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La puerta a lo sobrenatural

Como creyente nacido de nuevo, nunca hallarás satisfacción en tan solo vivir una vida natural. Nunca te sentirás realmente satisfecho operando en la carne como si lo único que existiera fuera tu humanidad.

¡En tu interior hay divinidad! Tu espíritu ha sido recreado por Dios a la imagen de Jesús y te ha llamado a vivir sobrenaturalmente como Él ya lo hizo.

Es más, en tu corazón ya lo sabes. Cuando lees Juan 14:12, donde Jesús dijo: «el que cree en Mí, él también hará las obras que yo hago. Y mayores que estas hará, porque yo voy al Padre.», ¡tu espíritu salta porque sabes que ese versículo está hablando de ti!

Sin embargo, si eres como muchos creyentes, es posible que te preguntes cómo vivir según ese estándar. Quizás pienses: No puedo hacer el tipo de cosas que hizo Jesús en los Evangelios. Sólo soy un cristiano normal. ¡Él es Dios!

Bueno, es cierto, pero cuando vino a la tierra, no ministró como Dios. Ministró como un hombre bautizado en el Espíritu Santo.

Es por eso que no hay nada en la Biblia acerca de que Jesús obrara milagros hasta después de recibir el bautismo en el Espíritu Santo. Hasta que la unción del Espíritu de Dios no vino sobre él, Jesús no tenía el poder de obrar milagros. «El Hijo no puede hacer nada por Sí mismo», dijo en Juan 5:19.

Como creyentes, estamos en la misma posición. Tampoco podemos hacer nada por nosotros mismos. Aunque nacemos de nuevo, hasta que no somos bautizados en el Espíritu Santo, somos tal como los primeros discípulos de Jesús justo después de Su resurrección. Tenían en el interior Su Espíritu (ver Juan 20:22) pero no tenían el poder para llevar a cabo el ministerio sobrenatural de Jesús. Entonces, antes de ascender al cielo, les dijo cómo conseguirlo.

Mientras estaban juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que les dijo:

«Esperen la promesa del Padre, la cual ustedes oyeron de mí. Como saben, Juan bautizó con agua, pero dentro de algunos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo.» … Pero cuando venga sobre ustedes el Espíritu Santo recibirán poder, y serán mis testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.» (Hechos 1:4-5, 8)

Ellos creyeron Su palabra y, si has leído Hechos 2, también sabes lo que sucedió.

Diez días después, mientras 120 personas oraban en el aposento alto de Jerusalén, oyeron un sonido del cielo como un viento impetuoso, vieron lenguas celestiales de fuego envolviéndolos, «y todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu los llevaba a expresarse.» (Hechos 2:4).

            A causa de Pentecostés, judíos de todas las naciones estaban en Jerusalén en ese momento. Oyeron lo que estaba sucediendo, y la multitud se reunió y se confundió. Estaban atónitos y maravillados, y decían: «Fíjense: ¿acaso no son galileos todos estos que están hablando?» (versículo 7). «¿Cómo es que los oímos hablar en nuestra lengua materna?» (versículo 8).

            Nota que esos versículos no dicen que los discípulos estaban hablando los idiomas de todas esas personas. Dice que la gente escuchó en esos idiomas. Entonces, el milagro pudo haber estado en los oídos de la multitud, así como en la boca de los discípulos. Pero, sin importar el cómo, sin duda fue algo milagroso.

            ¡Piénsalo! Hablar en lenguas fue el primer milagro que el Espíritu Santo manifestó entre los primeros creyentes. Fue su puerta de entrada a lo sobrenatural, y la buena noticia para nosotros es que Dios no ha cambiado Su plan desde entonces. Orar en lenguas sigue siendo la puerta de entrada a lo sobrenatural para el creyente de hoy en día.

Pidan y recibirán

¿Por qué decimos que son buenas noticias?

Porque hablar en lenguas es algo que todo creyente puede y debe hacer. Tampoco tenemos que esperar 10 días para que Dios nos dé la capacidad de hacerlo. A diferencia de los primeros creyentes que tuvieron que esperar la llegada de Pentecostés, podemos ser bautizados en el Espíritu Santo cuando estemos listos. Todo lo que tenemos que hacer es pedirle a nuestro Padre celestial, creer que recibimos y comenzar a hablar desde nuestro espíritu, confiando en que el Espíritu Santo nos dará la palabra.

“Pero hermano Copeland, ¿qué pasa si digo algo incorrecto? ¿Qué pasa si en lugar de recibir palabras del Espíritu Santo, obtengo palabras de algún espíritu maligno?”

¡Eso es bíblicamente imposible!

En Lucas 11:9, Jesús nos aseguró que nunca sucederá. «Pidan, y se les dará.», dijo.

«¿Quién de ustedes, si su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pescado, en lugar del pescado le da una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le da un escorpión? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!» (versículos 11-13).

Cualquier temor que tengas de orar en lenguas es infundado. Es solo basura carnal que el diablo está usando para tratar de evitar que lo hagas. Él sabe que una vez que comiences a hablar en otras lenguas, está perdido. Podrás abrir la boca y atravesar esa puerta sobrenatural cuando quieras, y él no podrá detenerte.

