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Una Fe incorruptible

Al comienzo de este ministerio, el Señor me habló tan poderosamente que, incluso hoy, Sus palabras todavía resuenan en mi espíritu. Me dijo: “Regresaré tan pronto, que quiero este mensaje incorruptible de fe en todo medio disponible.”
Con esa sola declaración, Él encendió un fuego en mí que ha estado ardiendo durante más de 50 años. Encendió en mí un sentido de urgencia, e identificó el mensaje exacto que Él quiere que Su pueblo escuche en estos últimos días antes de Su regreso.
Él quiere que escuchemos el mensaje incorruptible de fe.
¿Por qué es tan vital este mensaje? Porque la fe incorruptible es la clave para vivir en victoria. Es la clave para caminar en LA BENDICIÓN de Dios en medio de un mundo cada vez más oscurecido por el pecado.
“Pero hermano Copeland”, podrías decir, “no sé muy bien de que se trata la fe incorruptible”.
Es creer y actuar en la PALABRA de Dios, sin importar las circunstancias. Es poner una confianza absoluta en sus «preciosas y grandísimas promesas» (2 Pedro 1:4) y hacer lo que Él dice, incluso cuando parezca que te costará. Es el tipo de fe que vemos en acción, por ejemplo, en el libro de Daniel. Se trata de un rol inspirador de una fe incorruptible. Daniel y sus tres amigos nos proporcionaron uno de los más maravillosos ejemplos bíblicos. Una y otra vez, se enfrentaron a situaciones en las que su confianza y obediencia a Dios expusieron sus vidas a un peligro de muerte. Sin embargo, se mantuvieron repetidamente fieles a Su PALABRA. Resistieron la presión del mundo y se negaron a dar concesiones.
Quizás recuerdes su historia: de adolescentes, fueron llevados como cautivos judíos desde Judá a Babilonia. Reclutados al servicio del rey de Babilonia, fueron llevados al palacio y empujados al corazón mismo de una brutal cultura pagana. Inmediatamente, su fe se enfrentó a grandes desafíos.
El primero de ellos surgió, tal cual lo expresa Daniel 1, cuando «el rey señaló provisiones de su propia comida y de su propio vino.» (versículo 5). Tales alimentos estaban prohibidos por las leyes del Antiguo Pacto de Dios. Sin embargo, Daniel y sus amigos recibieron la orden de comerlos durante tres años para poder presentarse ante el rey.
Una negativa pondría en peligro su futuro.
«Daniel se propuso no contaminarse con la ración de la comida y bebida del rey que se le daba» (versículo 8). En su lugar, pidió al hombre a cargo de los sirvientes del rey alimentos más sanos que se ajustaran a la PALABRA de Dios.
“¡Mi trabajo es engordarte!”, argumentó el hombre. “Si no lo hago, voy a quedar mal ante el rey. Podría costarme la cabeza.”
Aquí mismo es donde Daniel puso su primera estaca incorruptible en tierra. Aferrándose a su pacto con Dios, le respondió: «Yo te ruego que hagas con estos siervos tuyos una prueba de diez días. Ordena que nos den de comer legumbres, y que nos den de beber agua. Después de esta prueba, compara nuestro semblante con el de los otros jóvenes que reciben la ración de la comida del rey, y haz entonces con estos siervos tuyos según lo que veas.» (versículos 12-13).
El hombre aceptó el trato, y al final de los 10 días, Daniel y sus amigos habían demostrado que creer y obedecerle a Dios no cuesta… por el contrario ¡paga! Incluso después de comer sólo verduras y beber agua, «el semblante de ellos era mejor y más robusto que el de los otros jóvenes que recibían la ración de la comida del rey» (versículo 15).

