El Milagro de la fe
Luces brillantes disiparon la oscuridad, iluminando el campo de béisbol de Virginia. A sus trece años, Gabriel Poirot no apartaba los ojos de la pelota… cada molécula de su cuerpo llena de vida y emoción. Le gustaba jugar al béisbol. Los deportes lo apasionaban tanto que se sentía como si lo hubieran enchufado a una toma corriente.
Si tan solo la iglesia pudiera mantener su atención como los deportes.
Gabe era un enamorado de los deportes. En su mente, los deportes deberían ser una religión. Para él, la iglesia no tenía sentido. Era una aburrida pérdida de tiempo. Era tan aburrida que a menudo mentía, fingiendo estar enfermo para no ir. No le veía sentido.
Su tía le hablaba constantemente de predicadores que enseñaban sobre la fe, intentando que escuchara sus podcasts. ¡Qué colosal pérdida de tiempo! No escucharía a esos locos de la fe por nada en el mundo.
Gabe se abalanzó hacia la pelota. Al caer sobre su hombro, supo que algo malo había pasado. En el hospital, Gabe observó la radiografía. Allí estaba, en blanco y negro: Se había fracturado el hombro. La lesión lo había relegado al banco de suplentes. No sólo del béisbol, sino de todos los deportes. Ansioso por volver a jugar, recordó las cosas que su tía le había dicho sobre la fe. Y cómo la fe daba respuestas sorprendentes a las oraciones.
También le había hablado de sanidades.
Sanidades rápidas y milagrosas.
Un cambio importante
“Durante mi recuperación, empecé a escuchar podcasts sobre la fe en mi teléfono y en mi computador”, recuerda Gabe. “Mientras escuchaba esos mensajes, me conmovió lo real que era el poder de Dios. Sabía que había algo diferente en esos mensajes. Mi hombro sanó más rápido de lo normal, así que me recuperé.”
“Seguí escuchando esos mensajes”, dice Gabe. “Me gustó especialmente un programa que Kenneth Copeland hizo con Keith Moore en el que enseñaban cómo escuchar la voz de Dios. Mientras escuchaba, descubrí que, aunque mis hermanas y yo habíamos crecido en un hogar cristiano y en la iglesia, yo nunca había desarrollado una relación personal con Jesús. Ese fue el primer cambio importante en el curso de mi vida.”
“Durante mi primer año en la secundaria, estaba solo en mi habitación cuando sentí la presencia del Espíritu Santo. Caí al suelo, hablando en lenguas. El Señor me llamó a predicar el Evangelio. Me mostró una visión en la que predicaba a Jesús ante miles de personas. No sólo acepté la llamada, sino que le entregué mi vida.”
“Después, me volví adicto a escuchar la Palabra de Dios. La escuchaba en mi teléfono entre clases, durante los entrenamientos y en todo tiempo libre. Empecé un estudio bíblico en el colegio público al que asistía. Vinieron más de 75 chicos a escuchar la Palabra de Dios. Vinieron musulmanes y ateos. Se salvaron con señales milagrosas y maravillas. Vi oídos sordos abrirse en un colegio de secundaria público.”
Cuando se acercaba la graduación, mandaron a llamar a Gabe desde la oficina del rector.
“Gabriel, eres el mejor de la clase”, le dijo el director. “Vas a dar un discurso. Normalmente, en los colegios públicos no se habla de Dios. Sin embargo, quiero que seas libre para expresarte. Quiero que digas lo que quieras decir.”
“Durante la graduación, ante 6.000 personas, le di la gloria a Jesús. La visión que Dios me había dado ya se había hecho realidad.”
Encontrando su lugar
Algo que Gabe sabía con certeza era que no quería asistir a una universidad normal. Quería asistir a una universidad bíblica, pero no a cualquier universidad bíblica. Su corazón estaba firme con la idea de asistir al Instituto Bíblico Kenneth Copeland Bible College® en Texas. El verano siguiente a su graduación se mudó a Fort Worth. En el otoño de 2019, comenzó las clases en el Instituto Bíblico Kenneth Copeland Bible College®.
“Me conmovió la profundidad de las clases”, recuerda. “La verdad sobre quiénes somos en Cristo. Nuestra identidad basada en la justicia de Dios en Cristo. El establecimiento del pacto de Dios y su significado. El fundamento principal de quién es Jesús en cada libro de la Biblia.”
Aprendió habilidades prácticas de liderazgo. Aprendió sobre el ministerio. Todo estaba edificado sobre el fundamento de las Escrituras.