“No sé”, podrías decir. “Me han dicho que, incluso después de recibir el bautismo en el Espíritu Santo, solo podemos orar en lenguas cuando Dios nos da algún tipo de sentimiento espiritual especial.”

Lamentablemente, eso es lo que se les ha dicho a muchos creyentes, pero no es cierto. No hay ninguna base bíblica que lo sustente. Es solo una tradición religiosa.

Gracias a Dios, cuando recibí el bautismo en el Espíritu Santo en 1963, nunca me habían enseñado esa tradición. Acababa de nacer de nuevo seis meses atrás y todavía no había pasado suficiente tiempo en las iglesias para desaprender la religión acumulada. Gloria y yo habíamos asistido a un servicio con mis padres. Al finalizar, el hombre que dirigía el servicio invitó a pasar al frente a cualquiera que quisiera recibir el Bautismo en el Espíritu Santo.

Me di vuelta y le pregunté a mi madre: “¿Es eso algo que deberíamos tener?” Ella me respondió afirmativamente. Entonces, Gloria y yo nos levantamos de un salto y pasamos al frente.

No sabíamos qué esperar y nadie nos dio ninguna instrucción sobre cómo recibirlo. Las mujeres de la iglesia simplemente se reunieron alrededor de Gloria mientras los hombres se reunieron a mi alrededor y todos empezaron a orar por nosotros. Algunos de ellos gritaron “¡Espera!” Otros gritaron: “¡Suéltalo!” No tenía ni idea de qué hacer.

            Cuando se cansaron de orar y se sentaron, el Dr. Reed me dijo que impusiera las manos sobre Gloria. Al principio, me negué. (¿Te imaginas? ¡Ni siquiera impondría las manos sobre mi propia esposa!) Pero con su gran voz retumbante, me ordenó nuevamente: “¡Pon tus manos sobre ella!” Así que lo hice.

            Más tarde, estaba sentado en una silla en la tarima orando en inglés y él me tocó la frente y me dijo: “¡Ya es suficiente inglés!”… ¡y comencé a orar en otras lenguas!

            Más tarde esa noche, volaba de regreso a Little Rock, Arkansas, para ir al trabajo la mañana siguiente, y seguía pensando en lo que me había sucedido, así que oré: “SEÑOR, no estoy muy seguro de lo que me sucedió hoy”, comencé, “pero voy a decir algunas de esas palabras de nuevo. Si hay algo en ellas, te pido que las unjas.” (No sé cómo se me ocurrió la palabra ungir. Supongo que la escuché durante la reunión).

            Traté de recordar algo que había dicho en lenguas, pronuncié la primera sílaba y eso fue todo lo que necesité. Comencé de nuevo orando en lenguas y oré todo el camino hasta la ciudad de Little Rock. Cuando vi las luces de la ciudad en el horizonte, me di cuenta de que iba a tener que hablar con la torre de control y me pregunté qué saldría de mi boca. Me sorprendió cuando dije, “Aproximándome a Little Rock”, y lo dije en inglés. ¡Oye, eso está bien!, pensé.

            Después de aterrizar, estaba tan emocionado que salté del avión y me puse a bailar. Seguía hablando y gritando en lenguas, BENDIJE el avión… BENDIJE los hangares… BENDIJE el cemento sobre el que estaba parado y todo lo que pudiera encontrar. ¡Y he hablado en lenguas casi todos los días desde entonces!

No es solo para unos pocos escogidos

            “Pero hermano Copeland, esa fue la voluntad de Dios para su vida. No todos los creyentes bautizados con el Espíritu Santo pueden orar en lenguas de esa manera.”

¡Claro que pueden! El libro de los Hechos nos lo confirma. En cada relato que da de los creyentes que recibieron el bautismo en el Espíritu Santo hay una indicación de que hablaron en lenguas. Puedes simplemente ver la siguiente lista:

En Hechos 2:4, dice de los 120 en el aposento alto: «Todos ellos fueron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas». En Hechos 8, los creyentes de Samaria recibieron el bautismo en el Espíritu Santo y, el versículo 18 dice que Simón (que anteriormente había sido hechicero) vio «que el Espíritu Santo se recibía por la imposición de manos de los apóstoles.»  Obviamente, lo que vio fueron creyentes hablando en lenguas, y le impresionó tanto que les preguntó a los apóstoles si podía “comprar” este don sobrenatural. Pedro le dijo que no y lo reprendió: «Tú no tienes nada que ver en este asunto» (versículo 21). O como dice literalmente en griego, “en estas palabras habladas.”

Hechos 9 registra cómo Saulo (más tarde conocido como Pablo) recibió el bautismo en el Espíritu Santo después de su conversión en el camino a Damasco. Sabemos que hablaba en lenguas porque luego escribió en su carta a los Corintios: «Doy gracias a Dios de que hablo en lenguas más que todos ustedes» (1 Corintios 14:18).