Libre del azúcar
No es casualidad que la primera presión que enfrentaron Daniel y sus amigos tuviera que ver con la comida. La comida ha sido una BENDICIÓN y un problema desde el Jardín del Edén. El primer pecado del que fue presa la humanidad consistió en comer algo prohibido… y el pueblo de Dios ha tenido problemas en esta área desde entonces.
“Pero Hermano Copeland, como creyentes del Nuevo Testamento, no estamos obligados por las leyes dietéticas del Antiguo Pacto como lo estaban Daniel y sus amigos”.
Lo sé. Pero, aun así, Dios nos dejó esas leyes en la Biblia por una razón: Contienen gran sabiduría científica. Fueron diseñadas por Dios para permitirle a Su pueblo vivir los 120 años de vida establecidos en Génesis 6:3. Así que, aunque ya no estemos obligados a cumplirlas como un requisito religioso, sigue siendo prudente prestarles mucha atención.
También es prudente observar que, durante las tentaciones de Jesús en el desierto, lo primero con lo que el diablo lo tentó fue con la comida. Esperó hasta que Jesús hubiera ayunado durante 40 días, el tiempo suficiente para que el hambre se apoderara de él, y luego lo presionó para que convirtiera las piedras en pan. Jesús sabía que podía hacerlo. Pero hacerlo por indicación del diablo sería desobedecer la PALABRA de Dios, tal como lo hicieron Adán y Eva en el Jardín.
Así que, en lugar de transgredir La PALABRA y dar concesiones, Jesús la usó contra el diablo. Le respondió: «Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» (Mateo 4:4).
Me llevó mucho tiempo aprender esta lección. Cuando era muy joven, adquirí el hábito de comer poco saludable –y comer demasiado— y luché una batalla sin éxito contra mi peso hasta los 30 años. Ahora peso 75 kg, pero hubo un tiempo, hace muchos años, en que pesaba 118 kg. Es peligroso para alguien de mi tamaño cargar con tanto peso.
Sin embargo, en 1966, cuando estaba a punto de convertirme en estudiante de la Universidad Oral Roberts, pesaba 107 kg. El SEÑOR me dio una orden del cielo. Me dijo: ¡Comienza hoy mismo a quitarte ese peso de encima!
Para entonces, por supuesto, había nacido de nuevo y había sido bautizado en el Espíritu Santo. Por lo tanto, ya había sido librado de un sinnúmero de cosas. Sin embargo, no lograba comprender cómo Dios me ayudaría en esta área. “Señor, tú me libraste de fumar”, le dije. “Me libraste del alcohol. Pero ¿cómo puedes librarme de la comida?”
Su respuesta fue inmediata. Te libré de fumar, no de respirar. No te libré de la bebida, sino del alcohol y de otras estupideces.
Al pensar en Su respuesta, empecé a reconocerlo: No necesitaba liberación de la comida. Necesitaba liberación de los tipos de comida equivocados.
¡Yo puedo librarte del azúcar!, me dijo El Señor.
Para algunas personas, recibir tal liberación no sería gran cosa, pero para mí lo fue. En aquel entonces, era una gran victoria si podía comer sólo un par de rosquillas y no toda la caja. Solía coger una barra de pan caliente sin rebanar de la panadería, ponerle una barra de mantequilla en el interior y comerla toda. Perjudicaba mi salud. Pero aun así, dejar de comerlo fue difícil.
¿Cómo lo logré? La clave fue tomar la decisión inicial y luego volver a tomarla cada vez que se me presentaba la oportunidad de fallar en mi compromiso. Por Su gracia, lo hice, y a los 86 años gozo de mejor estado físico que a los 30. Estoy sano, lleno de energía y viajando por todas partes, predicando la PALABRA incorruptible de fe. ¡Gloria a Dios!

Un sueño olvidadizo y una estatua de oro
El segundo desafío de fe que Daniel y sus amigos enfrentaron en Babilonia surgió como resultado de un sueño que tuvo el rey. Se despertó consciente de que era importante, pero no podía recordar de qué se trataba. Pidió ayuda a los sabios de Babilonia, y exigió que le contaran tanto el sueño como su interpretación. “¡No podemos hacer eso!”, le dijeron. “Será mejor que encuentren la manera”, respondió el rey. “Si no, los mataré”.
Daniel y sus amigos se consideraban sabios y se enfrentaban al mismo destino que los demás. Así que oraron y le pidieron ayuda a Dios. Él les reveló el sueño y su significado, y Daniel lo compartió con el rey. Cuando lo hizo, Daniel 2:46 (RVA-2015) dice: «Entonces el rey Nabucodonosor se postró sobre su rostro y rindió homenaje a Daniel.»
Lee eso de nuevo. El rey rindió homenaje a Daniel.
Recibir esa clase de adulación es peligroso. Si una persona es propensa a dar concesiones, comenzará a inventar sueños para mantener tal adulación. Empezará a dominar a la gente y a llenarse de orgullo, lo que precede a la caída. Pero Daniel no tomó ese camino. Sin comprometer su fe, le dio toda la gloria a Dios, y lo mismo hizo Nabucodonosor.
Le dijo a Daniel: «Ciertamente el Dios de ustedes es Dios de dioses y Señor de reyes. Él revela los misterios, pues tú pudiste revelar este misterio. Entonces el rey engrandeció a Daniel y le dio muchos y grandes regalos. Le dio dominio sobre toda la provincia de Babilonia y lo hizo intendente principal de todos los sabios de Babilonia. Daniel solicitó del rey, y él designó a Sadrac, a Mesac y a Abednego sobre la administración de la provincia de Babilonia. Y Daniel permaneció en la corte del rey.» (versículos 47-49, RVA-2015).
La mayoría de las veces, cuando te enfrentas al diablo y te niegas a dar concesiones en un área determinada, él vendrá a ti con otra prueba que cree que será más tentadora. Si te enfrentas a eso, serás promovido. Es más, algo poderoso sucede dentro de ti. Tu victoria ante esta prueba te hace más fuerte. Edifica tu carácter y le hace el trabajo más difícil al diablo.
Eso es lo que le pasó a Daniel y a sus amigos. Y es bueno que así fuera, porque necesitaban esa fortaleza de carácter para enfrentarse a lo que el rey Nabucodonosor hizo a continuación. Construyó un ídolo de oro de 30 metros de altura para que toda la gente de su reino lo adorara. Aparentemente ya había olvidado lo que había dicho acerca de que Dios era el «Dios de dioses», así que envió un heraldo y emitió este decreto:
«Se ordena a ustedes, oh pueblos, naciones y lenguas, que al oír el sonido de la corneta, de la flauta, de la cítara, de la lira, del arpa, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postren y rindan homenaje a la estatua de oro que ha levantado el rey Nabucodonosor. Cualquiera que no se postre y rinda homenaje, en la misma hora será echado dentro de un horno de fuego ardiendo» (Daniel 3:4-6).

