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Tienes el poder de mantenerte firme

Cuando el apóstol Pablo escribió el libro de Efesios, la iglesia de esa ciudad estaba en serios problemas (lee el capítulo 4). Estaban permitiendo la malicia, la amargura y la murmuración; actitudes y acciones que no son indicativas de personas victoriosas.
En el pasado habían andado en el poder de Dios, con sus cerebros llenos de información, conocimiento y revelación divina, pero claramente estaban viviendo muy por debajo del nivel esperado. Necesitaban despertar y recibir un nuevo toque de poder divino. Pablo les dijo que:

• Estaban elegidos por Dios, adoptados en Su familia y redimidos (capítulo 1)
• Eran salvos por la gracia de Dios (capítulo 2)
• Eran parte del propósito eterno de Dios en la Iglesia (capítulo 3)
• Eran capaces de operar en el ministerio quíntuple (capítulo 4)
• Necesitaban ser “llenos del Espíritu” (capítulo 5, versículo 18).

Acto seguido, después de exponer esas revelaciones, comenzó a presentarles a los efesios sus conclusiones, empezando con la expresión “por último”. Podría aparentar como insignificante cuando se la lee por primera vez, pero en el idioma original (griego) es vital. Significa más que el uso contemporáneo de “por último”. Significa “veamos finalmente el asunto más importante en cuestión”. En otras palabras, Pablo se había reservado lo mejor para el final.

Un mandato divino
En Efesios 6:10 (NVI), Pablo escribió: «Por último, fortalézcanse…».
No les estaba dando una sugerencia, sino un mandamiento divino. La afirmación fortalézcanse está en forma imperativa en el griego y significa: “Esto mismo es lo que quiero que hagan”.
Es un compuesto de dos palabras griegas. La primera es dunamis, que normalmente se traduce como poder, pero que es mucho más que eso. Los antiguos griegos utilizaban la palabra dunamis para describir una fuerza de la naturaleza como un huracán, un tornado o un terremoto; también la usaban para describir el poderío militar de un ejército en avanzada.
Cuando se combina con la segunda palabra in, significa que este poder ha sido colocado en un contenedor: ¡nosotros! Nosotros somos los recipientes que Dios ha creado para contener este poder divino.
Pablo sabía que esa misma palabra también la utilizaban los escritores griegos clásicos para describir a individuos ordinarios que recibían un toque sobrenatural de los dioses y se transformaban en seres sobrenaturales. Él estaba declarando que, cuando este poder divino se deposita dentro de nosotros, nos transforma. Ya no somos débiles, sino ¡superhéroes de la fe!

Ya tienes el poder
¿Cómo conseguimos este poder dunamis? La respuesta la encontramos en las siguientes tres palabras de Efesios 6:10: «Por lo demás, fortalézcanse en el Señor.» (énfasis del autor).
El poder dunamis está encerrado en la persona de Jesucristo. No podemos obtenerlo en ningún otro lugar. Cuando estamos “en Él”, tal cual nos dice Efesios 1, estamos rodeados de Su poder divino. Nos codeamos con él. Está tan cerca como nuestro próximo aliento.
¡Dios lo ha hecho muy fácil! Puso el poder en Jesús, y luego nos puso a nosotros en Jesús. Estamos inmersos en este poder dunamis. Simplemente tenemos que tomarlo por fe.
A continuación, Pablo fue un paso más allá. Dijo: «Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza» (RVA-2015). Presta atención que Pablo diferenció entre poder y fuerza.
La palabra poder en el griego se refiere a un poder demostrado y tangible. Es algo que podemos sentir; es el tipo de poder que invadió la tumba y sacudió la tierra cuando Jesús resucitó de entre los muertos; es el tipo de poder que está detrás de las señales y los prodigios, los milagros y la capacidad de expulsar demonios.
La palabra poder en este versículo es la palabra griega ischus. Podría utilizarse para describir un físico culturista musculoso. La expresión proyecta la imagen de Dios flexionando Sus músculos mientras Su poder fluye a través de nosotros, de manera visible y tangible.

Tu Armamento Divino
En el siguiente versículo, Pablo relaciona el poder divino de Dios con el armamento divino. Escribió: «Pónganse toda la armadura de Dios…» (Efesios 6:11, NTV).
A algunas personas les gusta levantarse por la mañana y fingir que se están poniendo la armadura de Dios como una acción de fe. Cuando Pablo dijo que debíamos “ponernos” la armadura, en realidad utilizó las mismas palabras que había usado en el versículo 10 cuando dijo «fortalézcanse». Esta fuerza divina de la naturaleza, este huracán espiritual que nos transforma en seres sobrenaturales nos pone la armadura de Dios. Cuando andamos en el poder de Dios, ¡también andamos con el armamento que Él nos proporciona!
Dicho de otra manera: cuando el poder de Dios nos impacta, no sólo nos llena, sino que también nos reviste con un casco en la cabeza, una coraza, nos proporciona un escudo y una espada, botas y una lanza. Nos equipa con “toda la armadura de Dios”. Se nos ha dado todo lo necesario para la batalla. Pero, si queremos estar revestidos con Su armadura, debemos estar caminando en Su poder.
En el momento en que nos alejamos del poder, estamos en problemas. La armadura comenzará a caerse. Eso es lo que les pasó a los efesios. Ellos fueron salvos, pero estaban de pie y desnudos ante el enemigo. En Hechos 19, leemos acerca de los Efesios experimentando poderosos milagros. Pero, cuando leemos sobre ellos en Apocalipsis 2, vemos cuán lejos se habían alejado de esos primeros días de poder divino.
Ellos todavía tenían una gran iglesia. Todavía leían sus Biblias. Pero se habían alejado del poder que una vez conocieron. Por eso Jesús les ordenó que volvieran a donde habían estado antes (versículo 5).

