Mejor que un milagro
Si pudieras elegir entre vivir en LA BENDICIÓN o vivir de milagros, ¿qué elegirías?
La mayoría de la gente optaría por la última opción. Pensarían en todas las ocasiones en sus vidas en las que necesitaron que Dios los rescatara de distintos problemas y decidirían que obtener un milagro cuando fuese necesario sería la mejor alternativa.
Pero, ¿realmente sería lo mejor?
Ciertamente, los milagros son maravillosos. Y, en nuestro momento de necesidad, cuando Dios nos envía uno, siempre estamos agradecidos. Sin embargo, ¿será que vivir de milagro en milagro es realmente el mejor plan de Dios para nuestra vida? ¿Es realmente la mejor forma de vivir?
No, no lo es.
Si bien es maravilloso ser sanado milagrosamente de una enfermedad, mejor aún es caminar continuamente en LA BENDICIÓN de la salud divina para que no te enfermes en primer lugar. Si bien es maravilloso recibir dinero milagrosamente por correo cuando te encuentras quebrado sin posibilidad de pagar el alquiler, es mucho mejor vivir en LA BENDICIÓN de la prosperidad divina para que siempre tengas lo suficiente para pagar tus cuentas y ser de BENDICIÓN para los demás.
Puedo dar fe de esto por experiencia porque Ken y yo hemos vivido de ambas maneras. Una vez nacidos de nuevo, durante los primeros cinco años, necesitamos muchos milagros. Especialmente cuando se trataba de finanzas, siempre estábamos al borde de la quiebra. Dios nos ayudó, y milagrosamente nos mantuvo a flote; sin embargo, disfruto más dónde estamos hoy en día. Ya no necesito un milagro para pagar mi factura de la luz. No estoy viviendo en escasez y desesperación financiera, porque hemos aprendido a caminar en la BENDICIÓN de Dios.
¡LA BENDICIÓN siempre ha sido el plan de Dios para Su pueblo! Es por eso que en Génesis 1, lo primero que hizo Dios cuando creó al hombre fue BENDECIRLO y ponerlo en el Jardín del Edén.
Adán no necesitaba que Dios obrara milagros en el Edén. Él y Eva no tenían que acudir a Él en busca de sanidad o provisión de emergencia porque la enfermedad y la escasez no existían en el Jardín. Todo lo que necesitaban para vivir una vida BENDITA estaba disponible a su alrededor, en abundancia… y todo era bueno.
Pero, como todos sabemos, Adán y Eva estropearon el plan. Doblaron sus rodillas ante el diablo y desobedecieron a Dios al hacer lo único que Él les dijo que no hicieran. Comieron del árbol de la ciencia del bien y del mal y su pecado le abrió la puerta a la maldición para que viniera sobre la tierra.
La maldición es lo opuesto a LA BENDICIÓN. Incluye todo lo malo, toda enfermedad y dolencia, toda pobreza y carencia, toda obra del diablo que roba, mata y destruye.
Sin embargo, la llegada de la maldición no cambió el deseo de Dios por Su pueblo. Él todavía quería que fueran BENDECIDOS. Entonces, Él hizo un pacto de BENDICIÓN con Abraham y finalmente envió a Jesús a la tierra para pagar el precio por nuestros pecados para que pudiéramos ser redimidos de la maldición y que “la bendición de Abraham” viniera sobre nosotros a través de Él (Gálatas 3:13-14).
“Pero pensé que Jesús solamente nos ha dado la salvación”, podrías decir.
Lo hizo, pero esa salvación significa más de lo que piensas. La palabra salvación no se refiere solo al perdón y un futuro en el cielo. La salvación significa “preservación, liberación material y temporal del peligro y la aprehensión. Denota perdón, protección, libertad, salud, restauración, solidez e integridad o plenitud”.
Mira de nuevo esas dos últimas palabras: solidez y plenitud. Nos resumen la voluntad de Dios para nosotros en cada área de nuestra vida: espíritu, alma y cuerpo. Él quiere que seamos completamente BENDITOS.
