán. Llevarlas a cabo es responsabilidad de Dios, no tuya. Tu parte es volver a lo que Dios dijo: encontrar las escrituras en la Biblia que te prometen lo que estás creyendo. Mantenerlas delante de tus ojos y en tus oídos para que se graben en tu corazón.
Es la Palabra de Dios en tu corazón la que manifiesta lo sobrenatural para que todos lo puedan ver. No son solo las escrituras que conoces en tu cabeza. Es la Palabra que está viviendo en ti –la que estás creyendo, hablando, actuando y esperando por fe que suceda— la que abre la puerta para que Dios haga lo aparentemente imposible en tu vida.
Él puede cambiarlo todo en un solo día de ser necesario. Lo hizo por Su pueblo en la Biblia una y otra vez. David pasó de ser un pastor desconocido a ser ungido como rey de Israel en menos de 24 horas. Jericó era una ciudad fortificada con murallas tan gruesas que no podían ser atravesadas y, en un instante, esas murallas se derrumbaron ante el pueblo de Dios, y tomaron posesión de la ciudad.
Es posible que hayas estado esperando durante años que se cumplan algunos sueños y promesas de Dios. Puede parecerte que el tiempo se agota. Pero no te rindas. Mira a Dios, piensa en Abraham y recuerda: no es demasiado tarde. No lo has echado a perder. Dios siempre tiene un plan, y siempre tiene un camino.
¡Él puede hacer todo! ¡Él es DIOS! V

© 1997 - 2026 Eagle Mountain International Church Inc., también conocida como Ministerios Kenneth Copeland / Kenneth Copeland Ministries. Todos los derechos reservados.
Más opciones para compartir...