La fe se prepara
De todas las cosas que aprendí del hermano Oral Roberts, una de las más valiosas fue la siguiente: Para que la fe funcione como Dios la diseñó, debe ir acompañada de la acción. En las palabras del Hermano Roberts, “Cuando Dios me dice que construya un edificio, si no tengo el dinero (y rara vez lo tenía), voy y cavo un hoyo. Incluso si todo lo que puedo hacer es un hoyo en la tierra, de todas maneras empiezo. Doy un paso de fe.”
Oral Roberts dio muchos pasos de este tipo durante su vida y ministerio. Prácticamente inventó la construcción de edificios por fe. Así que conocía muy bien la importancia del principio revelado en Santiago 2:17: «Lo mismo sucede con la fe: si no tiene obras, está muerta».
Las obras a las que se refiere ese versículo no significan el tipo de obras religiosas que la gente hace a veces para tratar de ganarse cosas de parte de Dios. Bajo el nuevo pacto, no recibimos de Dios haciendo obras religiosas. Recibimos todo por gracia a través de la fe. Así que Santiago simplemente nos dice que pongamos nuestra fe en acción, porque como lo dice la traducción de Weymouth, la fe sin “acciones correspondientes” está muerta.
¿Recuerdas a la mujer con el flujo de sangre en Marcos 5? Ella no sólo creía que sería sanada si tocaba el manto de Jesús, sino que también actuó conforme esa creencia. Se abrió paso entre la multitud que rodeaba a Jesús y tocó el borde de su manto. Cuando lo hizo «su hemorragia se detuvo, por lo que sintió en su cuerpo que había quedado sana de esa enfermedad.» (versículo 29).
¡Así es como funciona la fe! Actúa como si aquello por lo que cree fuera a suceder. Si no tuvieras la oportunidad de hacer lo que hizo la mujer con la hemorragia, la fe hace todo lo posible para preparar lo que Dios ha dicho para que sea una realidad manifiesta.
De nuevo, lo vemos en acción en Marcos 5, en la liberación del hombre poseído por el demonio en Gadara. Si lees con atención el relato de ese incidente es evidente que Jesús ya conocía de este hombre antes de su encuentro. Había oído hablar de su condición endemoniada –desnudo entre las tumbas, delirante y flagelándose con piedras— y creía que, cuando le ministrara, el hombre sería liberado. Así que se preparó para ello.
¿Cómo lo sabemos? Por lo que ocurrió cuando Jesús y sus discípulos llegaron al otro lado del Mar de Galilea donde vivía este hombre. Tan pronto como Jesús bajó de la barca, según las Escrituras:
«Pero [el hombre] al ver a Jesús de lejos, corrió para arrodillarse delante de él, y a voz en cuello le dijo: «Jesús, Hijo del Dios Altísimo, ¿qué tienes que ver conmigo? ¡Yo te ruego por Dios que no me atormentes!» Y es que Jesús le había dicho: «Espíritu impuro, ¡deja a este hombre!» Jesús le preguntó: «¿Cómo te llamas?», y él respondió: «Me llamo Legión, porque somos muchos.» Y el hombre le rogaba e insistía que no los mandara lejos de aquella región. Cerca del monte pacía un gran hato de cerdos, y todos los demonios le rogaron: «¡Envíanos a los cerdos! ¡Déjanos entrar en ellos!» Jesús se lo permitió. Y en cuanto los espíritus impuros salieron del hombre, entraron en los cerdos, que eran como dos mil, y el hato se lanzó al lago por un despeñadero, y allí se ahogaron. Los que cuidaban de los cerdos huyeron, y fueron a contar todo esto a la ciudad y por los campos. La gente salió a ver qué era lo que había sucedido, y cuando llegaron a donde estaba Jesús, y vieron que el que había estado atormentado por la legión de demonios estaba sentado, vestido y en su sano juicio, tuvieron miedo.» (Marcos 5:6-15).
¿De dónde salió la ropa?
Mira de nuevo el último versículo. Describe al hombre ya vestido, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿De dónde salió la ropa? Es obvio que el hombre poseído por el demonio había estado desnudo durante mucho tiempo (Lucas 8:27), así que no pudo haber sido ropa suya. Allí, en medio de la nada, entre las tumbas y las granjas de cerdos, no había ninguna tienda donde Jesús y Sus discípulos pudieran haber comprado ropa.
Así que… ¿de dónde salió la ropa?
Jesús la trajo consigo. Él sabía lo que iba a hacer, antes de partir hacia los gadarenos, y estaba preparado. Lo planeó con antelación.
