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La búsqueda del carácter

Como creyentes, tenemos el deseo de buscar la excelencia. Tenemos el deseo de buscar el poder sobrenatural y de encontrar el camino que nos lleve al mayor impacto ministerial en los demás. Tenemos el deseo de crecer y madurar en nuestra fe y en la gracia de Dios. Pero, por muy buenos que sean todos estos deseos, nada es más importante que desear el crecimiento de nuestro carácter. Cuando crecemos y maduramos en nuestro carácter, las demás áreas encajan en el gran rompecabezas.
He oído decir que nuestro carácter determina cuán alto llegaremos, y soy testigo de esa verdad. He tenido la oportunidad de sentarme y hablar con músicos y atletas profesionales que parecen tener un éxito masivo y, sin embargo, se preguntan, ¿Por qué pareciera que estoy estancado? O, ¿Por qué pareciera que he llegado a mi límite?
Muy a menudo, la respuesta es que necesitan echar un vistazo más de cerca a su carácter. Dios se está preparando para hacer cosas asombrosas, y Él no lo hará con aquellos que sólo quieren grandes ministerios. Él lo llevará a cabo a través de las personas que quieren conocer a Dios simplemente porque quieren conocer a Dios. Lo hará a través de gente con carácter.

¿Qué es el carácter?
Hace treinta años, Kenneth Copeland dijo algo tan profundo acerca del carácter que me ayudó a definirlo para siempre. Lo recuerdo de pie en el podio con sus ojos penetrantes cuando dijo: “El carácter es hacer lo correcto, porque es correcto, y luego hacerlo bien.”
¡Exacto! El carácter es hacer lo que es correcto sin motivo adicional que hacerlo porque es correcto. Luego, debes hacerlo bien. Si eres pastor y Dios te dice que alfombres la iglesia, no te lances a conseguir una alfombra barata y raída. Hazlo bien. Si Dios te dice que bendigas a alguien con el almuerzo, no le des una hamburguesa con queso de 99 centavos. Hazlo bien.
El carácter es aquello que te define. Es algo a lo que te aferras por dentro y que la gente ve por fuera. A.W. Tozer enseñó que, así como la excelencia del oro es su pureza, y la excelencia del arte es su belleza, la excelencia del hombre es su carácter. El carácter de una persona es la suma de su disposición, pensamientos, intenciones, deseos y acciones.
Hay que tener en cuenta que el carácter se mide por las tendencias generales y no por hechos aislados. Debemos ser cuidadosos de no fijarnos en una acción aislada de alguien y juzgar su carácter basándonos en ese único incidente. Vivimos en un mundo en el que a la gente le fascina avergonzar a las personas por sus errores; pero las personas son más que la suma de unos pocos errores. Las personas progresan. Cuando Dios nos ve caer, no nos avergüenza. Nos anima a seguir en camino y volver a intentarlo. Dios sabe cómo tomar cada pedacito de nuestro desorden y convertirlo en una gran obra maestra.

El dolor del Espíritu
No es de extrañar que Colosenses 3:12-13 diga: «Dado que Dios los eligió para que sean su pueblo santo y amado por él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que los ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros.» (Nueva Traducción Viviente).
Pablo estaba enfatizando que la forma en que nos tratamos mutuamente es importante. ¿Sabes qué contrista al Espíritu Santo? Tratarnos de una manera que no está en línea con la Palabra de Dios. Nuestro carácter es la manifestación consistente de Jesús en nuestras vidas, la cual es demostrada en nuestra respuesta ante situaciones que requieren del perdón.
He pasado ya un tiempo juzgándome a mí mismo en cómo trato a los demás. ¿Me importa cómo trato a la camarera de Cracker Barrel®, o al chico que estaciona mi auto, o a la gente de nuestro equipo de mantenimiento en la iglesia World Changers? ¿Los saludo y les pregunto cómo están? ¿O actúo como si “todo eso” fuera tan solo una fachada?
La forma en que tratamos a las personas con las que interactuamos cada día es importante. Tito 1:16 (NTV), dice que algunas personas «afirman que conocen a Dios, pero lo niegan con su manera de vivir.» No quiero que la gente me escuche decir que sirvo a Dios, pero luego me vea viviendo de una manera diferente.
Si has hecho una introspección y todavía no has logrado determinar tu carácter, pregúntale a Dios. Él te lo mostrará.