El cuarto hombre
Piensa en la presión a la que estuvieron sometidos Daniel y sus amigos en aquella situación. La orquesta del rey estaba tocando, y todos se inclinaban ante su estatua, excepto Daniel, Sadrac, Mesac y Abednego. Se negaron a violar su pacto con Dios al adorar un ídolo.
Cuando el rey se enteró, se puso furioso. Ordenó que trajeran a Sadrac, Mesac y Abednego ante él y les dijo que la próxima vez que la orquesta tocara, de adorar la imagen de oro, todo estaría bien. Pero, «…si no le rinden homenaje, en la misma hora serán echados en medio de un horno de fuego ardiendo. ¿Y qué dios será el que los libre de mis manos?» (versículo 15).
Sadrac, Mesac y Abednego ni siquiera tuvieron que pensar su respuesta. Inmediatamente contestaron: «Si es así, nuestro Dios, a quien rendimos culto, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, que sea de tu conocimiento, oh rey, que no hemos de rendir culto a tu dios ni tampoco hemos de dar homenaje a la estatua que has levantado.» (versículos 17-18).
Aquellos hombres nunca habían oído hablar de que Dios librara a alguien de un horno de fuego. Ellos creyeron y dijeron que Él era capaz. Pero, sea como fuere, no habría ninguna diferencia. Su actitud era: “¡Preferimos arder antes que deshonrar a Dios!”
Esto enfureció aún más al rey, así que ordenó que el horno se calentara siete veces más. Entonces ordenó que los tres judíos fueran arrojados al infierno. Sin embargo, cuando miró hacia abajo en la fosa, saltó de asombro y dijo a sus consejeros: «—¿No echamos a tres hombres atados dentro del fuego?…—He aquí, yo veo a cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego y no sufren ningún daño. Y el aspecto del cuarto es semejante a un hijo de los dioses.» (versículos 24-25, RVA-2015).
¿Quién era el cuarto hombre en el horno?
Jesús.
Él se presentó ante esos tres hombres de fe incorruptible con tanto poder, que salieron del fuego totalmente ilesos. Ni siquiera olían a humo. El rey Nabucodonosor quedó tan impresionado, que prohibió a cualquier persona en Babilonia hablar una palabra contra Dios y promovió a Sadrac, Mesac y Abednego a cargos gubernamentales aún más altos.
La primera vez que escuché un mensaje sobre el cuarto hombre en el horno de fuego, era Oral Roberts quien lo predicara. Él fue quien sembró en mí la semilla de lo incorruptible. Se volvió mi padre en la fe, y me inculcó que: “Si te inclinas, te quemas. Toda concesión que hagas para mantener algo, terminará en pérdida”.
Recuerda esa verdad, y toma una decisión de calidad para caminar en una fe incorruptible en la PALABRA de Dios. Descubre lo que dice sobre tu vida espiritual, tu sanidad, tus finanzas y todo lo demás. Entonces créelo y actúa de acuerdo a ello, sin importar lo que suceda.
Si te apegas a ese plan, Jesús aparecerá en tu vida cuando todo el mundo parezca estar en contra tuya. Él te guiará a través del fuego, te protegerá y te promoverá, ¡y la victoria será tuya! V

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