¿Te imaginas a Jesús llamando a los discípulos antes partir, diciéndoles: “Quiero que vayan a buscar buena ropa. Voy a ministrarle a un hombre al otro lado del lago y la va a necesitar. Ahora mismo, él está desnudo y loco, pero él va a convertirse en un nuevo hombre y voy a llamarlo a predicar. Voy a enviarlo a su ciudad natal para que les cuente a todos sus amigos lo que Dios ha hecho por él, y quiero que vuelva bien vestido.”?
Estoy plenamente convencido de que eso es lo que ocurrió en este caso. El Padre celestial le reveló a Jesús por el Espíritu Santo (al igual que a nosotros) que iba a liberar a ese hombre; Jesús lo creyó y se preparó para que sucediera, porque eso es lo que hace la fe.
¡La fe siempre se prepara para lo que cree y alaba a Dios por su cumplimiento!
Por ejemplo, recuerdo cuando recién comenzaba en el ministerio y le creía a Dios por nuestro primer avión. Sabía el avión exacto que Dios quería que tuviéramos. Era un pequeño Cessna Skylane de cuatro asientos y un solo motor. Había liberado mi fe por esa avioneta, así que empecé a prepararme para que se manifestara. Como aún no tenía el dinero para comprarla, me preparé con antelación al comprar un estuche para mis cartas de navegación.
En poco tiempo, ya tenía las cartas y el SkyLane. Luego, obviamente, necesitaba un lugar donde ponerla, así que fui al aeropuerto de Oak Grove para conseguir un hangar. Para entonces ya había empezado a pensar en mi próximo avión, así que le dije al encargado que quería un hangar lo suficientemente grande para que cupiera un bimotor.
“Copeland, ¡no hay ningún hangar disponible en este aeropuerto!”, me dijo. “Hay tanta demanda, que la gente se los deja a sus familiares en su testamento.”
Sin embargo, me dijo que sí tenía disponibilidad de amarres, así que (poniendo la acción correspondiente a mi fe) elegí uno situado justo enfrente del hangar por el que estaba creyendo. Poco después fui a la ciudad de Shreveport a predicar, y en ese aeropuerto vi un bimotor Cessna y oí al Señor decirme en mi interior: Ese es tu avión.
El suegro de Jerry Savelle, Olin Creech, estaba conmigo en ese momento y se lo repetí. “¡Olin, ese es mi avión!” le dije. Resumiendo, resultó que el Cessna estaba en venta y, tras algunas negociaciones, el propietario accedió a vendérmelo por la cantidad exacta que El SEÑOR me dijo que pagara.
Al día siguiente, el gerente del aeropuerto de Oak Grove me llamó. “Esto supera todo lo que he visto”, comenzó. “Ese hangar que querías está disponible. ¿Todavía lo quieres?”
Le dije que sí, le pedí que por favor metiera mi avión y, de repente, tenía todo lo que había creído. Tenía el estuche para mis cartas, el avión bimotor y el hangar. Todo esto gracias a que había aprendido acerca de la fe que se prepara. La fe cree que recibe cuando ora (Marcos 11:24), y termina la oración con un “¡Gracias a Dios, ya es mío!”; a continuación, alaba a Dios y se prepara con antelación.
Deja que el amor sea tu motivación
“Pero hermano Copeland”, podrías decir, “mi vida no gira en torno a los aviones y ese ejemplo no me sirve de mucho. Ni siquiera tengo un buen auto. Todo lo que tengo es una vieja chatarra.”
Entonces empieza por ahí. Conversa con Dios sobre el tipo de auto que deseas, recibe dirección al respecto y encuentra escrituras en las que puedas apoyarte, como:
• «El Señor es mi pastor; nada me falta» (Salmo 23:1)
• «Busquen primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas.» (Mateo 6:33)
• «Que ellos digan siempre que el SEÑOR es maravilloso y que se pone contento cuando tienen éxito.» (Salmo 35:27, PDT)
• «Todo lo que pidan en oración, crean que lo recibirán, y se les concederá.» (Marcos 11:24).
La fe viene por escuchar La PALABRA, así que, al meditar en tales escrituras, la fe se levantará en tu corazón. Entonces puedes creer que recibes, alabar a Dios y empezar a prepararte.
Prepara todo. Barre el garaje. Empieza a tratar tu auto viejo como piensas tratar tu coche nuevo. Límpialo y ponlo en la mejor forma posible para que sea de BENDICIÓN para todos los que viajen contigo, así como también para el próximo dueño.
“Pero ni siquiera sé quién será el próximo dueño.”
Eso no importa. La fe trabaja por el amor, y el amor siempre tiene que ser tu motivación. Así que, aunque el auto que conduces ahora no sea muy bueno, mientras lo tengas, haz lo mejor que puedas para que sea de BENDICIÓN para quien puedas.
