¡Simplemente hazlo bien!
“El secreto del éxito no es más que hacer lo que sabes hacer bien; y hacerlo bien, sea como fuere, sin pensar en la fama.”
Hace poco me acordé de esta cita de Henry Wadsworth Longfellow mientras veía una repetición del programa Shark Tank, el reality show en el que empresarios hacen presentaciones de negocios ante un panel de inversionistas (los tiburones) con la esperanza de conseguir respaldo financiero.
Entre los que presentaban sus productos había un señor mayor al que reconocí como Wally Amos, el creador de las galletas de chocolate de fama mundial, reconocidas como Famous Amos.
A mediados de la década de 1970, Amos se había convertido en un empresario consolidado en la industria del entretenimiento. Acababa de dejar su trabajo como el primer agente de talentos afroamericano en la agencia William Morris para gestionar sus propios clientes. Como tenía un don para la cocina, a menudo horneaba galletas y las repartía entre la gente mientras asistía a eventos o visitaba los sets de televisión y cine. Las galletas pronto se hicieron tan populares entre la gente como lo era el propio Amos.
“Llegó un punto en el que la gente ya no me decía ‘Hola’ cuando me veía”, recordaría Amos más tarde. “Me decían: ‘¿Dónde están mis galletas?’” Poco tiempo después, esas mismas personas le aconsejaban a Amos que se metiera en el negocio de las galletas. Fue un buen consejo.
En marzo de 1975, Amos pidió prestados 2.000 dólares y abrió su primera tienda independiente de galletas gourmet en el Sunset Boulevard de Hollywood. En cuestión de meses, ya tenía dos tiendas más y vendía sus galletas de receta familiar a muchas de las mismas personas a las que solía dirigir. Los medios de comunicación incluso bautizaron el producto Famous Amos como “la galleta del Jet Set”. Para 1980, las galletas Famous Amos habían generado 5 millones de dólares. Cinco años después, las ventas se habían duplicado y Wally Amos se convirtió en millonario.
Desafortunadamente, resultó que Amos era mejor haciendo galletas que dirigiendo un negocio. Los problemas financieros lo llevaron a vender la marca Famous Amos, incluyendo los derechos para usar su nombre e imagen en los materiales de publicidad.
Al aparecer en Shark Tank en 2016, Amos, que en ese momento tenía 80 años, lucía una nueva marca: The Cookie Kahuna. Era el nombre que adoptó después de perder su negocio de galletas y hacer un último intento por empezar de cero. Amos buscaba $50.000 dólares de los inversionistas a cambio del 20 % de las acciones del nuevo negocio. Cuando le preguntaron por qué había fracasado en su primer negocio, Amos les dijo a los tiburones: “Soy un buen promotor, pero no soy un hombre de negocios. Mi enfoque no estaba en cuánto dinero iba a ganar, solo quería pasar un buen rato.” Respetuosamente, los tiburones decidieron no morder y Amos salió del tanque con las manos vacías.
Para citar a Longfellow: “El secreto del éxito no es más que hacer lo que sabes hacer bien; y hacerlo bien, sea como fuere, sin pensar en la fama.”
La Biblia dice en Zacarías 4:10: «No menosprecien estos modestos comienzos, pues el Señor se alegrará cuando vea que el trabajo se inicia» (Nueva Traducción Viviente). No siempre hace falta hacer algo grande para ser famoso. A veces, la fama se consigue simplemente haciendo feliz a alguien. Wally Amos, quien falleció en agosto de 2024 a los 88 años, hizo precisamente eso. Alcanzó el éxito haciendo lo que sabía hacer bien. Y, en el camino, hizo feliz a mucha gente. Ese es el legado que deja.