El apóstol Pablo nos lo confirma en su oración en 1 Tesalonicenses 5:23. «Que el mismo Dios de paz los santifique por completo y que guarde irreprensible todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, para la venida de nuestro Señor Jesucristo.»
No puedes ser ignorante y ser BENDECIDO
Entonces, si la BENDICIÓN, la solidez y la plenitud son la voluntad de Dios para nosotros como cristianos, ¿por qué no todos las disfrutan?
No las hemos experimentado porque no sabemos lo suficiente acerca de la Palabra de Dios.
Como dice Keith Moore, “Podemos ser ignorantes y ser sanados” (milagrosamente a través de los dones del Espíritu Santo). “Pero, si queremos vivir sanos y en la continua BENDICIÓN de Dios, debemos aprender algunas cosas”. Debemos aprender a pensar como piensa Dios y cooperar con Él.
Su deseo es que «seas prosperado en todo, y que tengas salud,» pero solo podemos hacer eso mientras «que tu alma prospera.» (3 Juan 1:2). Y nuestra alma solo puede prosperar en la medida en que conozcamos los pensamientos y caminos de Dios, porque Sus pensamientos y caminos son correctos. Si no pensamos y actuamos como Él dice, estamos equivocados y eso nos desalinea con LA BENDICIÓN.
Por eso Dios nos dio Su Palabra escrita. También es la razón por la que Jesús dijo en Mateo 4:4: «Escrito está: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»
La Palabra de Dios es lo que nos enseña a caminar en LA BENDICIÓN. Es tan esencial para nuestra vida como lo es la comida. Todo lo que Dios dijo en la Biblia ha sido escrito para nuestro beneficio. No solo algunas de Sus Palabras, sino todas: «Ellas son vida para quienes las hallan; son la medicina para todo su cuerpo.» (Proverbios 4:22).
Alimentarnos de la Palabra de Dios en nuestro corazón, creerla y obedecerla son las claves para vivir el tipo de vida que Jesús vino a darnos. «Tu palabra es verdad», dijo. «Si ustedes permanecen en mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (Juan 17:17, 8:31-32).
¡La verdad de la Palabra de Dios es una buena noticia! Sin ella, no hay nada de qué alimentarse en este mundo oscuro, excepto las malas noticias, y cuando comes malas noticias, obtienes malos resultados. Terminas con problemas, confusión, enfermedad y carencia porque terminas operando en el sistema del mundo en lugar del de Dios, por lo cual Él no puede manifestarse en tu vida de la manera que desea.
Esa es la situación en la que se metieron las personas de Proverbios 1. Puesto que… «no optaron por temer al Señor ni quisieron seguir mis consejos», dijo Dios «sino que menospreciaron todas mis reprensiones, comerán los frutos de sus andanzas
y se hartarán con sus propios consejos. Los incautos mueren por sus propios desvíos;
a los necios los destruye su autosuficiencia. Pero los que me oyen vivirán tranquilos,
sin sobresaltos ni temor de ningún mal.» (versículos 29-33).
Fíjate que, de acuerdo con esos versículos, podemos elegir el fruto que comemos en nuestras vidas. Podemos elegir comer frutos malos si permanecemos incautos (lo que significa ignorar la Palabra de Dios) o siendo necios (lo cual es desobedecerle a propósito). O podemos elegir comer buenos frutos honrando a Dios y escuchando lo que Él dijo.
En lo personal, me gusta vivir en un buen lugar, disfrutar de una buena vida y estar libre del miedo al mal, así que me he decidido a comer buen fruto. He decidido poner Su Palabra en primer lugar en mi vida y seguir las instrucciones que nos dio en Isaías 55:
Todos ustedes… vengan y compren, y coman. Vengan y compren vino y leche, sin que tengan que pagar con dinero… Escúchenme bien, y coman lo que es bueno; deléitense con la mejor comida. Inclinen su oído, y vengan a mí; escuchen y vivirán. … Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y mis pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes … Así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié. (versículos 1-3, 9, 11).