En medio de su ciclo en el Instituto Bíblico Kenneth Copeland Bible College®, la nación hizo una pausa debido al brote de COVID-19. Sin trabajo, Gabe se encontraba ahora con tiempo disponible. Mientras buscaba al Señor, Dios lo impulsó a alcanzar a su generación a través de las redes sociales en sus teléfonos.
“En las redes sociales, los algoritmos trabajan para llegar a personas que nunca has conocido”, dijo Gabe. Adaptándose lo mejor que pudo, tomó su teléfono y comenzó a predicar la verdad. Resultó que no era el único que tenía tiempo libre.
Su plataforma principal era YouTube®, aunque los vídeos también se publican en otras plataformas de medios sociales como Instagram, Facebook, Twitter®, Rumble, TikTok y Pinterest.
“Al irme a dormir una noche en abril de 2020, no tenía ni idea de lo que estaba a punto de ocurrir”, cuenta Gabe. “Cuando me levanté a la mañana siguiente, el vídeo que había publicado el día anterior tenía más de un millón de visitas. Aunque me sorprendió, esperaba que pasara algo. Sabía que Dios me había dicho que lo hiciera, así que esperaba que lo bendijera. Desde ese día, los vídeos que he creado han tenido 530 millones de visitas. No sólo eso, sino que más de 40.000 personas me han informado de su salvación.”
“Cuando finalicé mi último año en el Instituto Bíblico Kenneth Copeland Bible College® en 2021, continué enviando videos todos los días. Oré en el espíritu, leí mi Biblia, y le pedí a Dios dirección sobre qué compartir. Entonces usaba mi teléfono y predicaba. Los videos varían en duración de 60 segundos a 20 minutos, dependiendo del contenido.”
Después de graduarse del Instituto Bíblico Kenneth Copeland Bible College®, Gabe se quedó en Fort Worth. Montó un estudio para mejorar aún más lo que Dios le había llamado a hacer. También continuó asistiendo a la Iglesia Internacional Eagle Mountain.
La caída
Una fresca mañana de otoño en octubre de 2020, Gabe decidió salir con un par de amigos. Aunque no sabía montar en monopatín, se había comprado uno eléctrico y había aprendido a usarlo. Era una experiencia divertida.
Gabe y sus amigos dieron una vuelta por el barrio con sus monopatines motorizados. Entusiasmado por dar una vuelta rápida a la manzana, Gabe había ignorado usar un casco.
El barrio era tranquilo, con muy poco tráfico. Los chicos reían y hablaban mientras montaban. De repente, el monopatín de Gabe se encontró con un pequeño bache en la carretera. El mundo pareció girar mientras Gabe volaba por los aires. Al aterrizar en la calle, su cabeza impactó contra la dureza del pavimento.
Todo se volvió negro.
Los amigos de Gabe corrieron a ayudarle. También lo hizo un automovilista que pasaba por la zona.
La sangre salía a borbotones de sus oídos y la parte posterior de su cabeza, mientras yacía inconsciente.
Sus pulmones parecían fallar, y su frecuencia respiratoria disminuyó a una vez por minuto. Uno de sus amigos lo asistió para facilitarle la respiración.
Fue trasladado de urgencia al hospital, y le diagnosticaron un traumatismo craneoencefálico. Los médicos le hicieron un agujero en el cráneo para disminuir la presión intracraneal a causa de la inflamación. La parte posterior de su cabeza se había abierto como una sandía madura. Había aspirado el contenido de su estómago hacia los pulmones. Le conectaron a un respirador artificial para asistirlo.
Sus padres volaron desde Virginia para acompañarlo. Cuando llegaron, Gabe seguía inconsciente.
Un neurocirujano les explicó a los padres de Gabe que el 48% de las lesiones cerebrales traumáticas acaban en muerte. Las probabilidades de que su hijo sobreviviera eran del 50%, y añadió que, aunque sobreviviera, Gabe quedaría probablemente en estado vegetativo.
“Si despierta del coma, es probable que no recuerde nada.”
El despertar
Los miembros de la Iglesia Internacional EMIC y del Instituto Bíblico Kenneth Copeland Bible College® se unieron a los familiares y amigos de Gabe y oraron de común acuerdo por su sanidad y restauración. Los días pasaron sin ningún cambio aparente en su condición. Entonces, después de dos semanas y media en coma, un día de noviembre Gabe se despertó, miró alrededor de la habitación y le preguntó a sus padres: “¿Qué estoy haciendo en el hospital?”
Sus padres lloraron.