El patrón continúa en Hechos 10 en el relato de los gentiles que recibieron el bautismo en el Espíritu Santo en la casa de Cornelio. Dice: «Los no judíos recibieron el don del Espíritu Santo» y comenzaron a «hablar en lenguas y magnificar a Dios.» (lee los versículos 45-46). En Hechos 19, los creyentes de Éfeso recién nacidos de nuevo hicieron lo mismo. «Cuando Pablo les impuso las manos sobre la cabeza, el Espíritu Santo vino sobre ellos, y empezaron a hablar en lenguas» (versículo 6).

Une todos esos pasajes y el mensaje es claro: la voluntad de Dios es que todos los creyentes oren en otras lenguas. Su plan es que cada uno de nosotros pase por esa puerta de entrada a lo sobrenatural porque tiene muchos beneficios. Según el Nuevo Testamento, al orar en otras lenguas nos habilita para:

• Declarar los misterios de Dios y orar más allá de nuestro entendimiento natural. (1 Corintios 14:2)

• Edificarnos en el espíritu sobre nuestra santísima fe. (Judas 20)

• Que intercedamos por los demás de acuerdo con la perfecta voluntad de Dios en las declaraciones que nos da el Espíritu Santo. (Romanos 8:26-27)

• Que recibamos revelación del Espíritu Santo a quien Jesús prometió que: «él los guiará a toda la verdad… y les hará saber las cosas que habrán de venir.» (Juan 16:13)

Si oras en lenguas el tiempo suficiente, puede averiguar de Dios todo lo que necesitas saber sobre tu vida y tu futuro. Puedes entrar en un lugar en el espíritu donde experimentes lo que Jesús estaba hablando cuando dijo que el Espíritu Santo “me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo mostrará.” (Juan 16:14).

¿Alguna vez has escuchado entre los atletas la expresión “entrar en la zona”? La zona es el lugar donde, después de esforzarse hasta que físicamente es imposible, los atletas experimentan un gran avance. Reciben un aire e impulso adicional y, de repente, algo superior a sus cinco sentidos se hace cargo.

Cuando ores en lenguas, si persistes lo suficiente, ¡podrás experimentarlo a nivel espiritual! Pasarás a un lugar sobrenatural donde no hay tiempo ni distancia. Un lugar donde tu conciencia de la realidad de Dios reemplaza la realidad del reino natural.

Cuando estás en ese lugar, la divinidad en tu interior se eleva y domina tu humanidad. Puedes recibir de Dios todo lo que necesites para caminar en victoria a través de cualquier situación que puedas estar enfrentando.

Lo he experimentado una y otra vez. Por ejemplo, recuerdo una vez en mis primeros años de ministerio que estaba predicando algunas reuniones en la ciudad de Oklahoma y me desperté una mañana con el dolor y los síntomas de la gripe. Cuando intentaba ponerme de pie, la habitación empezaba a dar vueltas y me caía. Ni siquiera podía levantarme de la cama.

Incapaz hasta de afeitarme, le pedí a Gloria que me ayudara. Todavía acostado en la cama, me tomó del pelo, levantó mi cabeza y me afeitó. No sé cómo lucía cuando finalizó, pero con su ayuda llegué a la iglesia.

Sin embargo, cuando subí al púlpito para predicar, la habitación empezó a dar vueltas y casi me caigo al suelo. “Vuelvo enseguida”, dije. Regresé a la pequeña sala del coro detrás de la tarima. Una vez allí, me enfrenté al diablo con todo.

“¡Quita tus sucias manos de mi cuerpo! ¡Este cuerpo le pertenece a Jesús, no a ti!” comencé. Después empecé a orar en lenguas lo más fuerte posible. (Aprendí que a veces tienes que subir el volumen, especialmente cuando estás lidiando con el diablo.) Después de un rato llegué a ese lugar en el espíritu donde el cuerpo no cuenta, y volví al auditorio. Sosteniéndome del púlpito, comencé a predicar.

Ese púlpito intentó balancearse, pero no me importó. Me había metido en la zona. Entonces, ministrando bajo el poder de Dios, hice lo que Él me había instruido hacer. Prediqué sobre la sanación durante un par de horas y salí de allí, no solo completamente bien, sino también satisfecho porque, tal como tú, sé que así es como estoy llamado a vivir. V

 

Puntos clave

Jesús dijo que estás llamado a hacer el mismo tipo de cosas sobrenaturales que Él hizo cuando ministraba en la tierra. (Juan 14:12)

Recibes el poder de hacer las obras de Jesús de la misma manera que lo hicieron Sus primeros discípulos, a través del Bautismo en el Espíritu Santo. (Hechos 1:8)

La primera obra sobrenatural que el Espíritu Santo hizo fue darles poder a los primeros creyentes para que pudieran hablar en otras lenguas. (Hechos 2:4)

Hablar en lenguas es la puerta de entrada a lo sobrenatural. (1 Corintios 14:2)

Cuando oras, fortaleces tu espíritu para que la divinidad en tu interior se eleve y domine tu humanidad. (Judas 20)

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