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Viviendo en el Reino de Dios

¿Sabes por qué ocurrieron tantos milagros alrededor de Jesús cuando estuvo en la tierra? ¿Sabes por qué, una y otra vez, cuando Él se presentó y la gente creyó en lo que Él dijo, fueron sanados, liberados y puestos en libertad de manera sobrenatural?
La mayoría de los cristianos dirían que fue porque Él es el Hijo de Dios. Y aunque ciertamente esa es Su identidad, esa no fue la razón.
Jesús Mismo lo dijo.
En Marcos 1, le dijo a la gente que venía a escucharlo predicar exactamente por qué podían esperar experimentar el poder maravilloso de Dios cuando Él ministraba. Decía: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado.» (versículo 15).
La frase «el tiempo se ha cumplido» indica que, cuando Jesús entró en escena, empezó a suceder algo que no había sucedido antes. A través de Su ministerio, el reino de Dios –que antes parecía inalcanzable, que no existía en la tierra sino en algún lugar del cielo— se volvió de repente accesible para la gente.
“¡El reino de Dios está aquí y ahora!”, les dijo Jesús. “Este es un nuevo día y hay un nuevo camino. Arrepiéntanse y dejen sus pecados. Den la espalda a sus viejos hábitos, crean en las buenas noticias y vengan al reino de Dios.”
Jesús no sólo predicó sobre la llegada del reino de Dios, sino que también lo demostró. Ungido por Dios con el Espíritu Santo y con poder «anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo» (Hechos 10:38).
Dondequiera que Jesús iba, si la gente lo recibía y a Su mensaje, se producían avances en el Reino. Estallaban erupciones de poder divino. Los milagros se manifestaban. Las ataduras demoníacas eran destruidas. La voluntad de Dios se hizo en la tierra como en el cielo y el reino de Dios se convirtió en una realidad terrenal. La gente experimentó su influencia en sus vidas.
“Pero Gloria, ¿cómo puedes asegurar que esas cosas no ocurrieron en el ministerio de Jesús tan solo porque Él es el Hijo de Dios sin mancha?”
Porque, cuando envió a Sus discípulos, les dijo que ministraran de igual manera. «En cualquier ciudad donde entren, y los reciban… Sanen a los enfermos que allí haya, y díganles: “El reino de Dios se ha acercado a ustedes.”» (Lucas 10:8-9). Los discípulos de Jesús siguieron Sus instrucciones, predicaron el mismo mensaje que Él predicó, y obtuvieron los mismos resultados sobrenaturales.
Es más, después de que Jesús finalizó Su ministerio terrenal y ascendió al cielo, Sus discípulos siguieron con el mismo plan. Ellos continuaron predicando el evangelio del Reino y viendo avances en el Reino.
También lo hicieron los que creyeron en su mensaje.
En el libro de los Hechos, los cristianos todos los días iban compartiendo las buenas noticias sobre Jesús con la gente y manifestando el poder de Dios en escena. Creyentes como Esteban, que no era un apóstol sino simplemente un «hombre lleno de fe y del Espíritu Santo», «hacía grandes prodigios y milagros en el pueblo» (Hechos 6:5, 8, RVA-2015).
Jesús ya había dicho que los creyentes podrían hacer tales cosas. Cuando el proclamó la Gran Comisión, Él dijo:
«Y estas señales acompañarán a los que crean: En mi nombre expulsarán demonios, hablarán nuevas lenguas… pondrán sus manos sobre los enfermos, y éstos sanarán… Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.» (Marcos 16:17-18; Mateo 24:14).
Esa es la comisión de la Iglesia del Nuevo Testamento. Como creyentes nacidos de nuevo, todos estamos llamados a proclamar las buenas noticias de que, a través de Jesús, el reino de Dios está aquí, y demostrar su poder. Dondequiera que vayamos, deben ocurrir rompimientos sobrenaturales.
Cuando nos presentamos en algún lugar, el reino de Dios debería manifestarse porque somos embajadores de ese reino. Estamos en él, ¡y él está en nosotros!

Donde el Rey tiene dominio
“Pero, ¿cómo puedes decir que estamos en el reino de Dios cuando todavía vivimos en este mundo terrenal?”, podrías preguntarte.
Puedo asegurarlo porque la Biblia misma lo dice. Colosenses 1:13 expresa que Dios «nos ha librado del poder de la oscuridad y nos ha trasladado (tiempo pasado) al reino de su amado Hijo». Al igual que todos aquellos que ya han sido trasladados al reino de Dios, vivimos en él sin importar dónde estemos. El reino va con nosotros dondequiera que vayamos.