La integridad y el carácter
Nuestro carácter es demostrado por nuestras acciones. De hecho, la principal diferencia entre la integridad y el carácter es la acción. La integridad se adhiere a un código: la Palabra de Dios. El carácter lo pone en acción. La integridad reconoce que un comportamiento es malo y no participa del mismo. El carácter, en consecuencia, hace algo al respecto.
Puedes ver la diferencia entre estas cualidades incluso en el colegio primario. Cuando nuestros hijos van al colegio, si ven a alguien intimidando a otro alumno y se niegan a participar, eso es lo que llamamos integridad. Pero, si dan un paso extra y actúan, intentando detener el comportamiento abusivo incluso si eso significa ir a la oficina del director, eso es lo que llamamos carácter. La integridad dice: “No me voy a involucrar en lo malo”, y luego el carácter añade: “Y voy a hacer algo al respecto”.
A medida que crecemos, las situaciones pueden cambiar, pero la forma en que respondemos no debería hacerlo. Cuando veamos gente hambrienta en nuestras comunidades, ¿nos mantendremos al margen o actuaremos, interviniendo para hacer algo al respecto?
Nuestra iglesia está en un barrio que, a veces, ha sido cuna de pandillas. No le hemos cerrado las puertas a las pandillas y orado para que se vayan. Por el contrario, buscamos a los líderes y les dijimos: “Toda la pandilla es bienvenida. Entren y tomen ropa para todos. Tomen comida. Incluso tenemos lugares a los que pueden ir a conseguir ayuda para las adicciones. Si nos dejas, estamos aquí para ayudarlos.”
Vimos una necesidad y estuvimos dispuestos a actuar. Cuando esos miembros de la banda vieron que el carácter les daba la bienvenida, marcó una gran diferencia.
Cuando descubrimos que teníamos una comunidad de madres solteras que habían perdido su trabajo, reasignamos el presupuesto. Desfinanciamos al coro y trasladamos el dinero para llevar comida a esas madres hambrientas. Lo último de lo que tienen que preocuparse es de alimentarse a sí mismas y a sus bebés.
Dios trabaja a través de la iglesia local trabajando a través de nosotros, la Iglesia. Cuando el COVID desembarcó en escena y las iglesias tuvieron que cerrar, gran parte del Cuerpo de Cristo no sabía cómo ser la Iglesia por fuera de sus edificios. Sólo sabían cómo ser la Iglesia cuando entraban al templo. No debería haber sido necesaria una pandemia para enseñarnos a ser la Iglesia por fuera de nuestros edificios.
A mi modo de ver, si cierras tu iglesia y tu comunidad no te echa de menos, algo está mal. Es hora de que nos replanteemos lo que hacemos y cómo lo hacemos. Es hora de que lideremos con carácter.

Un producto natural
Nuestro carácter cristiano se puede resumir en el fruto del espíritu: «En cambio, la clase de fruto que el Espíritu Santo produce en nuestra vida es: amor, alegría, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, humildad y control propio. ¡No existen leyes contra esas cosas!» (Gálatas 5:22-23, NLT).
Observa que Pablo dice que el Espíritu Santo produce este fruto en nuestras vidas. ¿Por qué usó la palabra fruto? Porque es un producto natural de un ser viviente. Este fruto es un producto natural del Espíritu Santo viviendo en nuestro interior. No es producido por nosotros; es producido por Él. Muchas veces tratamos de producir estas cosas en nuestras vidas, y completamente ignoramos lo que el Espíritu Santo está produciendo en nosotros. Este fruto se manifiesta naturalmente en nosotros a medida que maduramos y crecemos en Él. Como el fruto físico necesita tiempo para crecer, el fruto del espíritu también necesita de tiempo para madurar.
Crecer en el Señor no se basa en cuánto tiempo hemos nacido de nuevo o cuántas palabras griegas conocemos. La madurez se basa en nuestra relación con Él. En lugar de enloquecer cuando los tiempos se ponen difíciles y crear otra lista de cosas por hacer, es poder decir: “Ahora estoy tranquilo a pesar de que antes estaba estresado porque confío en Él. Lo que Él ha hecho es suficiente.”

Dios no ha terminado Su trabajo en tu vida
Este es un momento emocionante para estar vivo. El Cuerpo de Cristo está descubriendo el poder de crecer en nuestro carácter por encima de todo. A medida que maduramos en Él, creo que Dios va a trabajar a través de nosotros en formas milagrosas. Trabajará a través de nosotros en nuestros hogares. Trabajará a través de nosotros en el trabajo, y en la calle. Prepárate, porque el Dios Todopoderoso se va a mostrar fuerte a través de Su Cuerpo como nadie lo ha visto antes.
Yo creo en ti. Creo que cosas asombrosas están a punto de ocurrir. Creo que podemos andar en un amor más grande del que jamás hayamos caminado. Podemos tener un mayor impacto del que jamás hayamos tenido.
No importa lo que haya pasado en tu vida, Dios no ha terminado Su trabajo. Puede que quieras renunciar, pero Él no te dejará hacerlo. Tienes el carácter piadoso que se necesita para hacer todo lo que Dios te ha llamado a hacer. Tienes el Espíritu Santo viviendo en tu interior.
Es tu momento. Respira profundamente y recuerda lo que has sido llamado a hacer.
Entonces, haz lo que es correcto.
Hazlo porque es lo correcto.
Y luego, ¡hazlo bien!
A medida que continúes desarrollando tu carácter, creo que te sorprenderás de lo que Dios es capaz de hacer como resultado de tu confianza en Él. V

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