Plenamente persuadido y en completa paz
¿Has notado que, cuando un niño tiene algo que no quiere que le quites, lo agarra con fuerza y dice algo como: “¡No, es MÍO!”? ¡No lo soltará ni te dejará quitárselo de las manos sin oponer resistencia! Tienen lo que quieren y no temen decir que es suyo, ¡que les pertenece!
¡Sería maravilloso si los cristianos tuvieran la misma tenacidad cuando se trata de su lucha contra el diablo!
¡Sin duda, es una lucha! De hecho, en una carta que escribió para animar a Timoteo, Pablo la llamó «la buena batalla de la fe». Dijo: «Presenta la buena batalla de la fe, aférrate a la vida eterna, a la cual también fuiste llamado cuando hiciste la buena profesión delante de muchos testigos» (1 Timoteo 6:12).
¿Cómo peleamos esta buena batalla de la fe? Ese versículo que acabamos de leer nos lo revela. Dice: «Aférrate a la vida eterna, a la cual también fuiste llamado cuando hiciste la buena profesión delante de muchos testigos». Profesión es una palabra de la Biblia del Rey Santiago que significa confesión. Así que, podemos ver que aferrase es parte de librar la buena batalla, y también lo es la confesión. Al igual que los niños, tenemos que aferrarnos a lo que queremos, confesar que nos pertenece y no rendirnos sin dar batalla.
¿Qué usamos para luchar?
¡Nuestra fe!
Segunda de Corintios 4:13 dice: «Pero en ese mismo espíritu de fe, y de acuerdo a lo que está escrito: «Creí, y por lo tanto hablé», nosotros también creemos, y por lo tanto también hablamos». Aquí, Pablo se refiere al espíritu de fe. La Biblia también dice que no se nos ha dado un espíritu de temor (2 Timoteo 1:7). El espíritu de fe no es conocimiento de la fe, y el espíritu de temor no es solo un sentimiento de miedo. La fe no es conocimiento, y la fe no es entendimiento. No se necesita entender para tener fe. No tienes que entender para creer o confiar. Eso es porque la fe es una elección. Creer es una elección, y confiar es una elección.
A veces oirás a la gente decir: “¡No lo puedo creer! ¡No es verdad!” Pero esa es una afirmación falsa porque la fe no se basa en ningún tipo de comprensión ni en ningún tipo de conocimiento. Es una elección. El hermano Kenneth E. Hagin dijo una vez que, cuando era niño, no podía entender cómo una vaca marrón podía comer pasto verde y dar leche blanca, y luego esa leche se batía para hacer mantequilla amarilla. Sin embargo, mientras trataba de entenderlo, disfrutaba de la leche y la mantequilla. Se estaba deleitando con un helado. La verdad es que no tienes que entender para creer; no tienes que entender para disfrutar.
Proverbios 3:5 dice: «Confía en el SEÑOR con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia». Así que la fe y la inteligencia no son lo mismo. Él está marcando una diferencia. ¿En qué parte de tu ser confías? No es en tu cabeza. De hecho, el hermano Hagin solía decir: “La fe obrará en tu corazón aunque haya dudas en tu cabeza.” El enemigo intentará hacerte creer que un pensamiento fugaz es lo mismo que vacilar y que no recibirás nada (Santiago 1:6-7). El hecho de que un sentimiento o un pensamiento haya cruzado tu mente no significa que hayas cambiado tu decisión de creer en tu corazón.
Andar en la fe no significa que no tendrás desafíos
¿Por qué Dios te dice que no te apoyes en tu propia inteligencia? Porque estarás tentado a hacerlo. Desde el principio, Él te está diciendo que no te apoyes en tu propia inteligencia: tu propia cabeza, tus propios razonamientos, pensamientos o sentimientos. Si el enemigo logra llevarte al ámbito del razonamiento, te derrotará.
Sin embargo, si te mantienes en el ámbito de la fe, no podrá hacerte nada. No importa cuántos pensamientos negativos te traiga o cuántos sentimientos negativos… no cederás. Los dejarás a un lado, y dirás: “No. Ya he decidido en qué creo.” Estás firme en tu corazón.
Segunda de Corintios 4:8-9 dice: «estamos atribulados en todo, pero no angustiados; en apuros, pero no desesperados; perseguidos, pero no desamparados; derribados, pero no destruidos».
Estamos atribulados en todo.
Esa palabra atribulados significa “estar agobiados, empujados o presionados”. ¿Alguna vez sientes que algo te está empujando? ¿Que algo te está presionando? Pablo dijo que es en todo. No es falta de fe reconocer algo con lo que estás lidiando. La fe no es llamar a las cosas que son como si no fueran. No, la fe es llamar a las cosas que ¡no son como si fueran! ¡Lo físico es real! Es temporal, pero es real. Algo te va a empujar. Esa es una realidad. No puedes controlar todo lo que intenta empujarte. Pero sí podrás controlar tu respuesta ante ello.
Pablo dice que estamos atribulados en todo. Hemos sido oprimidos y presionados, pero a pesar de todas las tribulaciones, de la presión y la opresión, no estamos angustiados. ¿Es posible no estar angustiado, incluso en medio de cosas que te empujan y te presionan? Sí. ¿Es fácil? Aquí es donde entra la batalla de la fe.
¿Por qué estás batallando?