Además, también lo hace el Rey de ese reino. Él está aquí con nosotros todo el tiempo porque vive dentro de nosotros por Su Espíritu, y no está allí sólo de paso. Ha venido a su residencia en nosotros para cumplir Su gran propósito. Nos ha hecho Su morada porque quiere moverse en nosotros, por nosotros y a través de nosotros para revelar Su bondad y Su poder.
Muchas veces, como creyentes, hemos pensado que estábamos esperando que Dios hiciera algo. Pero, en realidad, Él ha estado esperando por nosotros.
Él siempre está listo para actuar. Siempre está listo para sanar, liberar, satisfacer las necesidades y derramar Sus bendiciones sobre la gente. Por eso es que podemos afirmar la buena noticia que, a través de Jesús, el reino de Dios se haya acercado.
Hoy en día no pensamos mucho en términos de reyes y reinos. Un reino es el lugar donde un rey tiene dominio; donde gobierna y ejerce su poder y autoridad; donde es soberano, o superior a todos los demás.
Dios es un buen Rey. Por lo tanto, dondequiera que se le da dominio, suceden cosas maravillosas. Él ejerce Su poder soberano, el cual es superior a todo, para vencer el mal con el bien.
Esto es lo que ocurrió en el ministerio de Jesús. No fue por Su propio poder que hizo señales y maravillas; las hizo por el poder de Dios que estaba en Él. «El Padre, que vive en mí, es quien hace las obras» (Juan 14:10). En otras palabras, Jesús actuó como representante del reino de Dios. Le habló a la gente de ese reino y luego les mostró qué sucede cuando un ser humano, en un cuerpo de carne y hueso, vive y opera en el poder de Dios.
Como creyentes, tú y yo podemos hacer lo mismo.
Tenemos que contarle a la gente las buenas noticias de que Jesucristo pagó el precio por el pecado para que la humanidad pudiera reconciliarse con Dios y andar en Su perfecta voluntad. Luego tenemos que mostrarles cómo es Su voluntad. Tenemos que vivir en el poder y la bondad de Dios y manifestar Su reino ante la gente para que puedan verlo.
Cuando los incrédulos nos miren, deberían ver victoria, salud, riqueza y el resto de las promesas de Dios en manifestación.
Sin embargo, para poder exponer las bendiciones del reino de Dios ante la mirada de todo el mundo, debemos aprender Sus caminos. Debemos descubrir cómo vivir de acuerdo con los principios de Su reino y renovar nuestras mentes con Su Palabra para así poder cooperar con Él y para que Su poder fluya libremente a través de nosotros.
Podrías preguntarte: ¿Es realmente posible que aprendamos los caminos de Dios?
Sí, Él nos ha dado todo lo necesario para hacerlo. Incluso bajo el antiguo pacto, Él se esforzó por enseñarle a Su pueblo cómo pensar, hablar y actuar como ciudadanos del reino de Dios. Les dio Su Palabra escrita y escribió Sus mandamientos para que supieran cómo vivir en Sus bendiciones y disfrutar de «los días de los cielos sobre la tierra» (Deuteronomio 11:21).
Hoy en día, como creyentes del nuevo pacto, tenemos todo lo que ellos tenían, ¡y más! Tenemos la Palabra de Dios escrita, y ADEMÁS tenemos el Espíritu de Dios en nosotros para ayudarnos a entenderla y aplicarla. ¡Eso es ser gente bendecida! Tenemos al Rey Mismo viviendo en nosotros: enseñándonos y dándonos gracia para operar en el poder de Su Palabra.
La Palabra de Dios es la clave para experimentar los avances de Su reino.
Jesús dijo: «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (Juan 8:31-32). Así que, si hay algún lugar en nuestras vidas donde no somos libres, es porque hay una verdad de la Palabra que no conocemos o porque la conocemos pero no la estamos aplicando.
Siendo hacedores de la Palabra y no solo oidores es como vivimos en victoria. Ken y yo podemos dar testimonio de ello. Antes de que nos volviéramos a la Palabra de Dios, nuestras vidas eran un desastre. Aunque habíamos nacido de nuevo y amábamos al Señor, no sabíamos casi nada sobre Su Reino. Así que seguíamos fallando en casi todo lo que intentábamos hacer.
Fue entonces que escuchamos a alguien predicar sobre vivir por fe en la Palabra, y eso lo cambió todo. Cansados del fracaso, la pobreza y la derrota, inmediatamente empezamos a poner la Palabra en primer lugar en nuestra vida. Estábamos tan emocionados al descubrir que la Palabra nos haría libres, que nos dedicamos por completo a descubrir lo que dice y a vivir de acuerdo con ella.
Ahora, más de 55 años después, seguimos haciendo todo lo posible. Tampoco vamos a parar. Hemos aprendido que, para que el reino de Dios siga manifestándose en nuestras vidas, debemos continuar en la Palabra. Porque la fe es la victoria que vence al mundo, y «la fe proviene del oír, y el oír proviene de la palabra de Dios» (Romanos 10:17).