“Gabe, ¿estás bien?”
“¿Por qué son tan dramáticos? Estoy bien.”
Los médicos y las enfermeras acudieron en tropel a su cabecera, asombrados de que estuviera despierto y con habla.
Gabe recordaba todo lo ocurrido hasta el instante previo al accidente. Su familia y sus amigos le explicaron lo que le había ocurrido.
“Cuando me desperté, muchos de los médicos me miraron como si pensaran que no iba a sobrevivir”, recuerda Gabe. “Yo me reía de que pensaran que no me pondría bien. Desde el momento en que me desperté, recordé que Jesús ya me había sanado. Recordé mi pacto con Dios. Sabía quién había sido creado por Cristo.”
“Mi familia y mis amigos lo estaban celebrando”, recuerda Gabe, “pero descubrí que, aunque me había despertado con la memoria intacta, el personal médico dudaba de que fuera a mejorar. Yo sabía la verdad, pero sentía que el mundo me decía lo contrario. Sabía que había sanado y que estaba listo para irme a casa.”
“No puedes irte a casa”, le dijeron los médicos. “Has sufrido una lesión cerebral traumática. Todavía puede haber efectos secundarios.”
Gabe tuvo que convencerlos de que era seguro que lo enviaran a casa. Y lo consiguió al trabajar con terapeutas y superando todas las pruebas que le hicieron.
De nuevo en casa
El 18 de noviembre, Gabe fue dado de alta del hospital. Tres días después asistió a la Iglesia Internacional EMIC. Después de salir un momento del santuario, Gabe oyó que un ujier lo llamaba.
“Gabe, la pastora Terri pregunta por ti.”
Hasta ese momento, Gabe se había alegrado de poder caminar. Cuando oyó que la pastora Terri lo llamaba por su nombre, una gracia y una unción lo bañaron. Corrió hacia el podio. Toda la iglesia disfrutó de un momento de gozosa celebración, proclamando la bondad de Dios.
Esa semana, Gabe voló a casa en Virginia con sus padres para celebrar el Día de Acción de Gracias. La familia tenía mucho que agradecer.
“Mi tía tenía razón hace tantos años”, dice Gabe. “La fe te permite recuperarte mucho más rápido. Mi recuperación fue rápida y total. Después de perderme semanas enviando vídeos, volví a empezar en cuanto salí del hospital. Predicaba y proclamaba la bondad de Dios. También admití que me había equivocado al no usar un casco. Estoy muy agradecido de que Sus bendiciones no dependan de que hagamos todo bien.”
No mucho después, Gabe escribió un devocional, titulado – Creado de manera diferente: 90 días para convertirte en todo lo que Dios quiere que seas – (Built Different: 90 Days To Becoming All God Wants You To Be), un devocional para adolescentes y adultos jóvenes que cubre temas como el COVID, cuestiones de género, noticias, rectitud, educación y carreras. El libro se convirtió en un éxito de ventas en Amazon.
“Lo escribí para explicar el ADN espiritual que Cristo nos ha dado”, explica.
“Recibo testimonios todos los días. Hace poco alguien me dijo que, mientras leía el libro, fue tocado por el Espíritu Santo. Oró en lenguas y se sintió invadido por Su presencia.”
“Me gusta aplicar el Evangelio a la vida de las personas. Me gusta llegar a la generación que no va a la iglesia. Esa es mi generación. Según los estudios, la nuestra es la que menos asiste a la iglesia. Es una brecha muy grande. Mi deseo es reducir esa distancia e informarles que Jesús quiere ser su mejor amigo.”
“Sé que no estaría donde estoy hoy sin KCM. Este ministerio es un regalo de Dios para el Cuerpo de Cristo. Le enseña a la gente cómo la Palabra de Dios puede cambiarlo todo. Para mí, colaborar con KCM es una forma de unidad. Significa saber que trabajamos juntos para hacer avanzar el reino de Dios. Mi testimonio no es una excepción. Muchos testimonios están cobrando vida en las vidas de los Colaboradores.”
“Estoy tan agradecido por toda la oración que recibí mientras estaba en coma. Estoy eternamente agradecido por su corazón para orar de acuerdo con la Palabra de Dios con respecto a mi sanidad.”
Hoy, a sus 22 años, Gabriel Poirot tiene 3,6 millones de seguidores y suscriptores en todas las plataformas de medios de comunicación en línea. No sólo ha aprendido a llegar a su generación en las redes sociales. Ha aprendido el algoritmo de la fe para alcanzar al mundo. V