Hebreos 4:11 dice «procuremos, pues, entrar en ese reposo». Ahí es donde viene la batalla: es permanecer en ese reposo después de haber entrado. El enemigo hará todo lo que esté en su poder para mantenerte fuera de reposo. Y, una vez que hayas entrado, hará todo lo posible para sacarte. Fuera del reposo, fuera de la paz, fuera de la confianza, fuera de la fe.
El Señor ha escuchado tu oración. Tu semilla está en la tierra, tu trabajo está hecho y la fe ha sido liberada. Sin embargo, eso no es todo, porque en ese momento aún no has visto nada. No lo sientes y, en lo natural, lo necesitas. Necesitas el dinero. Todavía te duele. Todavía te sientes incómodo. Ahí es donde la batalla da comienzo.
¿Puedes ser empujado, puedes ser presionado y no angustiarte?
Este es el espíritu de la fe. Estamos en apuros, lo que significa que no sabemos muy bien el porqué. Pero, aunque estemos en apuros, la Escritura dice que no estamos desesperados. ¿Puedes estar en apuros, sin idea de qué hacer y, aun así, estar animado en lugar de desanimado? Si tienes fe, puedes. Puedes no saber qué hacer y ser feliz. ¡Es posible!
Las personas de fe nunca dirían algo como: “¿Por qué no está funcionando?” ¿Por qué creerías que no está funcionando? ¿Por lo que ves y sientes, o por lo que no ves ni sientes? Si ese es el caso, entonces estás andando por lo que ves, no por fe. La fe es estar animado. Cualquiera puede estar animado cuando tiene el dinero en la mano, o cuando los síntomas han desaparecido y te sientes bien. Pero, cuando estás sufriendo y te regocijas porque estás sano, eso es fe verdadera. La fe verdadera tiene gozo verdadero y paz verdadera en medio de las contradicciones, los síntomas y la carencia.
El Espíritu de fe es el Espíritu de victoria
Si a Dios lo conmovieran las necesidades y la gente que actúa con lástima, habría milagros en manifestación por todo el planeta. Pero eso no es lo que conmueve a Dios. A Dios lo conmueve la fe. La fe es la victoria que vence al mundo. La fe nunca reconocerá que ha sido derrotada, porque no puede ser derrotada. Nunca reconocerá que la Palabra de Dios no funcionó, porque la Palabra de Dios funciona —¡siempre!
¡La fe nunca admitirá la derrota!
Hay muchos cristianos que no siempre entienden, pero eso no significa que no puedan confiar en Dios con todo su corazón. Sea lo que sea lo que esté pasando y que perturbe tu entendimiento o tus sentimientos, no te apoyes ni confíes en eso. Si tus pensamientos contradicen lo que Dios dice, entonces aprende a derribarlos. Los pensamientos negativos o perturbadores son una de las formas en las que el enemigo te tienta. Pero la Biblia dice que debemos rechazar esos pensamientos, y «desbaratar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y de llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:5).
Dios dijo que soy sano. Dijo que mis necesidades están cubiertas. Dijo que mis pasos están ordenados. Él me guarda. Él me protege. Con larga vida me saciará. Esos son los pensamientos en los que elijo fijarme y meditar.
El Salmo 5:11 dice: «Pero que se alegren todos los que en ti confían…» Casi todos los salmos contienen la idea de la confianza y la alabanza. ¿Por qué? Porque si confías, estás alabando. Una de las formas más fáciles de entrar en la fe y el descanso, y permanecer ahí, es agradecerle a Dios y alabarlo genuinamente todo el tiempo. No haces esto si crees que no está funcionando o que no sirve de nada. ¡No vas a decir que no está funcionando porque sí está funcionando! ¡Ha funcionado! Nadie podrá hacerte decir: “¿Qué pasa si…?” porque no crees en los “Qué pasa si…” No tienes que entenderlo. No tienes que tener todas las respuestas. Solo confía.
La frustración no es fe
Hace algunos años, estaba creyendo por algo específico cuando me di cuenta de que llevaba creyendo por ello un año y medio, y parecía que estaba más lejos de lograrlo de lo que estaba cuando empecé. ¿Qué estaba pasando? Estaba perplejo. No entendía. Y el Espíritu de Dios me dijo algo que no esperaba: Keith, la frustración no es fe.
¿Alguna vez te has sentido frustrado? Cuando estás frustrado, empiezas a vacilar y a dudar. Antes de que te des cuenta, tendrás temor. Ya sea un temor leve o pánico total, es el mismo espíritu, solo manifestado en diferentes grados. Hay un espíritu de temor, pero también hay un espíritu de fe. Y hay diferentes grados de fe. Hay un poco de convicción, una convicción parcial, una convicción a medias y una convicción que te hace dormir mejor. Luego está Abraham, el padre de la fe, el que cambió el mundo, total y plenamente persuadido. Estar totalmente convencido es estar en completa paz. Es estar convencido igual que lo estás de la fuerza de la gravedad o de que respiras oxígeno de la atmósfera.
¿Con qué estás batallando? ¿Estás batallando con que la Palabra de Dios sea verdadera? ¿Estás luchando con Su fidelidad? La buena batalla de la fe es la batalla, o el esfuerzo, por entrar y permanecer en el descanso.
La fe es una decisión. Toma hoy la decisión de confiar, plenamente persuadido de que Él es fiel para cumplir lo que ha prometido. ¡Entonces entra en el descanso y quédate ahí hasta que recibas la respuesta que has estado esperando! V