Es Bueno tener un alma que se deleita con manjares
¿Recuerdas que mencioné que 3 Juan 1:2 dice que prosperamos y aumentamos en salud «a la vez que tu alma prospera»? De eso es de lo que Dios está hablando cuando dice: «y su alma se deleitará con manjares.» Él está diciendo: “Aliméntate de Mis pensamientos y Mi Palabra, hasta que tu alma se deleite con manjares y sea próspera. ¡Entonces podrás gozar la buena vida!”
No es ideal tener un cuerpo con sobrepeso, pero sí es genial tener un alma gorda. Es maravilloso cuando estás tan lleno de la Palabra de Dios que continuamente ves que Sus promesas se cumplen en tu vida y te conformas cada vez más a Su imagen.
“Espera un minuto”, podrías decir, “pensé que fui recreado a la imagen de Dios en el instante en que nací de nuevo.”
Sí, fuiste recreado, en tu espíritu. En el momento en que recibiste a Jesús como tu Señor, el viejo pecador que solías ser en el interior falleció y tu hombre interior fue hecho justicia de Dios (2 Corintios 5:17, 21). Sin embargo, tu hombre exterior no experimentó el mismo cambio instantáneo. Incluso, si fuiste sanado físicamente o librado de algo cuando naciste de nuevo, en su mayor parte, a diferencia de tu espíritu que fue totalmente renovado, tu alma y tu cuerpo permanecieron sin cambios.
Para que cambien, debemos transformarnos «por medio de la renovación de [nuestra] mente.» (Romanos 12:2), y requerirá de un proceso. A medida que avances, dependiendo de cuánto te entregues a Dios y a Su Palabra, con el tiempo comenzarás a verte en el exterior como el yo nacido de nuevo de tu interior.
Tus hábitos cambian.
Tu semblante se ilumina.
Incluso los elementos de tu personalidad cambian.
Mi personalidad es diferente hoy de lo que era cuando nací de nuevo. Solía ser tímida. Me disgustaba tanto hablar en público que, la primera vez que el pastor de una iglesia donde Kenneth estaba predicando me pidió que me levantara y saludara a la gente, me negué rotundamente. Sin embargo, después de pasar algunos años en la Palabra, esa timidez se desvaneció. Empecé a predicar y el diablo no pudo callarme.
Realmente, la Palabra de Dios cambió todo para Ken y para mí. En general, solíamos vivir a un nivel tan bajo, que era lamentable. No sabíamos cuál era nuestro futuro o qué trabajo deberíamos tomar. Vivíamos esclavizados por las deudas, y, si llegaba la enfermedad, no sabíamos nada más que hacer que irnos a la cama y enfermarnos.
Pero, tal como dijo Jesús, mientras continuamos en Su Palabra, la verdad nos hizo libres. Nos mostró cómo asegurarnos de que nuestro futuro sea brillante y cómo tomar decisiones sabias en la vida. Nos sacó de nuestras deudas, nos hizo prosperar y nos dio la fe no solo para recibir sanidad cuando nos enfermábamos, sino también para vivir bien.
Como resultado, ¡ya no somos personas desesperadas! Tenemos el gozo de pensar en los pensamientos más altos de Dios, caminar en Sus caminos más altos y vivir en LA BENDICIÓN.
No digo que nunca tengamos problemas. Mientras vivamos en este mundo, todos tendremos problemas. Pero debido a que Jesús ha vencido al mundo y nosotros estamos en Él, podemos hacer lo que Él dice y triunfar sobre los problemas. Podemos salir de ellos sin rasguño e intactos porque vivimos en el sistema de LA BENDICIÓN.