Jerry Savelle puso este principio en práctica hace años cuando se unió por primera vez a nuestro ministerio. Él estaba comenzando en la vida de fe y, aunque estaba creyendo en un buen auto, seguía manejando una viejera con un sinnúmero de problemas. Una fría mañana Jerry me llevó al aeropuerto en su auto… era como estar sentado en un refrigerador. A pesar de que tenía mi abrigo puesto, era muy incómodo.
“¡Jerry, pon la calefacción!”, le dije.
“Ya está al máximo”, me respondió.
Golpeando el tablero, le ordené a la calefacción: “¡Funciona, en el nombre de Jesús!” y se encendió con tanta fuerza que al poco tiempo nos estábamos asando. Le dije a Jerry que lo bajara, pero no pudo. “¡No se apaga!”, me respondió.
Ese auto estaba desgastado, pero no estaba sucio. Jerry hizo todo lo posible para mantenerlo en la mejor forma. Aunque todavía no era el automóvil por el que estaba creyendo, el usaba ese vehículo para servir al SEÑOR porque lo amaba, amaba a la gente y estaba determinado a ser de BENDICIÓN.
Dios es Amor. Él tiene fe. Entonces, cuando estamos operando en el tipo de fe de Dios, el amor debe ser siempre nuestra motivación.
Cuando Jesús se preparaba para Su encuentro con el hombre poseído por el demonio en Gadara, el amor era Quien lo motivaba. Puso Su fe en conseguir la liberación del hombre porque estaba movido por compasión hacia él. Le preparó vestimenta porque lo amaba. Luego liberó al hombre y lo envió a casa para que predicara el mensaje del amor de Dios a todos sus amigos.
Como creyentes, estamos llamados a actuar de la misma manera. Efesios 5:1-2, dice que debemos «ser imitadores de Dios [copiarlo y seguir Su ejemplo], como hijos amados [imitan a su padre]. Y anden en amor [estimando y deleitándose los unos en los otros] como Cristo nos amó y se entregó por nosotros» (Biblia Amplificada, Edición Clásica).
El amor es nuestra ley del nuevo pacto. Jesús dijo: «Un mandamiento nuevo les doy: Que se amen unos a otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes unos a otros.» (Juan 13:34). Es más, la fe «se activa, se dinamiza y se expresa… mediante el amor» (Gálatas 5:6, AMPC). Así que, si has hecho todo lo que sabes hacer y tu fe no parece estar funcionando, es sabio revisar tu andar en amor.
El SEÑOR me recordó sobre este tema a lo grande hace años, después de que habíamos estado haciendo transmisiones diarias de televisión ya por un tiempo. En primer lugar, yo no quería hacerlas, pero Dios me había dicho que lo hiciera, así que hice lo que Él me había ordenado; sin embargo, no lo disfrutaba. Estaba tan agotado a causa de las grabaciones, que el único momento en el que sonreía era cuando miraba a la cámara y se encendía la luz roja.
Un día estaba hablando con el Señor sobre algunos desafíos financieros que el ministerio había estado enfrentando y que yo creía se resolverían, y cité Isaías 1:19. “SEÑOR”, comencé, “Tú prometiste en tu PALABRA que, si «quieren y me hacen caso, comerán de lo mejor de la tierra».”
Tú no calificas para eso, me dijo. Has sido obediente, pero no has estado dispuesto. No has tenido una sola palabra buena que decir sobre la televisión diaria desde que empezaste a hacerla.
Inmediatamente me arrepentí y cambié de actitud. A partir de entonces, empecé a decir: “Me gusta la televisión diaria.” Aunque al principio no me sentía diferente, un día me di cuenta: ¡Realmente amo la televisión diaria! ¡Me fascina porque amo a mis Colaboradores!
Ahora, cuando estoy grabando las emisiones diarias de televisión y miro a la cámara, no veo simplemente un pequeño agujero negro… ahora veo a mis Colaboradores. Les predico y me gusta hacerlo porque los amo y a todas las demás personas que ven esos programas.
¡Así es como funciona el sistema de Dios! Funciona por la fe que es energizada por el amor. Así que, cualquier cosa por la que estés creyendo, asegúrate de que el amor sea tu motivación; luego, cree que recibes de acuerdo con la PALABRA de Dios, alábale y añade tu acción correspondiente.
“¡Cava un hoyo!” como decía el Hermano Roberts. Haz todo lo que puedas para prepararte para que la PALABRA de Dios se convierta en una realidad manifiesta en tu vida, porque ¡la fe se prepara! V