No sólo de pan
Observa que “del oír, y el oír” habla de un proceso perpetuo y en tiempo presente. Indica que no se puede almacenar la fe por mucho tiempo. Podrás acumular conocimiento, pero, para vivir por fe (que es el fundamento del sistema del reino de Dios), debes alimentarte de la Palabra de Dios a diario.
Su Palabra es el alimento del espíritu. Según Jesús, es tan vital para nuestra vida como el alimento físico. «No sólo de pan vive el hombre,» dijo, «sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.» (Mateo 4:4).
¿Cómo puedes saber si estás viviendo realmente conforme la Palabra de Dios?
Deberá ser lo primero en lo que piensas cuando los problemas llegan. Cuando la enfermedad ataca tu cuerpo o tu familia, no piensas primero en el médico. Aunque los doctores pueden ayudarte, también piensas: ¿Qué dice la Palabra sobre la sanación?
Cuando necesitas dinero, tu primer reflejo no es ir al banco y solicitar un préstamo. Tu primer pensamiento es lo que dice la Palabra sobre cómo se suplen tus necesidades. De inmediato te llegan a la mente escrituras como Mateo 6:33: «Busca primero el reino [de Dios] y su justicia (su manera de hacer y de ser correcto), y entonces todas estas cosas en conjunto te serán dadas por añadidura» (Biblia Amplificada, Edición Clásica).
Durante el transcurso de nuestros años viviendo según la Palabra, Ken y yo hemos visto maravillosas manifestaciones del reino de Dios. Hemos enfrentado situaciones que no parecían tener salida. Hemos encontrado problemas que parecían demasiado grandes para ser resueltos. Pero hemos descubierto que, si continuamos en la Palabra, siempre ocurre algo sobrenatural que nos hace triunfar. Los avances del Reino siempre llegan.
¡Dios es muy bueno! Él siempre está actuando, ayudándonos a conseguir lo que necesitamos. Ya sea sanación en nuestro cuerpo, más dinero en nuestra cuenta bancaria, o cualquier otra cosa que nos falte, Él siempre está dispuesto y es capaz de suplirlo. Él siempre está listo para revelarnos en Su Palabra y por Su Espíritu lo que necesitamos saber y hacer para liberar el poder de Su reino en nuestras vidas.
“Pero Gloria, ¿qué pasa si Dios me dice que haga algo que no puedo hacer?”
Te aseguro que eso no ocurrirá. En nuestro más de medio siglo de caminar con Dios, Él nunca nos ha dicho a Ken y a mí que hagamos algo que no podamos hacer. Él siempre hace la parte imposible y tan solo nos pide que hagamos la parte que es posible.
Básicamente, Él nos pide que hagamos lo que la gente de buena voluntad hizo en la parábola de Marcos 4. ¿Recuerdas esa parábola? En ella, Jesús se refirió a la Palabra de Dios como una semilla y explicó lo que sucede cuando se siembra en los corazones de las personas. Habló específicamente de cuatro grupos de personas.
Las personas que están en el camino escuchan la Palabra, pero dejan que el diablo se las robe inmediatamente. Las personas de terreno rocoso reciben la Palabra con gusto pero la abandonan cuando las cosas se ponen difíciles. Las personas de terreno espinoso dejan que las distracciones y las preocupaciones de la vida ahoguen la Palabra para que nunca dé fruto. Y las personas de buena tierra «oyen la Palabra y la reciben, la aceptan y la acogen, y dan fruto: algunas treinta veces más de lo que se sembró, otras sesenta veces más, y algunas [incluso] cien veces más» (versículo 20, AMPC).
La forma en que recibes la Palabra de Dios determina el grado en que Su reino puede manifestarse en tu vida. No podrás manifestar mucho poder si todo lo que haces es ir a la iglesia, escuchar la Palabra predicada, y luego decir: “Oh, que lindo mensaje”. Para experimentar avances en el Reino, debes tomar la Palabra, creerla y actuar en consecuencia.
Tal como dijo Jesús: «La medida [de pensamiento y estudio] que le des [a la verdad que escuchas] será la medida [de virtud y conocimiento] que regrese a ti» (versículo 24, AMPC). Así que, ¡honra la Palabra! Ponla en primer lugar en tu vida y hazla tu autoridad final. Sigue plantándola en tu corazón, deja que eche raíces en ti, niégate a dejar que el diablo la robe, y darás el fruto sobrenatural del Reino de Dios.
Dondequiera que vayas, los avances del Reino ocurrirán y el mundo verá la bondad y el poder de Dios en manifestación a través de ti. V

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