Uno de los libros de la Biblia que establece ese sistema con claridad es Proverbios. La palabra proverbios en hebreo significa “algo con lo que gobernar o reinar sobre tu vida.” Es la misma palabra usada en Génesis 1:18 que dice que Dios puso luces en el cielo «para que reinaran en el día y en la noche».
Cuanto más honramos a Dios gobernándonos o reinando sobre nosotros mismos de acuerdo con Sus principios, mayor el acceso que tiene Él a nuestras vidas y mayor lo que puede hacer por nosotros. Entonces, si estás impaciente por disfrutar lo mejor que Él tiene, Proverbios es un buen libro de estudio. No tiene pelos en la lengua. Dice: “Haz esto… y serás BENDECIDO. Haz aquello… y serás maldecido.”
Confieso que hace muchos años solía tener un poco de miedo cuando leía esas cosas. Me parecía que, en algunas áreas, hacer lo que Dios dijera podría costarme. Por ejemplo, cuando Ken y yo vimos en Proverbios 22:7, que: «los deudores son esclavos de los prestamistas.» y que no debemos tener: «deudas con nadie, aparte de la deuda de amarse unos a otros» (Romanos 13:8) me pareció que era como estar condenados.
No podíamos imaginarnos en lo natural cómo podríamos arreglárnoslas sin pedir dinero prestado. Pero Dios nos dio la valentía de obedecerle de todos modos. Nos comprometimos a vivir un estilo de vida libre de deudas, y fue para nuestro bien.
La Palabra de Dios siempre sigue el mismo patrón. Nunca debes tener miedo de hacer lo que Él dice. Todo lo que Él te dice que hagas surge de Su amor por ti y de Su deseo de BENDECIRTE.
Es más, Su Palabra es Su sabiduría, ¡y Su sabiduría funciona! «Con sabiduría, el Señor fundó la tierra» (Proverbios 3:19), de modo que cuando operamos en Su sabiduría, la tierra responde. Hará por nosotros lo que Dios originalmente la creó para hacer, lo cual era producir libremente todas las cosas que el hombre necesita para vivir en el bienestar de Dios.
No es de extrañar que Proverbios 3:13 diga: «¡Dichoso el que halla la sabiduría»
«Con la mano derecha ofrece una larga vida, y con la izquierda ofrece riquezas y honra. Sus caminos son un deleite, y en todas sus veredas hay paz. La sabiduría es un árbol de vida para los que echan mano de ella; ¡dichosos los que no la sueltan!» (versículos 16-18).
¡Eso es maravilloso! La sabiduría de Dios es «un árbol de vida». Ese es el árbol que Dios plantó en el centro del Jardín del Edén. Adán y Eva nunca comieron de ese árbol, pero como creyentes nosotros podemos hacerlo. Podemos participar de ella escuchando la Palabra de Dios y obedeciéndole.
Podemos caminar en sabiduría divina, vivir como el hombre fue diseñado originalmente para vivir y, en lugar de sobrevivir de milagro en milagro, podemos vivir todos los días en LA BENDICIÓN de Dios. V
Puntos clave:
- LA BENDICIÓN ha sido el plan de Dios para Su pueblo desde el Jardín del Edén. (Génesis 1:28)
- Adán y Eva no necesitaron milagros en el Edén porque todo era bueno. (Génesis 1:31)
- Cuando Adán y Eva pecaron le abrieron la puerta a la maldición, la cual incluye todo lo malo, pero Jesús nos ha librado de la maldición y restauró LA BENDICIÓN. (Gálatas 3:13-14)
- La salvación que Jesús nos proporcionó no solo incluye el perdón de los pecados y la eternidad en el cielo: por definición, la salvación incluye la preservación, la liberación material y temporal del peligro y la aprehensión, la salud, la restauración, la solidez y la integridad o plenitud. (1 Tesalonicenses 5:23)
- La clave para vivir en LA BENDICIÓN es aprender a pensar como piensa Dios y caminar en Sus caminos. (Isaías 55:8-9)