Guerra espiritual
A continuación, vemos que debemos ponernos: «toda la armadura de Dios para poder mantenerse firmes contra todas las estrategias del diablo.» (Efesios 6:11, NTV, énfasis del autor).
La palabras «mantenerse firmes» transmiten la imagen de un soldado romano erguido, con la cabeza en alto y los hombros echados hacia atrás, lleno de confianza por su fuerza. Eso es lo que somos cuando tenemos el poder de Dios que nos reviste con su armamento divino.
Contra es la palabra griega pros, que significa estar cara a cara, ojo a ojo. Cuando la vida nos golpea con problemas, no tenemos que desplomarnos. Podemos echar los hombros hacia atrás y mantener la cabeza erguida, porque tenemos todo lo necesario para enfrentarnos con confianza al enemigo.
A continuación, Pablo describió los poderes que se han organizado contra nosotros, utilizando la palabra “pros” una y otra vez, porque esto es lo que debemos enfrentar con confianza: «Pues no luchamos contra enemigos de carne y hueso, sino contra gobernadores malignos y autoridades del mundo invisible, contra fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y contra espíritus malignos de los lugares celestiales.» (versículo 12, NTV, énfasis del autor).
En griego, los poderes descritos en este pasaje se refieren a fuerzas enemigas altamente organizadas, disciplinadas y enfocadas. El enemigo no se arriesga. Él aprovecha sus tropas y las envía para que sean malignas, malévolas y maliciosas. No estoy tratando de asustarte. Estoy tratando de prepararte porque el enemigo que asaltó a la iglesia de Éfeso es el mismo que enfrentamos hoy, y es muy real. Ellos tuvieron que despertarse ante el asalto, y nosotros también.

Comprometidos, organizados y disciplinados
Una vez le pregunté al Señor: “Si tenemos más poder y autoridad que el diablo, si tenemos la sangre de Jesús y la Palabra de Dios, ¿por qué pareciera que el diablo tiene tantas victorias?”
El Espíritu Santo me respondió: Porque el diablo tiene algo que la Iglesia no tiene… compromiso, organización y disciplina.
El diablo se toma en serio la victimización de la raza humana, mientras que el feligrés promedio se esfuerza por asistir a la iglesia una vez al mes.
¿Qué ha pasado con nuestro nivel de compromiso, organización y disciplina?
Tenemos más poder que el enemigo. Tenemos más autoridad. Tenemos la sangre. Tenemos la Palabra. Sin embargo, el diablo está comprometido, organizado y disciplinado, algo de lo que carece la Iglesia hoy en día.
En cambio, deberíamos vernos como el ejército de Dios. Si nos comprometemos, organizamos y disciplinamos más que el enemigo, ¡no habrá quien pueda detenernos!
Pablo continuó en el versículo 13: «Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo…» (RVA-2015). ¿Qué es “el día malo”? En este caso particular, Pablo estaba hablando de cualquier día en que te despiertes con el mal a tu alrededor. Si te levantas y estás enfermo, el mal ha intentado penetrar en tu día. Si te levantas y tienes un problema en tus finanzas, el mal ha tratado de interrumpir tu día. Cualquier día que te despiertes y encuentres que el mal ha tratado de entrar en tu día, no tienes que aceptarlo. ¡Has recibido poder divino y armamento divino para resistirlo!

Tú serás el que quede en pie
Entonces Pablo escribió: «y, después de haberlo logrado todo, quedar firmes» (versículo 13, RVA-2015). Algunas personas piensan que él quiso decir, “Si nada más funciona, entonces sólo aguanta hasta el final”. Pero si la Palabra, la sangre, la armadura y el poder de Dios no funcionan… estar firme tampoco ayudará. (¡Y, por cierto, todas esas cosas funcionan!)
¿Qué quiso decir Pablo? La conjugación verbal en el griego nos lo revela. Significa, “Y habiendo llevado tu batalla a una conclusión final”. En este versículo, Pablo profetizó sobre la conclusión final: “Tú serás el que quede en pie”.
Esta es la imagen que Dios tiene de tu futuro. Puede que te veas como un luchador, pero cuando Dios saca una foto de ti de Su billetera, Él no te ve como una persona llena de desafíos. Él proclama el final desde el principio. Cuando Él mira tu foto del futuro, dice: “Cuando esta batalla se termine, estarás de pie”. Esa es tu perspectiva eterna.
Es por eso que Pablo comenzó su siguiente declaración con: «Permanezcan, pues, firmes» (versículo 14). Estarás de pie al final sea como fuere, así que mejor ponte de pie ahora. Mantén la cabeza en alto. Echa los hombros hacia atrás. Pon tu fe a trabajar y aférrate a todo lo que Dios tiene para ti.
Esto es lo que somos. No somos víctimas. Somos vencedores. Para que nos mantengamos firmes como Dios profetiza, tenemos que obedecer el versículo 10. «Fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza» (RVA-2015). Cuando Su poder fluye en nosotros, nos transforma en superhéroes de la fe.
Y cuando Su poder nos llena, nos reviste de su armamento divino para que podamos hacer «frente a las intrigas del diablo» (versículo 11).
Sí, hay un enemigo real que viene contra nosotros (versículo 12). Si has dejado tu armadura de lado, no es demasiado tarde. Así como Pablo animó a los efesios, puedes volver a recogerla. Este armamento te permitirá llegar hasta el final (versículo 13).
Cuando todo esté dicho y hecho, ¡todavía estarás firme! V

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